llibret 1994
De mi tierra.
POSTAL DE LA CALLE CALDERON.
TIRSO MARIN.
Yo no he vivido nunca en la calle Calderón de la Barca ni en la Plaza de
España, aunque sí muy cerca, y me las conozco al dedillo, de tal manera
que tanto por la calle como por la plaza podría andar a ciegas y no quiero
tentar a Dios ni a Santa Lucía. Por eso, la foguera de este distrito me cae
estupendamente bien.
Es para mí, Calderón de la Barca, una de las calles de mis mejores
recuerdos y la Plaza de España, también. Calderón es una de las
principales arterias que conducen a la Plaza de Toros de mis entretelas,
pero, por si esto no fuera bastante, digamos que la calle ofrece a mis ojos
una serie de circunstancias, de cosas, de recuerdos que me resultan
entrañables. De niño viví muy cerca de aquí, en el actual número 1 de
Alfonso el Sabio, finca que antes, pertenecía a la calle llamada Primero de
Mayo, número 23, y luego se llamó, claro, Primo de Rivera. Ya en aquella
mi infancia era asiduo visitante de Calderón, asiduidad que no perdí con el
paso de los años, ya que tanto mi padre como mi hermano, ambos estén
en gloria, tenían su trabajo cotidiano allí, en aquella empresa concesionaria
de la energía eléctrica que entonces se denominó Riegos de Levante, más
tarde Hidroeléctrica Española y ahora, creo que Iberdrola, o algo así. Y en
el número 34 de la calle vive hoy mi hermana Angeles.
De la primera infancia, recuerdo con nostalgia aquellos ninots que por San
Juan colocaban a la puerta de algunos establecimientos comerciales, que
generalmente reproducían algún personaje popular y fueron los
precursores de las hogueras. En la adolescencia, y esto lo recuerdo con
enorme cariño, los trabajadores de la Hidro me solicitaban colaboraciones
para el “llibret’ de una barraca que, conjuntamente con miembros de la
foguera y de algunos comercios de la zona, se montaba cada año, y en
especial me viene a la memoria un cuento que les dediqué y al que puse el
sugestivo, a la par que ingenuo título, de “El niño que quería ser ninot de
hoguera”, que Dios sabe dónde y en qué archivo pararán llibret y narración.
Calderón es, junto con San Vicente, una de las dos principales arterias que
conducen a la Plaza de Toros. Y si Carrer San Vicente es la subida obligada
de vehiculos y personal con dirección al coso en alegres días de toros en
las fiestas de Hogueras de San Juan, Calderón de la Barca es la calle de
bajada. Cuando abandonas el circo taurino de la Plaza de España con el
regusto de una colosal faena torera que tal o cual diestro ha plasmado en
el dorado albero y llevas la garganta reseca de tanto ˇolé!, te tomas una
horchata líquida en alguna de las tres horchaterías de la calle y te quedas
como nuevo y con ganas de que mañana vuelva a sonar el clarín.
Y, a la salida de la última corrida de la feria de Hogueras, con la alegría
metida en el cuerpo, dedicas una mirada alegre a la foguera Calderón de la
Barca, instalada entre esta calle, la Plaza de España y Padre Mariana,
recibes la sonrisa de un alegre ninot y te vas a esperar que el reloj marque
las doce en punto de la noche para contemplar toda la magia de la Palmera
y de la Cremá, culminación gloriosa de las fiestas de Hogueras de San Juan.