llibret 2008
Ocho décadas de fogueres.

ESCRIBO... 60 AÑOS.
Raúl Alvarez Antón.
Revista oficial de Hogueras de San Juan. Año 1988.

 
60 años. Así. Tal y como se escribe. Y lo he escrito recreándome placentera y emotivamente en la sinfonietta de sus minicurvas, cual el deportista saborea la victoriosa arribada a su meta. Al trazar el seis y a poco el cero, que configuran algo más de medio siglo de la historia de nuestra fiesta de les fogueres de Sant Joan, pienso -certero estuvo quien dijo, luego, existo- que estamos todavía en la edad joven de los proyectos y existimos para ello, para lograr que lo que en 1928 fuera una semilla óptima de fiesta, alcance esa lejana aún, pero próxima por pasión, cosecha de los laureados triunfos.
 
Quedaron atrás sus balbuceos, no tímidos porque había sangre de valientes, pero sí dudosos, por el característico sambenito de la apatía, con que se nos marca a los nacidos acá. Y la fiesta fue tomando color y vida al socaire de los bien nacidos en las cuatro calles de cada barriada.
 
Porque fueron ellos, los que pecharon con sus dificultades y unieron sus renombres a los nombres y juntos marcharon por la senda del alicantinismo y la convivencia festera entre los hombres de buena voluntad.
 
Y cada cual aportó sus ideas, sus ganas, sus tiempos, sus ocios, y su amor a la terreta, para año tras año hacer realidad la noche de San Juan, que todavía y por siempre, conocemos tras los 60 años de su alumbramiento.
 
No importa que nos tildaran de ”monos de imitació” y nos reflejaran como a simio de cartón y albayalde en latitudes vecinas, de quienes indefectiblemente copiamos el invento. Posiblemente ello espoleó el orgullo, a los nuestros, y estos procuraron a lo largo de su andadura, incrustarle ingeniosamente variantes festeras, que paulatinamente las distanciaron, aún partiendo de un punto común.
 
Y les fogueres de Sant Joan, las fiestas de Alicante, tienen ente propio, con una serie de aditamentos felices, que cada día ofrecen subyugantes innovaciones que la hacen ser, sin que nos ciegue la pasión, incomparables en todos los sentidos artísticos, sociales y humanos.
 
Hoy cumplimos 60 años. Joven edad para forjar ilusiones futuras que hagan realidad en nuestras calles, los hombres y mujeres del mañana. Como lo hicieran y siguen haciéndolo los hombres y mujeres de ayer y de hoy. Lástima es que no todos se concienzan de su misión alicantinísima y cierren las puertas que debiera estar abiertas de par en par, durante todo el año festero.
 
No importa. Pecado llevan en su conciencia quienes así se comportan con los corajudos foguerers, Que una llama en San Juan obre el milagro de purificarlos y ganarlos para la fiesta. Serían a no dudar más felices, y ˇcómo no! más alicantinos.
 
ˇFiesta de les fogueres!. Hoy la juventud te va comprendiendo, no sólo en su aspecto lúdico que más adeptos tiene, sino en su interno laborar e intenso padecer. Las comisiones de las hogueras, van recibiendo en estos últimos tiempos las aguas entusiastas de ese río juvenil, que llega a la fiesta ávido de felicidad, de confraternizaclón, de alegría, de protagonismo, de amor a esta tierra o que le vió nacer o que le acogió generosamente.
 
60 años. Y la fiesta no envejece, retando a la lógica de las calendas, porque cada año, cada día, tiene un nuevo soporte humano renovado felizmente, y hermanado con el veterano, que modera, ordena y acomoda ímpetus logrando una sinfonía de ideas y posturas que favorecen el esplendor de la fiesta.
 
Han quedado atrás años de monotonía en la programación. Han quedado atrás las muchas veces infructuosas gestiones para la participación de la mujer.
 
A ella, le quiero rendir mi tributo de agradecimiento. A tí, Belleza, a ti Dama de Honor, que hoy sientes orgullo por ser y vivir con nuestra fiesta. A ti que sonríes y lloras porque amas la fiesta. Yo también lloro contigo cuando sientes la emoción de sentir tu banda sobre tu tibio pecho y cuando nos dices ese adiós que no me creo en tus despedidas anuales.
 
Yo os he visto durante 45 años, guapísimas, nerviosas, sonrientes, llorosas, enrabietadas, alegres, eufóricas, victoriosas, semivencidas, en los escenarios de vuestra aspiraciones máximas. Mi profesión me ha permitido vibrar con vosotras en esas noches de sueños dorados. Cuarenta y cinco años, en los que me hubiera gustado dar el nombre de todas vosotras como vencedoras rotundas, para que todas hubiéseis sido felices en ese momento. Pero...
 
Hoy al cumplir nuestra fiesta de “les fogueres de Sant Joan”, 60 años, rindo tributo de memoria a tantos y tantos hombres de ellos y de ellas que tanto hicieron por la fiesta. Y pienso que todavía quedan nombres vinculadísimos a su historia, a los que no se les agradeció cuanto por ella hicieron.
 
Hoy quemaremos las hogueras como es obligado hacerlo. Mañana no quedarán en las calles ni las cenizas. Sólo la huella negroide de la fogata. Basta. Lo importante es dejar huella. Y las Hogueras la dejan. En la calle y en el corazón de quienes la viven con nosotros y aún en nosotros mismos... de siempre.