llibret 2003
La llave de todas las Fiestas de nuestro Alicante.

MOROS Y CRISTIANOS.
 

 
Guerra para una paz. Con esta aparente paradoja ha definido el antropólogo José L. Bernabeu la fiesta de Moros y Cristianos. Y resulta tangible cómo en tales celebraciones se escenifica -desfiles, embajadas, alardos- una confrontación histórica desarrollada durante tres o cuatro días en medio siempre de la gozosa fraternidad que anima a los bandos contendientes, unidos ambos -según los programas oficiales- por el espíritu común de honrar el santo patrón o patrona de la localidad, acreedores de alguna milagrosa intervención. Se trata de la fiesta más extendida en nuestra Comunidad y, por supuesto, en los pueblos de L’Alacantí. Citando a la capital en primero lugar, la existencia de fiestas o simulacros de Moros y Cristianos aparece bien documentada en los siglos XVI, XVII y XVIII.
 
 
Renace la fiesta alicantina en el barrio de San Blas, en 1942, autentificándose como tal en años sucesivos y emergiendo a su estela las de Altozano en la década de los cincuenta, Villafranqueza, en el límite de la etapa que estudiamos, como también sucede con las de San Vicente del Raspeig. Próximas a la fecha marcada pero fuera de esta, surgirán Moros y Cristianos, en los barrios Ciudad de Asís, José Antonio, San Agustín, San Gabriel, Garbinet y más tarde El Rebolledo.
 
 
El Alcalde Lasaletta quiso recuperar Moros y Cristianos como fiesta de toda la ciudad en el invierno de 1981, pero el generoso intento no pasaría de 1989. La fiesta experimenta una notable expansión. Consecuencia de ello sería el I Congreso Nacional, Villena 1974, origen inmediato de la Unión de Entidades Festeras.