llibret 1994
De mi tierra.

EL FUTURO.
JOSE MANUEL LLEDO CORTES.

 
Comenzaré esta exposición citando unas palabras de Diego Zaragoza aparecidas en el fascículo número 21 del coleccionable que sobre les Fogueres de Sant Joan editó el diario información” en 1990:
 
“...Bellezas, monumentos, la música y las calles; toros; barracas, pólvora, trajes... ¡en fin!, el presente y el pasado han desfilado a la luz de las palabras, pero ¿y el futuro?. ¿Podíamos concluir este intento sin la osadía de asomarnos al balcón del tiempo, para ver qué será de nuestra fiesta en los postreros días de este siglo y los benjamines años del milenio que comienza?.
 
Evidentemente, no. Pero la respuesta no es a capricho. Dos razones empujan a ella: de un lado, porque siempre se espera encontrar un capítulo con semejante contenido incluido en el índice temático; de otro, el especial interés que históricamente suscita un cambio de milenio. Suceso al que su rareza le envuelve en un halo esotérico, propiciador de creencias populares en el advenimiento de cambios extraordinarios y acontecimientos espectaculares que, indefectiblemente, despiertan una mayor y morbosa curiosidad sobre él.” “...Aunque no se pueda afirmar con certeza que los cambios extraordinarios y espectaculares de los que antes hablábamos no vayan a presentarse, parece más probable que éstos, aún en el caso de ser muchos y sustanciales, no provoquen grandes convulsiones ni bruscas rupturas respecto a la actual configuración de nuestras Hogueras. Antes bien, nos inclinamos a creer que aquellos surgirán, como lo hacen las chispas al encuentro de la yesca y el hierro, de la dialéctica y entendimiento entre los dos polos antagónicos que, históricamente, toda celebración de tipo popular con vocación de sobrevivir al paso del tiempo, ha de tener de forma contrapesada: las inercias conservaduristas y las posturas de carácter vanguardista. De este modo, por un lado se mantiene el perfume de la esencia tradicional y por el otro, se hace eco de los cambios e innovaciones generadores de controversias y debate, que tratan de impedir su aletargamiento.”
 
Hasta aquí las palabras de Diego Zaragoza que van a servir de introducción a este estudio.
 
Cuando después de nuestro reflexionar, decidí por fin cuál iba a ser el tema a abordar, intenté encontrar una definición lo más acertada posible de la palabra FUTURO y no encontré otra más reveladora que la de “lo que está por vivir”. Por lo tanto, todo aquello que voy a exponer esta tarde no será más que aventuradas y osadas hipótesis sobre la estación próxima de nuestras Hogueras hacia ese esperado año 2000 que, por significar un cambio de milenio, se halla rodeado de cierto halo misterioso.
 
Y me voy a centrar en una faceta para mí muy importante de esta inexorable solución y que es, a su vez, la que, como Foguerer en activo que soy, más conozco y más me atañe. Me refiero al futuro de las comisiones de Hogueras que son al fin y al cabo las que hacen posible, año tras año, el milagro de la Fiesta. Así, voy a dejar de lado facetas como las estéticas, técnicas, sociológicas, etc, para incidir única y exclusivamente en el estudio de los medios que una comisión de distrito necesita para conseguir unos objetivos futuros acordes con el constante y continuo devenir del tiempo. Esos medios, desde mi punto de vista, son de dos tipos: humano y materiales.
 
En cuanto a los primeros, existe un aspecto fundamental, y es que hemos de conseguir entre todos la plena integración de la juventud en nuestra Fiesta. Debemos potenciar más si cabe las Hogueras Infantiles, incentivando día a día a los niños que de ellas forman parte, a fin de que el interés que demuestran tras su ingreso en las diversas comisiones no quede diluido por la desidia y el abandono. No hemos de olvidar en ningún caso que las Hogueras de ese tan traído y llevado año loco dependen de lo que sean, día a día, las Hogueras actuales. Nuestra es en este aspecto la trascendental responsabilidad.
 
Por otro lado, hemos de buscar también una solución a ese importante colectivo de jóvenes que, debido al constante crecimiento juvenil de las comisiones, ha quedado algo desplazado por el descenso de la edad media de los Foguerers Infantiles. Quizás la solución se encuentre en la creación de los llamados “sectores juveniles” dentro de las comisiones adultas, aspecto este que algunos distritos ya han experimentado y llevado a la práctica.
 
También hemos de fomentar la participación activa de la mujer en les Fogueres. Entre otros aspectos, siempre es esperanzador y gratificante comprobar que muchas Bellezas y Damas de Honor de los diferentes distritos, que no han tenido excesiva relación con la fiesta anteriormente pasan a integrarse en las diferentes comisiones una vez finalizado su reinado. Esto es posible en cierto modo gracias al sentimiento de igualdad de sexos imperante entre la juventud de nuestros días.
 
Pero les Fogueres no deben ser sólo juventud. Siempre hemos dicho que el mayor encanto que tiene nuestra Fiesta es el de saber conjugar aspectos netamente tradicionales y ancestrales con otros abiertamente evolutivos. Así, debemos conseguir la constante integración en las comisiones de los diferentes colectivos generacionales con sus diferentes criterios y formas de pensar. Una vez logrado este objetivo, el futuro de les Fogueres estará eternamente asegurado.
 
El segundo aspecto al que aludía era el referente a los medios materiales. Como sabemos sobradamente todos aquellos que participamos directamente en la Fiesta, un aspecto fundamental para nosotros es la forma de financiar la misma. Les Fogueres generan una gran cantidad de gastos que necesitan de otros tantos ingresos que los sufraguen. Los costes se elevan cada vez más y muchas de nuestras fuentes de financiación parecen ya demasiado repetitivas, quizás obsoletas y la mayoría de ellas absolutamente insuficientes.
 
Tal vez una forma de financiación válida y a la que tengamos que recurrir en un futuro no muy lejano sea la de las colaboraciones comerciales aunque corremos el riesgo de que sus afanes propagandísticos y publicitarios puedan terminar por convertir nuestra Fiesta en una especie de mercado, con el consiguiente predominio de lo “festivo” sobre lo “festero” y la posibilidad de perder parte del tradicionalismo inherente a nuestras Fogueras.
 
Por otro lado, dado el prestigio de que goza nuestra Fiesta, es necesario una muy activa participación de las instancias públicas de la ciudad, especialmente del Ayuntamiento cuya Concejalía de Fiestas debe asumir ciertas obligaciones y responsabilidades, una de las cuales podría ser la de incrementar las subvenciones que, si hoy día son escasas e ineficientes, en un futuro lejano pueden llegar a convertirse en irrisorias.
 
También debemos evitar que Foguerers y Barraquers seamos los artífices de una parte importante de la financiación de nuestras Hogueras y Barracas, pues a nadie escapa que de las colaboraciones de los unos con los otros surge un considerable porcentaje de los ingresos de cualquier comisión. De seguir esto así, habría que preguntarse si sería más factible prescindir de ciertos ingresos para autofinanciar nuestras comisiones como hacen otras fiestas con el consiguiente cambio de matiz que ello supondría.
 
Así, una vez en posesión de los medios humanos y materiales por parte de una Comisión, se ha de fijar unos objetivos determinados para afirmar el futuro de la personalidad de nuestra Fiesta, tradicional pero siempre abierta al progreso y a la innovación. Entre ellos podríamos destacar los siguientes:
 
1) La Hoguera. Es nuestra razón de ser y a ella nos debemos. Hay que dignificar de una vez por todas nuestros monumentos asignando una parte a determinar pero siempre importante del presupuesto para este menester. Con esto la Fiesta saldría beneficiada así como también ese importante colectivo acuciado por los problemas y al que hay que valorar y comprender como es el caso del gremio de Artesanos Constructores de Hogueras. Quizás habría que estudiar la distribución espacial de las Comisiones manteniendo una política de ayuda sobre ciertos lugares y de restricción en otros demasiado divididos.
 
2) La Cultura. Hemos de luchar por recuperar y mantener lo vernáculo o propio frente a las formas culturales foráneas, hemos de conseguir que ciertos estamentos sociales y culturales participen de forma más activa en nuestra Fiesta, que los “Llibrets” sean auténticos vehículos portadores de cultura popular y alicantina, que las proclamaciones de las Bellezas de Distrito sean dignas y renovadas y, algo que para mí es muy importante como inculcar cierta “cultura fogueril” sobre todo a aquellos jóvenes de reciente ingreso en las comisiones de distrito.
 
3) Las Barracas y los Racós. Debemos potenciar la cordial relación entre cada Hoguera y sus Barracas tradicionales pues en aquélla reside, a mi parecer, una de las claves del adecuado desarrollo de nuestra Fiesta. Hemos de conseguir que las Barracas sean “festeras”, que participen con su Hoguera en todos aquellos actos en los que sea posible y que colaboren con ella estrechamente. En cuanto a los Racós, pienso que deben ser sedes permanentes aunque eso no impide su salida a la calle durante los días de Fogueres sin que ello repercuta seguramente sobre las Barracas tradicionales.
 
4) La participación. Nosotros, los Foguerers, hemos de fomentar y potenciar este aspecto en nuestra Fiesta. Que todos los colectivos generacionales así como los diversos estamentos sociales y culturales se integren en les Fogueres, fortaleciendo así el carácter lúdico, participativo e innovador de las mismas.
 
Podríamos citar muchos más objetivos, hacer conjeturas o elaborar diferentes hipótesis sobre el futuro pero tampoco debemos aventurarnos demasiado en el túnel del tiempo por la temeridad que ello conlleva. Sigamos trabajando día a día por nuestra Fiesta, aprendiendo de los posibles errores cometidos y engrandeciendo también nuestros aciertos. Al fin y al cabo, el tiempo juzgará nuestra labor y, para el año 2000, tampoco queda ya tanto.