llibret 2000
IV Centenario de D. Pedro Calderón de la Barca.

UN TRIUNFADOR DE LA INDUSTRIA DEL OCIO.
 
Calderón dominó la escena comercial de Madrid, contó con subvenciones oficiales en varias ciudades españolas y sus obras se aplaudieron desde Viena a Lima e hicieron escuela en París y Roma.

 
Cuando calderón llega al mundo del teatro, encuentra un complejo mecanismo de producción (corrales y casas de comedias, compañías, público...), una intersa actividad económica, una auténtica industria del ocio y la cultura levantada desde la nada por la generación precedente. Dramaturgo precoz, se incorporó rápidamente a la escena comercial; pero contó también con el apoyo, las “subvenciones”, las posibilidades que le brindaba el teatro financiado con tondos públicos. Buena parte de sus comedias se escribió y representó en Palacio. Los autos sacramentales se crearon en su mayoría a instancias del Ayuntamiento de Madrid y con la aquiescencia de las autoridades eclesiásticas. No faltaron ocasiones en que los encargos le llegaron desde otras ciudades y pueblos. Quizá el caso más llamativo sea el de “El mágico prodigioso” que don Pedro escribió en 1637 para ser representado en el Corpus del pueblo toledano de Yepes.
 
De estos clientes vivió y su vida se desarrolló al ritmo que marcaba la actividad teatral. A diferencia de los autores de nuestros días. Calderón nunca se ocupó en una pieza que no tuviera como destino inmediato la escena. En tas etapas en que se prohíben las representaciones (1644-1645, 1646-1648, 1665-1666) nuestro poeta, como es lógico, suspende su creación dramática.
 

Representación teatral de “Las Divinas Filoteas” en la
madrileña Plaza de la Villa, en 1681 (Museo Municipal, Madrid).

Escenogafía para “La fiera, el rayo y la piedra”, que se estrenó
en 1652 con escenografía del italiano Baccio del Bianco y
música de Domingo Scherdo, y conoció un éxito sin precedentes.
 
Aunque compone muchas obras para un cliente determinado, es frecuente que en su explotación pasen de uno a otro. Comedias escritas para las fiestas palaciegas se trasladaban más tarde a los corrales, mientras que las estrenadas en los teatros públicos volvían a representarse en los salones del Alcázar Real o del Buen Retiro. Los autos, aunque se creaban para las funciones gratuitas en las plazas, se explotaban después en los corrales.
 
Diversidad de técnicas escénicas.
 
Por estas circunstancias, hubo de tener en cuenta diversos sistemas dramáticos y las más variadas técnicas escénicas. En su obra se reúnen los tres modos de representación de la época: el teatro de corral, con muy escaso aparato escénico; las fiestas palaciegas, caracterizadas por los decorados en perspectiva, la música, las luces, la tramoya y los efectos, desde fingir el vuelo de un personaje hasta el incendio de un bosque; y los autos sacramentales, adornados con lujoso vestuario y también pródigos en recursos escénicos, dentro de lo que cabía en los carros, nombre que se daba a los tablados móviles que se sacaban a la plaza pública. Cultivó desde el teatro puro -el que se sostiene esencialmente en la interpretación y el texto sobre un escenario desnudo- al puro teatro, fundamentado en apariencias y tramoyas.
 
De la representación de comedias, autos y fiestas reales se encargaban las mismas compañías, aunque era frecuente que para las funciones de gran aparato se reunieran varias para atender las exigencias del montaje. Así, en el estreno de “Los tres mayores prodigios” (1636) intervinieron las compañías de Tomás Fernández, Pedro de la Rosa y Sebastián de Prado; para “Los tres afectos de amor: piedad, desmayo y valor” (1658) se reunieron las de Diego Osorio y Bartolomé Romero, etcétera.
 
La primera representación calderoniana de que tenemos noticias es la de “Amor, honor y poder”, que puso en escena en el viejo Alcázar madrileño la compañía de Juan Acacio Bernal el 29 de junio de 1623. Más tarde, hay constancia de que colaboró con las agrupaciones de Jerónimo de Almella, Roque de Figueroa, Antonio de Prado, José de Salazar, Andrés de Vega, Luis López Sustaeta, Juan Martínez de los Ríos, Cristóbal de Avendaño, Francisco Castro, Juan Pérez de Tapia, Manuel Vallejo, Antonio Escamilla, Félix Pascual, Agustín Manuel, Simón Aguado, Jerónimo García... La mayor parte de ellos actuó en varias obras de Calderón y en algunas ocasiones trabajaron a sus órdenes, ya que don Pedro no fue sólo un poeta dramático de excepción, sino también un organizador de espectáculos teatrales. Su papel es quizá el que más se acerca a la moderna idea del director escénico.
 
El espectáculo como conjunto.
 
En el autor de comedias o jefe de compañía del siglo XVII -cosa que nunca fue Calderón- se unían casi siempre varias funciones, en especial las de actor y empresario del grupo. La dirección escénica en los corrales debía de ser muy elemental y, presumiblemente, se ejercía de manera colectiva e improvisada. En cambio, las representaciones cortesanas de gran aparato requerían una figura que concibiera el espectáculo como conjunto, que ensamblara armoniosamente la música, la pintura, la poesía, los efectos, las luces, la disposición espacial de actores y público. Todo parece indicar que don Pedro desempeñó este papel en numerosas fiestas reales, desde el estreno en el estanque del Retiro de “El mayor encanto amor” (1635).
 
A este espectáculo, que se ofreció la noche de San Juan, precedió una disputa entre el escenógrafo (ingeniero en el argot de la época) Cosme Lotti y Calderón. Lotti elaboró en la primavera de ese año una “memoria de las apariencias” que pretendía introducir en la representación. Se pidió al poeta que escribiera un libreto para que pudieran lucir las tramoyas; pero don Pedro no quiso condicionar sus versos a las invenciones escenográficas, sino escoger aquellas que contribuyeran, con el texto y la interpretación, a un producto dramático equilibrado y bello.
 
El mismo Cosme Lotti se encargó de dirigir la construcción del coliseo del Buen Retiro, un teatro a la italiana con las dimensiones y los recursos técnicos convenientes para este tipo de representaciones, que disponía al fondo de unos portones que se abrían sobre los jardines. Como es bien sabido, este impresionante coliseo se inauguró en 1640, pero no con una obra de Calderón, sino con “Los bandos de Verona” del otro gran dramaturgo de la época: Francisco de Rojas Zorrilla.
 

Escena de "El Alcalde de Zalamea", como la imaginó un dibujante de "La Ilustración Española y Americana" en 1881, con ocasión del segundo centenario de la muerte de Calderón.

Escena de "La dama duende", en una moderna puesta en
escena por la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
 
Teatro para Dios y para el rey.
 
Tras una época de inactividad teatral, Calderón se ordena en 1651 y obtiene una capellanía en la catedral de Toledo en 1653. Debido a las trabas con que se encuentra en el nuevo estado, decide abandonar el teatro; pero los encargos eclesiásticos y palaciegos le abren la puerta para volver a las tablas, so capa de escribir exclusivamente para Dios y para el rey, es decir, autos sacramentales, que compone y estrena cada año, y fiestas reales, en las que se alternan comedias simples, aptas para los corrales (“Cada uno para sí”, “Basta callar”...), comedias mitológicas y de aparato. zarzuelas y óperas.
 
Para estos últimos espectáculos ha encontrado el colaborador ideal: el escenógrafo italiano Baccio del Bianco. Con él y con el músico toledano Domingo Scherdo (¿lzquierdo?) crea “La fiera, el rayo y la piedra”, que se estrenó en mayo de 1652 y obtuvo un éxito sin precedentes. Hubieron de darse cuarenta representaciones seguidas para satisfacer el interés de los curiosos. De esta puesta en escena no conservamos documentos gráficos, pero si conocemos veinticinco dibujos de su reposición en Valencia en 1690. Además de la importancia de la escenografía, hay que destacar también el papel de la música, con la alternancia de partes habladas y cantadas. La función, según anotó el cronista Antonio León Pinelo, duraba siete horas, tenía siete mutaciones o cambios de decorado y contaba con luces “para dar la vista que pedían las perspectivas”.
 
“El éxito de La fiera... propició la creación de “Andrómeda y Perseo”, que vio la luz de las candilejas el 18 de mayo de 1653. El entusiasmo cortesano dio lugar a que se preparara un lujoso manuscrito para que en la corte vienesa se conocieran los detalles del espectáculo.
 
En el cazadero de La Zarzuela, cerca de Madrid, se organizan también representaciones mitológicas, como “El golfo de las sirenas” (1657). Es bien sabido que el nombre del nuevo género teatral español que mezcla partes cantadas con otras habladas toma su nombre de este real sitio. Sin embargo, El Retiro sigue siendo lugar predilecto para las fiestas reales y en él ven la luz las dos únicas óperas calderonianas: “La púrpura de la rosa”, en un acto, y “Celos aun del aire matan”, ambas con escenografía de Antonio María Antonozzi y música de Juan Hidalgo.
 
Paralelamente, Calderón ha ofrecido en palacio numerosas comedias y tragedias de menor aparato escenográfico: “En esta vida todo es verdad y todo es mentira”, “Las armas de la hermosura”, “Darlo todo y no dar nada”. Muchas de estas obras conocerán reposiciones posteriores, tanto en la corte corno en otras ciudades: Sevilla, Toledo, Valencia...
 
Lo mismo ocurre con los autos sacramentales. Durante décadas, el Ayuntamiento madrileño le encarga dos autos y se los paga con generosidad. La costumbre sólo se interrumpe ocasionalmente en 1647 y 1665. Tras las primeras funciones los autos pasan a representarse en las fiestas inmediatas por otras ciudades y pueblos.
 
Calderón murió con las botas puestas. El 3 de marzo de 1680 estrenó la que seria su última fiesta real: “Hado y divisa de Leónido y Marfisa”. En los meses finales se dispuso a escribir, como era su costumbre, los autos del Corpus madrileño. Cuando le llegó la muerte, el 25 de mayo de 1681, había acabado “El cordero de Isaías” y estaba a punto de concluir “La divina Filotea”, que remató Melchor de León.
 

FAMOSO DE AQUI A LIMA
 
Casi todas las representaciones docu-mentadas de Calderón en el siglo XVII aquí reseñadas corresponden a funcio-nes palaciegas, que están mejor documentadas que las que se ofrecían en los corrales. No se incluyen más que algunos autos sacramentales pues, como es bien sabido, durante casi toda la vida del poeta, cada año se escenificaban dos de ellos en la Plaza Mayor de Madrid.

1623. (29 jun.) Amor, honor y poder, Alcázar de Madrid.
1628. (marzo-abril) Hombre pobre todo es trazas, Alcázar de Madrid. (28 marzo) Saber del bien y del mal, Alcázar de Madrid.
1632. (marzo-abril) Mejor está que estaba, Alcázar de Madrid.
1633. (antes de sep.) El monstruo de la fortuna.
1634. Yerros de naturaleza y aciertos de la fortuna (Corpus), el nuevo palacio del Retiro y Plaza Mayor de Madrid; (Corpus) El veneno y la triaca, Valencia; (Corpus) La cena de Baltasar, Sevilla.
1635. (23 junio) El mayor encanto amor, Estanque del Retiro. (26 agosto) El médico de su honra.
1636. (17 enero) El jardín de Falerina (de Rojas, Coello y Calderón). (29 enero) El alcaide de sí mismo. (23 junio) Los tres mayores prodigios, Retiro.
1637. (Corpus) El mágico prodigiosa, Yepes.
1647. Het leven is maer droom (La vida es sueño), Bruselas.
1637. (Corpus) El mágico prodigiosa, Yepes.
1647. Het leven is maer droom (La vida es sueño), Bruselas.
1649. (Corpus) Los encantos de la culpa, Madrid.
1652. (mayo) La fiera, el rayo y la piedra, Coliseo del Retiro.
1653. (18 mayo) Fortunas de Andrómeda y Perseo, Coliseo del Retiro.
1654. (18 mayo) De groote Sigismundus (La vida es sueño), Amsterdam.
1657. (17 enero) El golfo de las sirenas, Zarzuela.
1658. (Carnaval) El laurel de Apolo, Coliseo del Retiro.
1659. (25 febrero) En esta vida todo es verdad y todo es mentira, Coliseo del Retiro.
1660. (dic.) La púrpura de la rosa, Retiro.
1661. (1 marzo) Faetonte, Coliseo del Retiro. (12 julio) Eco y Narciso, Retiro.
 

Primera parte de las "Comedias" de Calderón, en un volumen editado en vida del autor, en 1640.
1662. (5 dic.) Celos aun del aire matan, Coliseo del Retiro.
1665. Aurora en Stella de Graef (Lances de amor y fortuna), Amsterdam.
1667. (25 abril) Amado y aborrecido, Viena.
1668. (22 dic.) Darlo todo y no dar nada, Viena.
1669. Der künstliche Lügner (Lances de amor y fortuna), Danzig.
1670. (Corpus) El gran teatro del mundo, y La humildad coronada, Lima.
1671. (Carnaval) El secreto a voces.
1671. (22 dic.) Fineza contra fineza.
1673. La vida es sueño (auto), Madrid.
1672. (Corpus) Galán, valiente y discreto, Lima.
1674. (13 agosto) El gran príncipe de Fez, Lima. (21 dic.) El fénix de España san Francisco de Borja, Lima.
1676. (24 enero) Aurora und Stella (Lances de amor y fortuna), Dresde.
1679. (3 dic.) Ni Amor se libra de amor, Coliseo del Retiro.
1680. (3 marzo) Hado y divisa de Leónido y Marfisa, coliseo del Retiro.
1681. (Corpus) El cordero de Isaías, y La divina Filotea, Plaza Mayor de Madrid.
1684. Sein selbst Gefangener (El alcalde de sí mismo), Dresde.
1685. (Corpus) La vida es sueño, Lima.
1690. La fiera, el rayo y la piedra. Prinz Sigismund von poblem (La vida es sueño), Torgau.
1701. La púrpura de la rosa, Lima.
1707. (8 marzo) La fiera, el rayo y la piedra, Lima.

Calderón en América.
 
Naturalmente, el éxito de don Pedro en la capital del Imperio no podía dejar de tener repercusión en los grandes centros políticos y culturales ultramarinos. En las tierras americanas se siguieron en todo los modelos peninsulares. Sabemos que, desde 1670, el Ayuntamiento de Lima incorpora un par de autos sacramentales para la celebración del Corpus y su octava. Tenemos noticia puntual, recogida por Lohman Villena, de los títulos que se ofrecían cada año: “El gran teatro del mundo”, “La humildad coronada”. “El cubo de la Almudena”, “El pleito matrimonial”, y otros. Muchas de estas representaciones tuvieron como intérpretes a los actores de la compañía de Juan Ruiz de Lara. Como en España, los autos también se explotaban comercialmente en los corrales de comedias.
 
En esas mismas fiestas del Corpus, en especial en su octava, el auto podía ser sustituido por una comedia. Así ocurrió en 1672 cuando los limeños pudieron ver “Galán, valiente y discreto”. En funciones especiales se ofrecían comedias de carácter devoto o piadoso, corno “El gran príncipe de Fez” o “El fénix de España san Francisco de Borja”.
 
En el palacio virreinal también se emularon los fastos madrileños. Se conserva la documentación relativa a la puesta en escena de dos fiestas reales que se ofrecieron en los primeros años del siglo XVIII. En 1701, “La púrpura de la rosa”, de la que conservamos la música que preparó Tomás Torrejón de Velasco. En 1707 volvió a las tablas “La fiera, el rayo y la piedra”, pieza que fascinaba a los públicos de la época. Los limeños cultos conocían bien gran número de comedias calderonianas. La situación es similar en México, donde surgiría una notabilísima dramaturga, fiel discípula del maestro: sor Juana Inés de la Cruz.
 
Fuera de España.
 
El arte de Calderón tuvo la fortuna de traspasar las fronteras patrias. Hay noticias de las recreaciones de sus comedias en la Viena de Leopoldo I y la española Margarita de Austria. Allí ven de nuevo la luz, para conmemorar distintos fastos cortesanos, “Amado y aborrecido”, “Darlo todo y no dar nada”, “El secreto a voces” y “Fineza contra fineza”.
 
Referencias menos precisas hay respecto a otros escenarios europeos; pero la proliferación editorial de traducciones, adaptaciones, refundiciones y piezas inspiradas en nuestro poeta pone de manifiesto que sus textos fueron ampliamente conocidos y representados en Francia, Italia, Holanda, Alemania...
 
El caso francés es de capital importancia, ya que es la puerta por la que muchas veces llegan al resto de Europa las obras y las representaciones calderonianas. Auténticos hombres de teatro como Paul Scarron, Thomas Corneille, Phillippe Quinault, M. Lambert, Antoine le Métel d’Ouville, François le Métel de Boisrobert... entran a saco en las comedias y dramas de nuestro poeta.
 
En Italia no sólo se traducen las comedias de Calderón: “Il servo patrone” (1668) de B. G. Dominique, L’astrologo non astrologo o gli amori turbati (El astrólogo fingido 1655) de Carlo Constazo Costa, Il figlio ribelle overo Davide dolente (Los cabellos de Absalon, 1668) de Giacinto Andrea Cicognini, Con chi vengo, vengo (1666 de Angiola d’Orso, A dama folletto (La dama duende 1675) de Arcangelo Spagna. Il finto encanto (El encanto sin encanto, 1674) de Lionardo de Lionardis, La vita é un sogno (1663) de Giacinto Andrea Cicognini...; sino que se convierten con frecuencia en libretos de ópera: Il carcerieve di se medesimo (El alcaide de sí mismo, 1681) de Lodovico Adimari, La potenza de lla lealtá, riverenza e fedeltá (Amigo, amante y leal, 1685) de Honofrio de Castro, La Semiramide (representada en Viena, 1667),. de C. A. Moniglia, Dal mal il bene (Peor está que estaba, 1656) de Giulio Rospigliosi (Papa Clemente IX)...
 
Un pormenorizado estudio de Sullivan nos revela que entre 1647 y 1767 “La vida es sueño” se vio en Holanda en cuatro versiones diferentes; “El astrólogo fingido, en cinco; “La dama duende”, “El mayor encanto, amor” y “Lances de amor y fortuna”, en dos adaptaciones; y una refundición merecieron “La gran Cenobia”, “El alcaide de sí mismo y “El galán fantasma”.
 
En Alemania tenemos noticias relativamente tempranas de representaciones a cargo de la compañía de Johannes Velten. Hasta seis títulos de Calderón forman parte de su repertorio.
 
Pronto Hamburgo se convertirá en la ciudad teatral por excelencia y la cuna de la fama alemana de Calderón. En varias ocasiones asistimos a la transformación en libretos de ópera de “El alcaide de si mismo” (1680) y de “La vida es sueño” (1693), obra de Christian Heinrich Postel...