llibret 1997
Historia de las Hogueras de Alicante.
¿ LA PRIMERA CAIDA ?.
Juan Carlos Vizcaíno Martínez.

Sin duda, uno de los temas que más negativamente afectaron el entorno estético de les Fogueres, fue el
relativo al prematuro desplome (generalmente parcial), de algunas de las obras más significativas de los
últimos años. Una tendencia que parece ser que en 1.996 se logró frenar tras la aplicación de diversas
medidas controladoras, pero que justo sería indicar que tuvo sus inicios en les Fogueres hace más de
medio siglo.
No se si sería el primer cazo de caída accidentada producido en nuestra historia festiva (de ahí el titular
de estas líneas entre interrogantes). Lo cierto es que en 1.934, el grupo denominado “Unión Arte”, que
aglutinaba artistas valencianos como Fernando Guillot, Rafael Peral, Chuliá, Villasalero..., proyectó la
creación de una monumental Foguera para el distrito de Alfonso el Sabio. Un diseño que iba a contar
con 15 metros de altura, presidiendo el mismo un enorme alicantino de 11 metros, bajo cuyos pies se
proyectaba que circularan los tranvías de la época. La iniciativa contó con enormes reservas por parte
de los técnicos de la Alcaldía, resolviéndose finalmente plantarla en Alfonso el Sabio, esquina con la calle Segura.
“Espérat sentat” era el lema de la Foguera, que según me contaba en cierta ocasión Ramón Marco (en
aquella época junto con Jaime Giner aprendiz de esta agrupación), poco realmente tuvo que esperar,
puesto que el gigantesco ninot que casi monopolizaba el monumento, se vino abajo, causando una
soterrada ironía entre el conjunto de artistas locales, ante la fallida “audacia” de sus colegas valencianos.
Pese a todo ello, y en asumida consecuencia ante el hecho producido, con un notable ejercicio de
humildad, la Fuguera de Alfonso el Sabio del año siguiente no dejaba de hacerse eco de la circunstancia
producida en la edición anterior. Es así, como se reiteró su lema (“Esperat sentat”), y en ella su autor
(“Villasalero, uno de los componentes de “Unión Arte”), articulaba una composición predominantemente
horizontal. A partir de la misma se ubicaba una base central, en donde se reproducía la secuencia del
ninot del año anterior, desplomado sobre las bases de su Foguera. Junto a esta escenificación, una gran
figura de alicantina ofrecía al conjunto una corona de flores. Mayor sarcasmo imposible.

Sin embargo, la mayor de las ironías, la ofrecería treinta y un años después. uno de los aprendices de
aquel efímero colectivo de “Unión Arte”. Sería un ya consagrado Ramón Marco, quien en 1.965,
retomaba la idea de la Foguera de Alfonso el Sabio de 1934, plantando en la actual Plaza del
Ayuntamiento una colosal figura de zaragüell, que ha quedado como uno de los remates más
carismáticos de la Historia de la fiesta y resistiendo hasta caer pasto de las llamas.
Recordando el año que da origen a estas líneas, hay que resaltar que 1934 supuso ciertamente el cénit
del periodo republicano en la Fiesta. Con 35 comisiones de Foguera, así como numerosos “Ninots de Carrer”
diseminados por sus calles, les Fogueres
de aquella ocasión destacaron por su esplendor, incorporándose ya una generalizada monumentalidad
en sus obras, mayoritariamente adaptadas ya a los rasgos estéticos que Gastón Castelló aportara pocos
años antes. 1934 fue también el año de la Foguera de Madrid (que se plantó inicialmente en la Plaza de
Toros de la capital de España, desmontándose posteriormente y trasladándose de nuevo a Alacant) que
se ubicó en el actual marco del edificio del actual Banco Hispano Americano y que logró el primer
premio de aquel año. Aquella decisión sorprendió, sobre todo a los foguerers de Benito Pérez Galdós, al
ver que su obra “Ganarás el pan...”, no lograba galardón alguno. Ello propició que destrozaran
furibundos la instalación de luces indirectas que incorporaba su monumento, y que según delataba el
propio Gastón, costó mil pesetas de la época. Al margen de esta brillante Foguera, también se quedaron
sin premio obras tan magnificas como le de la Plaza de la República (“Historia de un trozo de la
provincia”), también de Gastón, o Mercado Central (“Estampas del turismo”), de un ya avezado Agustín Pantoja.
Como se ve, tanto los accidentes como las polémicas sobre loe premios, son circunstanciales a les
Fogueres, y están presentes desde los inicios de nuestra deseada cita de cada Junio.