llibret 2010
José Ferrándiz Torremocha.
ARTICULOS de José Ferrándiz Torremocha.
Cuento foguerer. EL PRIMER DOLOR.
Revista El Tío Cuc. Año 1933.
Es la noche de la plantá y en todos los distritos, casi en todas las calles, la gente invade calzadas,
aceras, hasta el propio terreno donde ha de instalarse la foguera.
Los personajes de ella, els ninots, esperan el momento de su consagración, es decir, el preciso instante
que el artista creador de esas anatomías de madera y cartón, las aúpe hasta el lugar de su emplazamiento.
Mientras, aguardan recostados en cualquier quicio, sobre la primera esquina que ofrece el apoyo de un ángulo.
Hay un ninot que destaca sobre los demás. Es una jovencita, de cara aterciopelada, de busto escultórico...
Un poco libre, porque así plugo al artista que la dió vida, tiene caído uno de los tirantes de su camisilla
sedeña y un seno, pequeño, enhiesto, rosado, rematando su gracia incitante en una pequeña fresa,
apetitosa y golosa... Más abajo, allí donde acaba la camisita, una leve sombra, simula el nido de amor,
recoveco donde todas las ardentías mueren, talismán que mueve las más poderosas fuerzas de la vida y
de la ambición, y luego la gracia estatuaria de sus piernas rotundas, breves y bellas. Es una mujer deliciosa
de líneas y atrozmente incitadora.
Un mozalbete curioso la admira, un poco apartado de ella, y siente que se alborota su pecho y, a veces,
que se le nubla el entendimiento. Llega hasta perder el control de sí mismo, de sentir mareos...
ĦQué bella mujer esta de la foguera!...
Un operario se la lleva en un abrazo un tanto brutal, sin emoción y sin delicadeza para aquellas formas
que el mocito besaría y reverenciaría con unción. Ya está la muchacha arriba del pedestal, entre un viejo
sátiro que la devora con la vista, que tiende hacia ella sus garras lujuriosas.
El mocito enamorado siente que su sangre se rebela y, de poder, a puñetazos libraría el bello cuerpo de
toda profanación...
Todos los días, citas fantásticas, acude a la foguera a verla y, cuando nadie puede oirle, la dice sus
madrigales, deshoja para ella sola los piropos más encendidos, enviándola besos callados, los más intensos...
Una noche después, la de la crema, acude también el mocito soñador, el hombre que ya despierta fogoso y bravo...
Lleva decidida su actitud. Aquella mujer, la primera que ha sabido alborotar su sangre y su corazón, no
morirá en la hoguera. Aquellos senos tan bonitos, tan ufanos de su belleza no deben ser besados por las llamas.
Y cuando suenan las doce y una ráfaga de fuego inicia el momento sagrado de la combustión, y las llamas
ansían llegar al cuerpo estallante de juventud de la muchacha, el mozalbete, enloquecido, como una tromba,
se lanza entre el fuego y llega hasta la muchacha, forcejea para arrancarla del madero que la retiene... y no
puede más porque el fuego y el humo y su propia emoción, le vencen en un desmayo.
El espanto sacudió a los miles de espectadores que, ahora, rodean al pobre enamorado que es llevado donde
han de socorrerlo, y comenta el gesto altivo del muchacho. Mientras. el fuego ha poseido ya a la muchacha,
llevándosela convertida en ceniza y chispas hasta el no ser...
El mozalbete, lucha aún por desasirse de sus salvadores. Dirige una última mirada a la hoguera en busca de su adorada...
- No está allí ĦLa he salvado, la he salvado!... grita, y se entrega confiado a su ilusión...