llibret 2008
Ocho décadas de fogueres.

LA BARRACA EN LA FIESTA.
Antonio González Durá.
Revista oficial de Hogueras de San Juan. Núm. 29, 1968.

 
Desde aquel ya lejano año 31, en que se plantara la primera de las Barracas en nuestra fiesta de San Juan, hasta nuestros días, mucho se ha dicho y comentado en torno a las mismas, con los más variados y dispares comentarios, sobre la irrupción de éstas en nuestros simpar festejos Sanjuaneros.
 
Este modesto artículo no está hecho con el propósito de salir en su defensa, mas sí, con la autoridad que me da el haberlas representado durante ocho años en el seno de la Comisión Gestora, pregonar a los cuatro vientos algunas de las bellas cualidades que las adornan, ya que hablar de perfección jamás me atrevería, ni mucho menos.
 
De lo que no hay duda es que es una cosa tan nuestra, tan alicantina, tan salida de nuestro Alicante, que ya con ello creo merecen una consideración y un respeto que muchos les niegan.
 
La Barraca no es, no puede ser jamás un enemigo de la fiesta, en primer lugar porque es un compendio de ella, va unida a la misma y ha cimentado raíces tan profundas que es cual cuerpo y alma inseparable de sus madres, las Hogueras.
 
Ahora bien, siempre hemos abogado por una reglamentación justa y ecuánime, pues en tiempos pasados jamás hubo forma de encauzarlas por unos derroteros de comprensión, hasta que al fin, el hombre que rige hoy los destinos de nuestras Hogueras al frente de la Comisión Gestora de las mismas, encontraba el camino de una unión y confraternidad, que aunque con sus hoy aún defectos va adquiriendo una propiedad que les corresponde por sus largos años de existencia.
 
Han sido varias ya las Barracas, que ante la imposibilidad de plantar en el ejercicio Hoguera en su demarcación, se han hecho cargo de ella, plantándola con todo decoro, incluso superando años anteriores en todos sus aspectos. Han apodado Carrozas a las distintas cabalgatas al cuadro de Actores de Hogueras. Organizado festivales, exposiciones y como capítulo obligado por imposición nuestra todos los años obsequian con alegría y emoción a los niños acogidos en el Hogar José Antonio y a los ancianos del Asilo de las Hermanitas de los Pobres.
 
Y yo me pregunto, ¿pueden ser estos hombres detractores de una fiesta a la que aman y quieren con todo su corazón?.
 
Cuántas y cuántas personalidades de los distintos ámbitos políticos, culturales, artísticos, incluso de la alta sociedad española, han pasado por ellas, confundidas con toda clase de gentes de este pueblo laborioso y “fester” que es el alicantino, y de todas ellas podríamos decir y narrar las más diversas anécdotas y encendidos elogios a las mismas, reconociendo públicamente lo que nosotros mismos, los que debíamos sentir orgullo, nos empeñamos en detractar.
 
Ya es hora que unamos nuestros esfuerzos y tanto Hogueras como Barracas sean para nosotros, los alicantinos, las primeras, como las Madres con su regazo dispuesto a que en ellas puedan apoyar su cabeza esas Barracas, que las idolatran como cualquier hijo a quien les dio el ser.