llibret 1994
De mi tierra.
REFLEXIONES.
LUISA BERNABEU.
El pasado año, 1993, fue denominado”Año europeo de los mayores”.
Lo pasamos muy bien pues, haciendo honor a este título, se organizaron
muchos festivales, excursiones, homenajes, reuniones, exposiciones..., en
fin, no faltó nada: agasajos y detalles que conservaremos en nuestra memoria.
Este año, 1994, también tiene su denominación: “Año Internacional de la Familia”.
Me gustaría que, haciendo honor a este título tan maravilloso fuera, si
cabe, aún mejor. Meditar con calma, poniendo los cinco sentidos, para
poder conseguir cariño y comprensión una unión familiar; que aunque en
ocasiones, por cuestión trabajo, se tenga que estar separados, que no falte
el amor entre padres, hijos, hermanos, y... también los abuelos, que no
añoren su juventud, que tengan el respeto el consuelo y la ayuda que
necesitan, porque a todos nos llega el día que la necesitamos. Los años
pasan, se pierden las fuerzas, pero que no se pierda el cariño, pues cuando
somos mayores es cuando más lo necesitamos. Con qué alegría recibimos
unas palabras cariñosas de los hijos, nietos, de nuestra familia, que nos
alegren en una fecha señalada, como cumpleaños, santo, etc. Todos
reunidos, ¡qué felicidad!.
No importa la denominación del año. Lo importante es el cariño de la familia.
Cuando termine este año, vendrá otro, y habrán mayores, porque siempre
los hay, pero creo que el respeto familiar ha de quedar al margen de
cualquier título, o nombre que se le dé. Por encima de todo, debe existir la
comprensión, la bondad y el cariño. Pienso que haciendo uso con
sinceridad de esos ingredientes no importa cómo puedan denominarse los
años, porque ahí está la familia verdadera, ingredientes que también se
deben compartir con las amistades y personas que carecen de familia, que
las hay. Esas necesitan ayuda, pero una ayuda especial, un rato de
compañía, con optimismo, procurando que tengan alguna ilusión, hacerles
comprender que la vida, a pesar de sus contratiempos, es bonita, y por eso
hay que vivirla con un poco de entusiasmo, sin mirar el día que esté
nublado, pensando que al día siguiente sale el sol, y sale lo mismo para
mayores y jóvenes, que, con el paso de los años, llegan a nuestra edad.
Por eso precisamente, nosotros, en la medida de nuestras fuerzas,
tenemos que tomar ejemplo de esa juventud, y agradecerle el tiempo que
dedica, durante todo el año, con entusiasmo, para que esta fiesta, nuestra
fiesta de Hogueras, no decaiga, porque también a nosotros, los mayores,
nos distrae y nos alegra ver cómo esos jóvenes, incluso nuestros nietos,
disfrutan en esos días de esa gran fiesta: LAS HOGUERAS DE SAN JUAN.