llibret 2008
Ocho décadas de fogueres.
HASTA SIEMPRE, ALFONSO.
José Manuel Lledó Cortés.
Hace dos años, para la edición de les Fogueres de 2006, se me ocurrió la
idea de dedicar nuestro Ilibret de ese año a Alfonso Garrigós. Cuando
expuse el proyecto a mis compañeros de comisión la aceptación del
mismo fue unánime. A quién mejor podíamos ofrecer dicho privilegio,
teniendo en nuestra propia casa al decano de los Foguerers en activo. Si a
todo ello sumamos sus 65 años de pertenencia a nuestra comisión, la de
Calderón de la Barca-Plaza de España, sus 30 años como Presidente de
la misma o los 15 como componente de la Comissió Gestora, encontramos
sobrados e importantes méritos para sustentar tal decisión. El elegir dicho
momento fue para obsequiar a quien el 1 de agosto de ese mismo año iba
a cumplir noventa años apoyado en mi personal opinión de que los
homenajes hay que hacerlos en vida con la finalidad de que el
homenajeado, en mayor o menor medida, pueda disfrutar del mismo. Creo
que los principales objetivos se cumplieron plenamente pues me consta,
porque así se lo transmití yo mismo, que Alfonso fue consciente en todo
momento del detalle que le ofreció su comisión de toda la vida.
Pasado algún tiempo, en esta ocasión la ciudad a la que tanto amó,
decidió rendirle el que fue su último homenaje inaugurando por parte del
Excmo. Ayuntamiento con la presencia de la máxima autoridad municipal,
así como del resto de la Corporación, una calle que para siempre llevará
su nombre. Fue el 14 de diciembre del pasado año en el Castillo de Santa
Bárbara que contó con su inestimable presencia siempre respaldado por
su familia y su Foguera. También debemos congratularnos todos de que
pudiera disfrutar en vida de este último reconocimiento.
Y ese fue con toda seguridad su último acto de carácter oficial ya que, tan
sólo unos meses más tarde, el miércoles 27 de febrero de 2008 la vida de
Alfonso se apagaba cual el fuego de una Foguera tras una brillante y
luminosa cremá, tras una vida intensa dedicada por entero a aquellos
pilares que siempre le mantuvieron como fueron su trabajo, su familia, su
ciudad, su Fiesta y sus amigos.
Han sido cerca de 30 años trabajando a su lado en los que siempre he
intentado aprender de su sabiduría y bondad, de su dedicación y
honestidad así como de otras muchas de las virtudes que el bueno de
Alfonso fue atesorando con el paso de los años y que todavía conservaba
en la recta final de su existencia como pude comprobar con certeza en los
que fueron nuestros últimos encuentros.
Por todo ello, quisiera que estas líneas que fluyen desde lo más profundo
del corazón sirvan como último homenaje a un hombre del que lo mejor
que se puede decir es que fue una buena persona y eso en los tiempos
que corren significa mucho. Estoy seguro de que durante los días de
Fogueres nuestro querido Alfonso disfrutará de la Fiesta que tanto quiso y
por la que tanto trabajó desde el lugar de privilegio que realmente merece
y desde el que a buen seguro nos seguirá con su paternal mirada.
Hasta siempre, Alfonso.