llibret 1994
De mi tierra.

SOBRE EL FUEGO MAGICO.
MARC LLORENTE.

 
Presenta el fuego la doble condición de la bondad y La destrucción. Por una parte, ha sido y es algo básico y necesario en el progreso de la humanidad por las muchas y útiles prestaciones de todo tipo que de él se derivan. Por otro lado, resulta elemento nocivo por sus efectos devastadores cuando surge de pronto contra el medio ambiente o en grave perjuicio de haciendas públicas o privadas.
 
Fuego divino que nace de la propia natura, pues parte es de ésta igual que nosotros lo somos. Desde los primeros tiempos, las propiedades misteriosas serían objeto de culto y veneración como un dios. Culto que fue común en Persia y en el Próximo Oriente, en Polinesia, y asimismo por los indios de América del Norte, en Japón, tribus indígenas de la América Central y del Sur, en forma de rituales y bailes.
 
Mágico fuego que llevaría a Manuel de Falla a expresar, con bellos sones, todo el misterio de sus ondulantes llamas en el siempre eterno “Amor brujo: Danza ritual del fuego” de tan seductora escucha.
 
En ese doble atributo, encontramos al fuego -y así se le valoró habitualmente-, como purificante. En el Nuevo Testamento se nos habla del fuego y el infierno: lugar de tormentos donde caen irremediablemente los graves pecadores castigados por la acción divina. Elemento purificador, en suma, como el agua (otro de los componentes fundamentales de la existencia). Alguien sostiene que el mundo finalizará con fuego como en otra ocasión terminó (?) con un enorme Diluvio Universal, enviado por la divinidad, para limpiar de toda inmoralidad y error la faz de la Tierra.
 
Esotéricamente se les denomina a las fuerzas elementales del Fuego: AGNIS y en sus expresiones inferiores salamandras, desde el Fuego místico en el centro del planeta hasta las más pequeñas hogueras, pasando por el fuego de los volcanes y de los grandes incendios. Se dice que aparecen las salamandras ante la visión clarividente como pequeñas lenguas de fuego en distintas maneras, distinguiéndose una forma vagamente humana con grandes y flotantes cabelleras de un intenso color rojo y despidiendo a través de toda su aura magnética grandes y peligrosas llamaradas rojas amarillentas. Consideradas una de las fuerzas ocultas de la naturaleza, junto con los Silfos del Aire, las Ondinas del Agua, o los espíritus de la Tierra (gnomos). Ya en el siglo XVI, un médico famoso en Europa, Paracelso, nos hablaba de estas cuestiones esotéricas y sobrenaturales que influirían posteriormente en lo referido al mundo maravilloso de los cuentos de hadas.
 
A propósito de lo dicho, rinde Alicante ahora (todos los años lo hace puntualmente) homenaje al preciado y destructor fuego, mediante su ‘Festa mes hermosa’ en la que -sobra decirlo- monumentos críticos de realidades son prendidos por la llama humeante y purificadora en el noble rito de quemar lo peor de nosotros mismos. La cita, el 24, por San Juan, en su noche mágica del “foc”.
 
En tanto, empiece la Fiesta.