llibret 1994
De mi tierra.

UNOS HOMBRES PARA LA HISTORIA.
JUAN CARLOS VIZCAINO MARTINEZ. (Emblema de Oro de les Fogueres).

 
Todos sabemos lo ingrata que resulta muchas veces la labor dedicada hacia les Fogueres, por parte de cuantos, de uno u otro modo, ofrecieron y siguen brindando actualmente parte de su vida hacia una Fiesta como la nuestra, que ya es por derecho propio, parte consustancial del Siglo XX alicantino. Por todo ello, y de forma totalmente subjetiva -¿qué toma de partido no lo es?-, voy a intentar efectuar un entrañable juego-homenaje, en el que destacaré la trayectos de 15 foguerers, en los que quisiera resumir lo más significativo de una andadura festiva que se acerca ya a sus siete décadas de existencia.
 
Evidentemente, se trata de una selección simplificadora y, quizá en buena medida discutible, pero asumo de antemano el riesgo, entrando de lleno en el objeto de estas líneas, abordando con cierta cronología las personalidades seleccionadas. Evidentemente, el inicio se centra en el recuerdo del gran Gastón Castelló. El hombre que formó parte de la primera Comisión de Benalúa, que dotó de personalidad estética a les Fogueres, y que en la segunda mitad de los cincuenta, intentó conducir la Fiesta hacia unos senderos bien distantes del entorno autoritario y encorsetado que caracterizaba al Alicante de la época. Precisamente, inmersos en la década de los 4º y 50, y plenamente definidos en la sociedad de aquellos años, pertenecen de lleno tres figuras fundamentales de la postguerra fogueril, como fueron Ramón Guilabert, José Roméu y Tomás Valcárcel. Tres personalidades, de las cuales tan sólo Tomás Valcárcel logró posteriormente una mayor significación en la fiesta, y bajo las cuales se logró el milagro -difícilmente comprensible hoy día- de que las Hogueras no desaparecieran para siempre en la década de los 40, aquejada de falta de entusiasmo. Roméu y Guilabert merecen un reconocimiento generalizado, por cuanto sus nombres se encuentran envueltos en el olvido. ¿Por contra qué podemos decir de Tomás Valcárcel?. Ríos de tinta han corrido sobre su personalidad, aunque quizá aún no haya logrado ese estudio reflexivo sobre la auténtica significación de su figura. De cualquier manera, decir Valcárcel es recordar un fragmento extenso de nuestra fiesta, digno de ser mantenido en el recuerdo por todos.
 
Y también desde los años 40, y hasta hace muy pocos años, medio siglo de arte fogueril ha quedado sellado bajo la impronta artística de Ramón Marco. Seguidor y colaborador en el estilo de Gastón, introductor del clasicismo escultórico en la foguera y también partícipe en la renovación estética seguida por nuestros monumentos a partir de la segunda mitad de los 70, Ramón Marco ha aportado equilibrio de formas, riesgo, clasicismo y valentía a unos monumentos, que gracias a la apuesta de algunos artistas, lograron ser considerados dentro del sentir artístico de la ciudad.
 
Por otra parte, tanto en los años 40, y hasta finalizada la década de los 50, la aportación de Miguel Castelló fue decisiva, entre otros aspectos, para considerar a las fogueres como un elemento importante de la vida alicantina, logrando conservar los mayores testimonios posibles de su existencia. Gracias al esfuerzo de Miguel Castelló han logrado pervivir hasta nuestros días, numerosas publicaciones y aspectos de las primeras décadas de les Fogueres, dispuestas para el estudio e investigación de los aficionados al pasado de la Fiesta.
 
La década de los 40, fue el inicio de una trayectoria profesional que se prolonga hasta nuestros días. Una dilatada experiencia que se evoca en la voz cálida y la personalidad de Raúl Alvarez Antón. Modelo de honestidad periodística, y ejemplo de dedicación personal al servicio de les Fogueres, Raúl Alvarez supo siempre encontrar la palabra y el consejo justo, en su amplia visión de más de medio siglo de historia fogueril.
 
Llegaron los años 60, y con ellos ya un veterano Alfonso Garrigós asumía la presidencia de la Foguera Calderón de la Barca. Un cargo que mantiene aún en nuestros días, en una extensa trayectoria como Presidente que se destacaría en su capacidad de integración en estas casi tres décadas, y sabiendo apostar por la innovación, si ésta iba finalmente en beneficio de la Fiesta.
 
Será en la siguiente década, donde no habrá que olvidar la apuesta de Luis Amat -desde su presidencia de la Foguera Séneca-Autobusos-, por la incorporación de aspectos democráticos en el entorno de la Fiesta, así como la recuperación de elementos tradicionales del pasado de la misma. Una tarea, en la que le sucedió Josep Amand Tomás, otra personalidad relevante, esta vez ya en plenos 80, en la lucha por dotar de inquietudes culturales y tradicionales a les Fogueres, y que afortunadamente, aún permanece en activo en el ámbito de la misma.
 
De cualquier forma, el mérito de introducir un cambio profundo en las estructuras fogueriles, incorporando un nuevo aire a la Fiesta, fue para el desaparecido Jacinto Masanet -a quien aún se le debe un justo reconocimiento-, quien supo conducir la necesaria renovación de unas Hogueras caducas en su espíritu, pese a las lógicas reticencias existentes en aquellos años. Masanet fue, poco después, el primer Presidente de la Comisión Gestora elegido por el Pleno de Hogueras, y debe quedar para la pequeña historia como el eje del nuevo rumbo adquirido por la “Festa mes Fermosa”, en los primeros años 80.
 
La Fiesta cambiaba, y la estética de los Foguerers también, y el artífice de esta renovación artística fue un joven artista, que en pocos años revolucioné el perfil de nuestros monumentos, devolviéndonos el orgullo de una personalidad propia y en constante evolución, que gracias a la apuesta de Pedro Soriano volvió a manifestarse plenamente en las calles de cada junio alicantino.
 
Fue a partir de la pasada década, cuando empezó a cobrar especial empuje la aportación de un ya veterano foguerer, que desde entonces no se ha detenido en su lucha por lograr la máxima dignificación de todas las manifestaciones públicas vinculadas a les Fogueres. Actos de presentaciones, proclamaciones y, sobre todo, las carismáticas Elecciones de las Bellesas del Foc, han cobrado de la mano de José Angel Guirao, su justo punto de elegancia, buen gusto y emotividad.
 
Les Fogueres necesitan constante renovación para demostrar que están vivas, y la última ola de aire fresco introducida en el seno, la protagonizó Conrado Albaladejo, desde que a finales de 1986 ocupara -durante seis años-, la presidencia de la Comisión Gestora. En este período, la juventud se consolidó en el seno de las Comisiones, y se lograron numerosas consecuciones, permitiendo por encima de todo, e incluso fuera de nuestras fronteras locales, logrando una sólida proyección exterior.
 
Por último, cerraré esta breve evocación de nombre, con un hombre que hoy día simboliza al mismo tiempo juventud y veteranía en les Fogueres, y al que por encima de todo considero como mi mentor. Más de veinte años inmerso en la vida diaria de la Fiesta, aportando nuevas iniciativas, inquietudes culturales, y una acusada personalidad, que aún no ha encontrado su justo reconocimiento dentro de les Fogueres. Me estoy refiriendo, evidentemente, a mi gran amigo Andrés Lloréns, actual Presidente de la Foguera Séneca-Autobusos, y al que el futuro sin duda deparará unas casi inevitables mayores responsabilidades dentro de esta gran familia.
 
Son 15 nombres, en los que se resume la historia de la Fiesta. Una selección voluntariamente arbitraria, pero en cuyo seguimiento, quizá se encuentren entrelazados los nombres de todos esos miles de hombres y mujeres que, con su labor anónima, han hecho posible que les Fogueres d’Alacant lleguen hasta nuestros días.