llibret 2008
Ocho décadas de fogueres.

PERVIVENCIA.
Luis Calero Pérez.
Revista oficial de Hogueras de San Juan. Núm. 19, 1958.

 
Les Fogueres. (las hogueras). Corto el nombre. Grande su contenido. Larga su gestación. Efímera su vida. Nacimiento: noche del 21 al 22 de Junio. Ir y venir de obreros. Instrumental: martillos, mordazas, clavos, escaleras... trabajo incesante, cansancio, labor y dolor del parto.
 
Vida: amanecer del día 22 de junio hasta la media noche del día 24. Bullicio, jolgorio general, cohetes, tracas, morteros, castillos de fuego, música, estandartes, mujeres ataviadas con el típico traje de alicantina, barracas, bailes al aire libre, vocalistas, altavoces, cabalgatas, ofrenda de flores a la Virgen del Remedio, corridas de toros, ofrenda de la provincia a la capital, dulzaina y tamboril, danzas típicas regionales, gigantes y cabezudos, gente y más gente y alegría por doquier.
 
Muerte: el día 24 de junio; hora, las doce de la noche. Cientos de cohetes estallan al unísono en la cumbre del Benacantil, poniendo penacho de vivos colores a la cabeza del moro. La ciudad se llena del estrépito de millares de cohetes, tracas, bengalas que cuelgan sus luminarias del cielo, la noche se enciende en fuego: llamas, pavesas, cenizas.., riada, de gente alegre hacia sus hogares... silencio... nada.
 
Purificadas por el fuego les Fogueres han muerto. ¡Vivan les “Fogueres”!
 
 
Da comienzo una nueva gestación. Se desliza el tiempo en lenta sucesión. Los segundos en su discurrir se sumergen en el río de los minutos y éstos en el mar de las horas. De las cenizas de las últimas hogueras, se alza un susurro apegado, el susurro se va convirtiendo en clamor, el clamor persiste y retoña otro año de fiesta. Surge nuevo, vario, cambiante en irisaciones de un primer impulso; después de cada “crema”, parece que se borra, disminuye, desfallece, próxima a una muerte lenta, para resurgir en principio, en una polifonía de atormentados cuchicheos, de sordos zumbidos. Más tarde colosales rumores, para estallar en nueva e impetuosa aparición, haciendo posible el milagro del nacer de otras “Fogueres”.
 
Posible en virtud de una decidida y firme voluntad de prestarle nueva vida, que tiene su exponente máximo en la “Comisión Gestora”: Su alma. En los abnegados comisionados de distrito: Su corazón. En los bocetistas y constructores: Su cerebro y nervios. Y en los obreros: Sus músculos, pies y manos. Logrando que el alma de un pueblo de artistas, nacido en una explosión natural de arte, por privilegio de nuestra bahía, enmarcada por los Cabos de La Huerta y Santapola extendiendo sus brazos aprisiona el mar, para ofrecerlo, cual espejo, a la novia eterna del Mare Nostrum, Alicante, para que en él se mire, ofrendando a la par a propios y extraños la maravilla de su cambiante de colores y el encaje de la espuma de sus olas, unidos al azul incomparable de nuestro cielo y la luminosidad sin igual de nuestra Ciudad, cambie ese arte sin dejar de ser exquisito en elemento popular, pan dar señorío a su fiesta anual.
 
Y unidos: Comisión Gestora, Comisiones de Distritos, bocetistas, constructores, obreros y pueblo, con paso seguro y firme, no ceden ni un ápice del terreno conquistado en su férrea campaña en pro de Alicante y de sus “Fogueres de Sant Joan”.