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Erase en una Ciudad saturada por completo de turismo nacional y también del extranjero: Había hombres y mujeres; niños, jóvenes y viejos. Varias playas; dos castillos; y un buen puerto; entre otras cosas; un paraíso soñado, junto a la raya del mar... que era el orgullo del pueblo. Corrían los Tiempos Nuevos de “Tiritas” y mini-faldas; de Complejos y “descomplejos”: De los enjambres de automóviles para “desfacer entuertos”; como en otras grandes Ciudades, punto más ó, punto menos. Don Nélo Bacón Bacore hombre de pelo en pecho; arraigado en el campo muchamelero; Blusita negra, pantalón negro; alpargatas de esparto, y sombrero nuevo: A conocer Madrid se encamina, anhelo de toda su vida: mas con tal mala fortuna, que al trasbordar en la Encina; de tal modo se atontuna... que el cambio de tren no atina. |
Y de nuevo sin saberlo,
en la bella Ciudad alicantina: - ¡Che! IRepalleta!... ¿astó es Madrid? - ¡Pero si es igualet que Alacant! ...Y ya no hubo forma de convencer al bueno de Nélo... ni por esas; el creyó de buena fé... andar por los calles madrileñas: Y eso que por casualidad, al cruzar por el Mercado encontróse con su hijo, NéIet “el Espabilado”; al que apenas ver, le dijo... - Pero pare, si estem en Alacant, fijes... el Mercat alicantí. - iChe!, no endigues bobaes sagalt; ¿ó es que encara estás dormint? Aquí porte jo el bilIet, que en donarent pa Madrid. Y ma pasat en el tren, tót un día y una nit... conque no me vingues dient, que astó es, el Mercat alicantí. - Che pare... no siga tan cabot; hara se nanirem per a baijs, y vorá la platja y el port. salió de su confusión: Mas aclarado su erro... allí perdió la razón: Pues nunca se pudo explicar, como viajando para Madrid... a, Alicante fue a parar. |