llibret 1997
Historia de las Hogueras de Alicante.

AGUA FRESCA EN ALICANTE.
Emili Boix.

 
“Agua fresquita; que la tengo muy fresca”, vocea la aguadera nada lejana en el tiempo. “Que viene de algibe y en botijo de Agost”, repite peregrinando su vulgar, pero apreciada mercancía en estos días agobiantes de calor.
 
Del algibe, sí: ¿Pero en botijo de Agost...? se preguntan algunos.
 
¿Por qué? y miran curiosos al blanco botijo que en sus exuberantes caderas conduce la guapa moza de la villa y corte.
 
El interés crece al oir repetir insistentemente lo mismo y ver anunciar en las cacharrerías. estos botijos con suma preferencia.
 
¿Botijos de Agost? Sí. Estos coquetones botijos inmaculadamente blancos, son famosos desde hace siglos.
 
Agost, pequeña silla alfarera de Alicante. fue y es célebremente conocida por esta manufactura, que constituyó una de las principales fuentes de riqueza del pueblo. D. Rodrigo Méndez Silva, en su erudita obra “Población general de España”, dice: “Labra curiosos barros blanquísimos que a diversas partes de España y del extranjero llevan para enfriar el agua”.
 
Sin duda alguna, el origen de los alfares de Agost proviene de las postrimerías de la dominación árabe, continuando sucesivamente industria, y que llegó a su mayor esplendor y apogeo en los albores del siglo, con 28 alfares a plena producción, exportando docenas de barcas de botijos al Africa del Norte y al sur de Francia.
 
Después han ido desapareciendo bastante, perdiendo importancia por tanto, bajo la presión incontenible de la sociedad industrial; hoy sólo quedan 12 alfares, con una distinta orientación productiva y unas nuevas conclusiones estéticas, al haber dejado que la funcionalidad marcara los parámetros de la sencilla y sobria belleza de las formas.
 
      
 
Los botijos de Agost son algo genuinamente inconfundible, como “Els peladilles d’Alcoi, el terró de Xixona o els dátils d’Elx”. Cada una de estas cosas tienen algo excepcional que las hace inconfundibles y que es una pérdida de tiempo copiar.
 
Pocos, o ninguno como éstos mejor dicho, para refrescar el agua, su calidad es superior debido a les condiciones de sus materias primas, las gredas y silicatos de alúmina (argiles), que se hallan en los alrededores del pueblo, en las minas de “La beata i el terrer vell” que son la clave de explicación de los famosos botijos.
 
Las pueblos artesanos sociológicamente montados sobre rígidas fórmulas gremiales, tienen un anecdotario muy curioso, termino con esto. Es una profesión donde los alfareros defienden por la vía mágica, es decir, con liturgias y ofrendas al santo de la devoción corporativa, privilegios de tipo meteorológico. Cantan frente a los telúricos labriegos con los que antagonizan totalmente en la dialéctica:
 
Humedad-Sequedad lo siguiente, “sol i aire i pluja no” contestando los agricultores del pueblo enemigos irreconciliables en este terreno “Jo en cague en la profesó”.