llibret 1998
Diario de Alicante.

VIVENCIAS DE UN APRENDIZ DE FOGUERER.
Alfonso Garrigós Ramos.
(Emblema extraordinario de las Hogueras de San Joan).

 
Hablar de la historia del fuego es algo que me complace, por lo que cuando en mi comisión me pidieron que narrara algunas de mis vivencias como “foguerer”, vinieron a mi mente múltiples momentos de los 70 años transcurridos desde que don José María Pi y Ramírez de Cartagena, en 1928, junto a otros alicantinos de pro, dieron forma a las fiestas celebradas desde tiempos inmemorables en honor del fuego.
 
Vinieron a mi mente recuerdos de mi niñez en Jijona, pueblo de origen de mi familia, de los viajes a Alicante en la noche de San Juan, encontrando durante el trayecto múltiples lugares donde habían prendido fuego a montones de muebles viejos y enseres inservibles, con tal de luchar, aunque de manera infructuosa, contra la oscuridad de la noche. Nosotros mismos, en una finca de nuestra propiedad, situada antes de llegar a Jijona, al pie de un monte llamado el Almaca, prendíamos fuego esa noche a leña y maleza.
 
Cuando contaba yo seis años de edad, mi familia se trasladó a Alicante, asentándose en un huerto de la calle General Ibáñez, hoy calle del Foguerer, y quizás de ahí nació mi afición por la fiesta, siendo éste, Carolinas, el primer distrito del que formé parte.
 
Hubo un paréntesis forzoso en la actividad “fogueril”, motivado por la triste Guerra Civil, teniendo que incorporarme a filas, como tantos otros jóvenes de mi edad, vivienda en aquella etapa amargos momentos que prefiero no recordar.
 
Me licencié en el año 43, después de haber cumplido con la obligación impuesta en ambos bandos, pudiendo así retomar mi participación en las Hogueras, ya en el distrito que sería el de toda mi vida, éste en el que sigo, Hoguera Calderón de la Barca - Plaza de España, del que he sido presidente durante 30 años de forma ininterrumpida.
 
En 1969, siendo presidente de la Comisión Gestora don Tomás Valcárcel, me incorporé a ella por medio de una votación en la que apoyaron la totalidad de los componentes de dicha gestora, pasando a ocupar el cargo de Vicepresidente 2º y posteriormente 1º.
 
Como miembro de Gestora he tenido la oportunidad de pasear el nombre de Alicante por tida la Comunidad Valenciana, y haber vivido multitud de experiencias, la mayor parte de ellas satisfactorias, y algunas de muy grato recuerdo.
 
Siempre he sido recibido con gran afecto y atenciones, aun cuando las circunstancias no eran las idóneas.
 
Una noche llegábamos a Rorremendo a altas horas de la madrugada, por circunstancias de viaje que no voy a relatar, al acto de proclamación de la Reina de las Fiestas con sus Damas, y aún así, nos recibieron con las mayores atenciones y agrado.
 
En otra ocasión veníamos de Crevillente a altas horas de la noche. Tuvimos que adelantar a un carro de caballería, con tan mala fortuna que pisamos una raya continua y nos paró la policía poniéndonos una multa, aunque eso sí, muy amablemente los agentes nos dieron la posibilidad de pagarla al contado, para hacernos así un “DESCUENTITO”.
 
De las múltiples actividades que organicé recuerdo con especial cariño los torneos de fútbol entre hogueras infantiles que tuvieron mucha acogida llegándose a jugar las finales en el antiguo campo de La Viña.
 
Los presidentes con los que compartí mis años como miembro de Gestora fueron, don Tomás Valcárcel, don Jacinto Massanet, don Raúl Baeza y don Miguel Díaz, todos ellos buenas personas y mejores “foguerers”.
 
Hubo una situación que siempre me viene a la memoria cuando hablo de los viejos tiempos, que fue al principio de usar como traje oficial de la fiesta, el traje de “foguerer”. Fui a recoger a la “Bellea del Foc” de aquel año a un hotel y estando en la puerta esperando a que la chica bajara, se acercó un hombre, y confundido me preguntó si era el portero, no le contesté con una frase muy habitual en el Alicante de la época, la F.T.M... iniciales que los alicantinos fácilmente reconocerán.
 
En fiestas recuerdo haber ido a visitar todos los monumentos a pie, claro entonces eran algunos menos. Empezaba por Benalúa, La Florida, Ciudad de Asís, San Blas, continuando por Los Angeles, Altozano, Carolinas Altas, Barrio Obrero, seguía hacia el Plá del Bon Repós, Carolinas Bajas, San Antón, Benito Pérez Galdós y por último recorría el centro, para terminar disfrutando en mi distrito de un merecido descanso.
 
No puedo olvidar las visitas a las poblaciones que también plantaban Hogueras, haciendo en este caso el recorrido en bicicleta Monóvar, Pinoso, Elda y Torrevieja figuran entre lugares de los que guardo entrañables recuerdos.
 
Entre las salidas recuerdo una al Sanatorio de Leprosos de Fontilles, a la vuelta pinchamos una rueda, teniendo el honor de contar con la “presidencia” en el acto de cambio de rueda, de la Bellea del Foc y sus cuatro Damas de Honor.
 
En mi último año como presidente de la Hoguera Calderón, se celebraron unas “convivencias” de presidentes en la isla de Ibiza desplazándonos en barco desde Denia a San Antonio, nombrándome por parte de mis compañeros Presidente de Honor de las convivencias.
 
Ese mismo año, en la fiesta informal que se tiene costumbre realizar, en los últimos años, tras la recepción oficial por parte del Ayuntamiento a las Bellezas de todos los distritos, por votación de las Bellezas de ese año, 1995, me eligieron “belleo del foc”, recuerdo simpático que guardo con especial cariño. Fui acompañado por los “damos del foc”, presidentes de Villavieja y Passeig de Gomiz, teniendo que desfilar ante todas las bellezas al grito de “torero, torero”, lo cual me emocionó enormemente, representando para mí una muy bonita despedida.
 
Podría estar contando anécdotas y vivencias y no parar, pero como para no aburrir a mis lectores y amigos, dejaremos para una próxima ocasión el relato de otras tantas que se atropellan en mi mente.