llibret 2001
Distrito y Plaza.
DISTRITO Y PLAZA.
La Plaza de España, vinculada a los cosos taurinos de Alicante, con el paso del
tiempo ha encontrado frondoso valor ornamental en la magnífica competencia
entre araucarias, palmeras, pinos, yucas y jacarandas que casi ocultan la grácil
alegoría del foguerer labrado por J Gutiérrez.
La vieja parada de término del tranvía de San Vicente perdura en el flujo del
autobús metropolitano de la Universidad de Alicante y el jardín románico de la
Plaza de Santa Teresa conserva el recuerdo del misericordioso Trino González de
Quijano, samaritano ejemplo de autoridad, sucumbida ante el estrago de una
epidemia de cólera en el paso del siglo.
Apenas separado por el flujo del tráfico está el antiguo Hospital Real, caserón
que alberga hoy moral y espíritu de los herederos de Ahumada.
La calle Calderón de la Barca, la principal de nuestro distrito, a principios del siglo XX.
El fervor por la fiesta de toros está plenamente consolidado en la mayoría de los
habitantes de la comarca. Tan es así que los espectáculos de toreo cuentan con
edificio propio. Lejos ya los tiempos en que los ciudadanos se entregaban a las
emociones no exentas de riesgos gozosamente asumidos, de las manifestaciones
populares de “bous de corda”, “el pelele”, “bous al carrer” y otras variantes de la
milenaria amistad del hombre y el toro. En improvisados cosos -Plaza de las
Barcas o la Fonda de San Francisco-, llegaron a hacer el paseíllo diestros de
tanta fama como Pedro Romero, Pepe-Hillo, Montes y Cayetano Sanz. Pero
Alicante precisaba de un verdadero coso y a su consecución se puso el mejor de los empeños.
La primera plaza, de madera, se construyó en el paraje del “Barranquet”, hoy
Plaza de Ruperto Chapí, en los aledaños de lo que es el Teatro Principal. Contaba
con una capacidad de cinco mil localidades. En 1840, dada la mala calidad de la
obra, dejó de utilizarse. Ya en 1849 se inauguraba la ubicada en los aledaños de
nuestro distrito, con un aforo de diez mil asientos, que sería la base de lo que disfrutamos hoy día.
El veterano maestro Cayetano Sanz y Manuel Díaz “Lavi” fueron los encargados
de la lidia de nueve toros en la tarde inaugural.
Sin embargo, hacia 1885 se observan defectos de importancia y se clausura el
edificio durante los dos años siguientes, en tanto se llevan a efecto obras de
ampliación, consolidación y embellecimiento.
Mientras, para los aficionados no se quedaran sin su espectáculo favorito, en San
Juan funcionó, con tres mil asientos, una plaza que tuvo efímera vida.
Si Rafael Molina “Lagartijo” y Salvador Sánchez “Frascuelo” habían llenado lo
mejor de los primeros años de la plaza, sería Rafael Guerra “Guerrita” quien
colmara, junto a Manuel García “Espartero”, Mazzantini y Antonio Fuentes, los
últimos años de la centuria, desde la reinauguración de lo que hoy es la Plaza de Toros de Alicante.
"Guerrita" - 1887
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Era la tarde del 15 de junio de 1888. Para el 16 y 17 del mismo mes se lidiaron
toros de Antonio Miura y de Antonio Hernández. Actuaron los mismos toreros,
excepto que en la tercera tarde “Guerrita” fue sustituido por Rafael Sánchez “Bebé”.
El cartel inaugural, con toros de Veragua, lo formaron "Lagartijo", Juan Ruiz "Lagartija" y "Guerrita".
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Cartel en que se anuncian los famosos "Gallito" y "Espartero", con la organización de Especta-Club, empresa alicantina.
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Cartel de la corrida organizada con motivo de la inauguración oficial de Aguas de Sax.
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La etapa finisecular presenta el nombre Julio Martínez “Templaito” quien, con
buen cartel como novillero, tomó la alternativa el 29 de junio de 1904, con el
toro “Canastillo”, de Vicente Martínez. Es el primer torero alicantino.
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Cartel de la corrida de toros con asistencia de su majestad el Rey D. Alfonso XIII y demás séquito que le acompaña.
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Suenan los nombres de Ricardo Torres “Bombita”, “Machaquito”, Vicente Pastor
“El Gallo” y Gaona, a los que sucede la espléndida Edad de Oro, con Joselito y
Belmonte, quienes contaron con los consabidos grupos de “istas” entre la afición alicantina.
A partir de 1924, los alicantinos se entusiasmarán con su paisano Angel Celdrán
Carratalá, novillero de amplia proyección nacional. Los bien fundados augurios
sobre las posibles toreras de Carratatá quedaron trágicamente truncados en Inca, el 30 de julio de 1929.
La guerra civil supone la casi absoluta suspensión de festejos. En 1939, con el
final del conflicto se reanudan las corridas de toros. Es la etapa que llena Manuel
Rodríguez “Manolete”, o quien el cronista Ricardo García K-Hito, alicantino de
adopción y devoción, denominó “Monstruo” en la Feria de 1.943 ante las grandes
faenas que el cordobés llevo a cabo ante toros del Conde de la Corte.
Por Alicante comienza a sonar el nombre de Paquito Esplá, alegre y bullidor, que
hace renacer tibias esperanzas. Es todo un precursor de lo que vendrá en la
década de los cincuenta, cuando Vicente Blau “El Tino” y Francisco Antón
“Pacorro”, barrios de Santa Cruz y San Blas frente a frente, y con el interés de
buena parte de la gente, se dispongan a tomar decisiva parte en el alboroto que
se forma en el cotarro taurino.
Aspecto exterior de la Plaza de Toros de Alicante, engalanada con motivo de la alternativa del
torero alicantino Vicente Blau "El Tino", en 1957.
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El popular "Nilo de la Cartelera" mostrando el cartel de un mano a mano entre "El Tino" y "Pacorro",
ante la fachada del desaparecido cine Capitol.
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Alternativa de JoséMari Manzanares el 24 de junio de 1971, de manos de Luis Miguel Dominguín.
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La rica siembra de “El Tino” y “Pacorro” devendrá en fructífera cosecha de
nombres que alcanzarán reconocido cartel y recibirán la alternativa.
En la etapa de los sesenta, el máximo representante es Manuel Benítez “El
Cordobés”, personalidad de arrolladores matices. En la década de los setenta
aparecen nuevos nombres como Francisco Rivera “Paquirri”, Dámaso González,
“Niño de la Capea” y Julio Robles. En Alicante, entre la devoción de los
Alicantinos, se doctora José María Manzanares en 1.971 como segura promesa
de gran figura del toreo. De entre la novillería comienzan a destacar los
hermanos Esplá, Luis Francisco y Juan Antonio.
El paseíllo de las guapas.
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La Comisión Gestora de 1.954 en los toros.
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Es indudable que las Hogueras de San Juan han supuesto mucho en el mundo
taurino de nuestra “terreta”. El mundo del toro y el mundo de las Hogueras se
entrelazaron en aquellas corridas goyescas patrocinadas por la Comisión Gestora
de “Les Fogueres de Sant Joan”, cuando la presidía Tomás Valcárcel Deza. Desde
entonces y hasta ahora no podrían concebirse unas fiestas de hogueras en
plenitud si faltasen las tradicionales corridas de toros.