llibret 2008
Ocho décadas de fogueres.
UNA RECOPILACION DE HOMBRES DE LAS HOGUERAS.
Emilio Chipont.
Revista oficial de Hogueras de San Juan. Núm. 39, 1978.
Si tuviéramos que atenernos a recopilar en amplia relación la nómina de
alicantinos, o residentes aquí, que han colaborado en nuestras populares
hogueras de San Juan, sin duda que el trabajo resultaría largo y prolijo.
Porque ¿quién de una u otra manera, no ha puesto su granito de arena en
pro de las fiestas populares del fuego?.
Si estuviéramos obligados a crear aquella nómina, tendríamos sin duda
que comenzar por los “foguerers” de postín; en este caso aquel prestigioso
médico, que ocupó diversos cargos en la comisión festera de la plaza de la
Reina Victoria, hoy Calvo Sotelo, juntamente con el famoso abogado del
Estado, don Juan Martínez Blanquer. El Doctor don Angel Pascual Devesa
fue muy notable presidente de una Gestora de Hogueras.
También fue foguerer de postín, y presidente de diversas comisiones de hogueras, don Manuel
Pérez Mirete, fundador de la Academia de Derecho que llevó su nombre, y muchos años Decano
del Colegio de Abogados de nuestra capital.
El activo promotor de veladas boxísticas Emilio Hernández, ocupó la
presidencia de la comisión de Alfonso el Sabio en diversas ocasiones, Y
con el realizó varias veces el “llibret” del mismo distrito don Rafael Quilis
Molina, muchos años decano de los periodistas alicantinos, director de “El
Tiempo” y redactor y corresponsal de diversos órganos de información
locales y nacionales.
¿Y aquel ya legendario José Moscoso Sellers que en Benito Pérez Galdós
fue un artífice en organización y métodos festeros?. El “Chato Estrada”,
barbero de la calle de Pablo Iglesias -hoy Onésimo Redondo- organizó con
el periodista José Ferrándiz Torremocha, uno de los primeros homenajes a
los niños de la Beneficencia, que es como se conocía entonces a los
pequeños acogidos en el hoy Hogar de José Antonio afecto a la Diputación
Provincial. El acto lo organizó la comisión legendaria también de “Alfonso
el Sabio, Quintana y Travesías”, Francisco Casa, el castizo confitero de la
calle de Alfonso el Sabio, regaló las noventa bolsitas de caramelos para
los niños de aquel centro benéfico. La merienda se ofreció a los
pequeñuelos en un improvisado comedor que montaron los vecinos de la
calle de Berenguer de Marquina, que en los años treinta y tantos era un
oasis de paz, sin ruidos, humos, ni tráfico de vehículos.
La gente recuerda a menudo con simpatía a aquel buen agente comercial
y contable que fue don Francisco Zaragoza Onofre,
comisionado de la
calle de Calderón de la Barca, que también fue -creo que por un año que
resultó brillante- presidente de la Gestora de Hogueras.
No sería justo olvidar la ejecutoria fogueril de don Ramón
Guilabert y don José Roméu. ¡Aquella tertulia de pontificado
festero del Café Colón, con los dos citados, Valcárcel. Enrique
Ibáñez, Jaime Ayala, y el inolvidable Enrique Cremades que fue
propietario y director del Colegio de San Luis Gonzaga...!
En el distrito de Gabriel Miró -un recuerdo para el paseo del Chanco- don
Sebastián Cortés Sevilla y los señores Estela, Rodes Fajardo, Pascual
Martinez Amérigo y Juan Ramón Sarrió.
Carolinas Altas tuvo muy importantes nombres en los anales de la “festa
mes hermosa”: don Juan de Dios AguiIar, en otra hora director de Radio
Alicante, notable crítico musical, que dejó desperdigada por muchos
“llibrets” su labor literaria en torno a temas netamente alicantinistas; y los
señores Gregori, San Juan, Sirvent, y otros que escapan a nuestra
memoria. Foguerer castizo y hombre afable donde los hubiera, lo fue don
Carlos Torres Estivi, que también ocupó una presidencia de la Gestora de
Hogueras. Su hijo Carlos Torres Marín, ocupó también cargos en la
Gestora, Miguel Castelló Villena, que fue secretario de la Gestora y es
autor de dos libros sobre la fiesta: uno de los cuales es “Artistas de las
Hogueras de San Juan”, que editó el Ayuntamiento de la Capital.
Gaspar Tato Cumming, el glorioso escritor alicantino, estando fuera o
dentro de España, siempre envió bonitas cuartillas de evocación o
recuerdo de su ciudad a los “llibrets” y a la revista Oficial de hogueras.
Tato fue autor de un libro sobre Nueva York y otro sobre Japón muy
interesantes. Carmen Soriano, la escritora que también dejó escritas muy
bellas páginas sobre las fiestas del fuego. Como Eduardo Irles, autor de
“Romans del bon alacantí”, obra definitiva en el alicantinismo más puro.
Presidentes de la brillante historia festera de Agustín Segura, Andrés
lborra, José Garrido, Victor Serrano, Pepe González Cayuela
-extraordinario periodista, que fue secretario de le Gestora y fundador y dierctor de “Marcador”-.
Heliodoro Guillén Pedemonti, pintor y presidente de comisiones festeras. Entre los artistas:
Gastón CasIelló, Ramón Marco, Albert, Fuentes, Perezgil, Pepe Gutiérrez, Paco Hernández,
Remigio Soler, y un largo etcétera. El maestro don Luís Torregrosa García, autor de la música
del himno “Les Fogueres de San Chuan”. El “vendedor que no molesta”, Domingo Moreno,
músico espontáneo de las hogueras con su dulzaina. En otro aspecto los barraquers, hábiles
colaboradores de los foguerers: Antonio González Durá, Angel Aznar, Arecio Gómez Padilla,
Rafael Mas, Santiago Carratalá y tantos más. Quienes pusieron el aditamento folklorista y
gastronómico en la fiesta.
Un recuerdo especial para Luis Cuenca Bazaga que ha sido buen
barraquer y miembro importantísimo en el funcionamiento de una comisión
extraordinaria: la de la Tercera Edad. Que sin duda dio toda una lección de
voluntad y esfuerzo.
Finalmente un recuerdo emocional para mi padre Emilio Chipont Mongino, que fue comisionado
de “Alfonso el Sabio, Quintana y Travesías”, y un abrazo cordial para el gran amigo
que es Tomás Valcárcel, renovador de la fiesta sin que ésta
perdiera las más puras esencias de un alicantinismo a ultranza.
Sé de antemano que se habrán quedado muchos nombres en la cinta de la
máquina de escribir, pero ya advertimos al principio de la crónica que el
trabajo no podía ser completo: resultaría largo y prolijo.