llibret 2002
Homenaje a nuestros barrios antiguos.

HOMENAJE A NUESTROS BARRIOS ANTIGUOS.
 

 
        
 
El paseo de Canalejas fue un gigantesco depósito al aire libre de bocoyes de vino dispuestos para embarcar junto a otras mercancías que facilitaba el ferrocarril. Reatas de animales de tiro y carretas vacías o repletas de mercancías, ambientaban su paisaje cotidiano. Hoy, desaparecido este uso, ofrece al paseante la sombra de su arbolado. Sobro el ángulo del muelle de costa, el monumento, dedicado por Bañuls.
 
La Explanada, antiguo punto defensivo de la ciudad, protegida por el baluarte de San Carlos, desarrolló su actual impronta apenas iniciado el siglo XIX. Cafés, fondas, hoteles y establecimientos de armadores de buques, animaron la vida de este lugar excepcional para el paseo y el ocio de Alicante. La Explanada ha sido, pues un lugar de reunión y paseo al encuentro de la brisa o del mar, conserva establecimientos de gran tradición, como la deliciosa arrocería La Goleta, el Casino de la ciudad y esa simpar terraza del Peret.
 
Realzando suelo y vuelo del paso de la Explanada, como telón de fondo, se conservan algunos edificios de indudable significado patrimonial de la ciudad. Así, el Hotel Palas, la casa Carbonell, y la Casa da Lamagniére, levantan sus armoniosas moles con los estilos de su época constructiva rivalizando mérito con otras más modernas que dan fondo a la plaza del Mar.
 
Posteriormente, ya cercano el siglo XX, fué construido el Paseo que, en un primer momento, se denominó del Postiguet para tomar casi de inmediato el nombre de su impulsor, el alcalde Gómiz. El derribo de las murallas facilitó el relleno de la zona en la que, ya en el siglo XX se construyó una amplia estación que dejó limitado el Paseo de Gomis a una franja situada entre dicha estación y la playa propiamente dicha, en la que se levantaban los balnearios, que constituyeron un elemento muy característico de la playa.
 
        
 
        
 
La mayoría de los alicantinos y de los madrileños que a la ciudad acudían en los famosos “trenes botijo” no pasaba de los nueve baños al año y tomados “de Virgen a Virgen”, es decir, del 16 de Julio, día de la Virgen del Carmen, hasta el 15 de Agosto, día de la Asunción, según aconsejaban los médicos de la época. En el Postiguet existían, desde 1864, una serie de balnearios dotados de casetas para diversos tipos de baños, gimnasio y, en algún caso, restaurante. Algunos eran fijos, “La Alambra”, “Diana” y “La Alianza”, al principio de la playa, y el “Madrid”, al final, mientras que otros siete eran montados al llegar el verano y desmontados al terminar la temporada estival.
 
        
 
La plaza de Gabriel Miró era uno de los más armónicos recintos de la ciudad, por su vecindad a la playa, recibía el nombre de Plaza de las Barcas y allí se edificó en el s. XVI el edificio del Real Estanco de la Sal que después pasaría a convertirse en lóbrega cárcel, sustituida, más tarde, por el edificio de Correos y Telégrafos. El centro lo ocupa la escultura de La Aguadora de Vicente Bañuls, erigida en 1.918.
 
        
 
El Portal de Elche se formó en el espacio libre existente al oeste de la antigua muralla de la Rambla, frente a la puerta de la ciudad, que se abría a la Carrera de Elche.
 
La Calle de Altamira, de añejo sabor, conecta con la Plaza del Ayuntamiento que era, en el recinto de la vieja ciudad el único espacio desahogado existente dentro de las murallas. En el estrecho llano disponible entre el Benacantil y el mar se apiñaban iglesias, caserones, edificios comerciales, viviendas y almacenes en desordenado conjunto que se abría al marco de esta plaza, desde la cual la comunicación con el mar, a través de la puerta del Muelle, era inmediata. En 1701 comenzaron las obras, rematadas en 1775, del actual edificio barroco-rococó del Ayuntamiento y desde 1795 se levantó frente a éste, el del desaparecido Consulado de Mar y Tierra.
 
       
 
El Raval Roig nunca llegó a estar incluido en las murallas, ya que la expansión de Alicante fue siempre hacia Poniente. Su eje principal es la calle de Virgen del Socorro. A pesar de ser ellos los que pusieron a la ermita el título de Nuestra Señora del Socorro, durante algún tiempo permaneció la primitiva advocación en legua materna de la Mare de Deu del Lluc, por la imagen que allí se veneraba. Gentes arriesgadas, fueron muchos los que abandonaron la pesca de bahía, para enrolarse en embarcaciones de la Vila o El Campello y faenar en los caladeros africanos.
 
El emplazamiento de la actual ciudad de Alicante hunde buena parte de sus raíces históricos en las laderas del cerro del Benacantil, frente al Mediterráneo. Allí, primero la Medina islámica y, más tarde, la dudad cristiana desarrollaron su caserío trepando por la roca en busca de la fortaleza y aislándose, mediante un lienzo de murallas, de los peligros de un mar incontrolable. La Edad Media alicantina, y la Moderna, se encuentran por lo tanto escritas en el pino callejero que arranca de la actual calle Mayor y la Rambla. A la vieja ciudad originaria, hoy la despachamos los alicantinos con un nombre genérico que se ha hecho propio: el Barrio, como si fuese el único que se asienta en la ciudad, como si no englobase realidades distintas, Santa Cruz, San Roque...
 
        
 
La Rambla limitada por el Este el núcleo centroal de negocios de la “City” alicantina, del que su arquitectura denota especial voluntad de representación, con estilos variados que abarcan desde hermosas fachadas neoclásicas, de la primera mitad del siglo pasado, hasta los más actuales, modernistas, historicistas y racionalistas, sustituidas ocasionalmente por nuevas construcciones, así mismo constituye un eje fundamental de las comunicaciones norte-sur de la ciudad, enlazando la zona del puedo y la Explanada con los barrios septentrionales.
 
        
 
Las avenidas de Gadea, Soto y Marvá, este conjunto urbano responde como pocos al espacio de la dudad nueva en la que el diseño, el planteamiento y el desarrollo del ensanche alicantino posibilitó. Lo forman arterias que se planean para conectar el viejo callejero de la ciudad intramuros con las ampliaciones del siglo XX.
 
En la actualidad, desplazado el centro financiero y de negocios de la ciudad hasta aquí, las grandes superficies comerciales y la propia ordenación del tráfico han facilitado la instalación de gran número de nuevos establecimientos especializados, que añade a estas calles y sus aledañas un concurridísimo movimiento de personas, sometido a las carencias de los horarios comerciales de la zona.
 
        
 
La avenida de Alfonso el Sabio es el límite norte de la ciudad, encerrada por la antigua muralla. Derribada ésta, los proyectores del ensanche trazaron sobre el papel una espléndida vía que, desde su arranque en la excepcional plaza circular de Los Luceros, se empotra en el Benacantil.
 
La Plaza de Los Luceros supone una encrucijada de armoniosas proporciones en su diseño original, conectando las calles abiertas tras el derribo de las murallas. Una vez definida se remató con un monumento del escultor local Daniel Bañuls, que en 1931 inició los trabajos de la fuente.
 
Como en aquellas ciudades, a las que la llegada del ferrocarril posibilitó nuevos desarrollos urbanos, el Camino (o Avenida) de la Estación inicia un proceso constructivo en el que la anchura de las calles indican el nuevo impulso que la ciudad pretendía encontrar. Aquí, nos encontramos en el lugar apropiado para el establecimiento de edificios capitalidad otros para las nuevas necesidades litúrgicas o educativas como Salesianos, Maristas y la Excelentísima Diputación provincial, construida por Juan Vidal Ramos, notable obra de su característica.
 
Vista del barrio de Benalúa.
En primer término, casa en la que vivió la familia Gabriel Miró.
 
El barrio de Benalúa, debe su construcción a la iniciativa de la sociedad anónima denominada “Los Diez Amigos”, integrada por señores pertenecientes a la burguesía local, los cuales concibieron la idea de edificar una barriada en las inmediaciones de la capital.
 

La Plaza de Benalúa, dedicada a Don Carlos Navarro Rodrigo,
en una imagen de primeros de siglo.

En la barriada se construyó un templo de bella traza, dedicado
a San Juan Bautista. Los planos fueron redactados por el arquitecto Don José Guardiola.
 
        
 
Campoamor ya no es el paseito arbolado de otros tiempos, presidido por la melancolía y solitaria efigie del gobernador. Hoy es un excelente anticipo culinario de los alicantinos, donde, al mejor precio posible, además, uno puede salir vestido de arriba abajo con las mejores galas, observar una luminosa perspectiva del Benacantil.
 
El Carrer dels Arbres, la Calle San Vicente, es la calle en la que muchos reverdecen aún el recuerdo de las adolescentes noches de verano.
 
        
 
Como final la Plaza de España y la Calle Calderón de la Barca, calles fundamentales también en la historia de nuestra ciudad y que dan nombre a nuestro querido distrito.