llibret 1993
La Vida es Sueño.
LA ULTIMA VOLUNTAD DE UN FOGUERER.
Luis Dobón Lillo.
Los años y la enfermedad han aprisionado muy fuerte a Don Nicolás para que, recluido en
su casa, esperara pacientemente la llamada de Dios. El sabía que su dolencia no tenía
cura, porque las enfermedades tenían ya pocos secretos ante un farmacéutico como era él,
que las había combatido en el curso de muchos años desde detrás del mostrador y, cuando
existían posturas negativas, sabía que ni el mejor medicamento de su farmacia podría ya
torcer la voluntad de la muerte y así, muchos de los que fueron clientes suyos, se fueron
para siempre en ese trasvase de la humanidad del venir y del irse. Don Nicolás no temía a
la muerte pero tampoco lo deseaba y sólo dejaba al criterio de Dios que su vida se
mantuviera en el propio cauce que el destino le había reservado, de vivir muchos años
hasta que un día... Si ese indefinido día ya estaba casi definido, el médico, Don Juan,
comprensiblemente advirtió a la familia que sus servicios eran más aparentes que
necesarios y que se procurara que, los días que aún pudiera vivir, fueran lo más apacibles
y tranquilos posibles: por eso su mujer y su hija procuraban cumplir esa prestación
facultativa, que sin receta salió de la boca del doctor y ellas que lo encontraban lógico y
aceptable, procuraban cumplirla ante todo.
En aquel año Alicante vivía momentos privilegiados: al cumplirse los 500
años de ser proclamada Ciudad tenía que ser altamente positivo para
una población que, si los acontecimientos de forma clara sabían darle la
consabida gracia para destacar en este glorioso momento los deseos de
hacer algo grande era el plato favorito de todos los alicantinos y mucho
más en el barrio donde vivía Don Nicolás porque allí, justamente allí,
cumplían los 60 años de plantar hoguera en donde el farmacéutico tuvo
tanto que ver año tras año: fue secretario y después presidente para
finalizar como Presidente de Honor Perpetuo, que bien pregonaba aquel
pergamino que le regalaron cuando él, en razón de la edad, quiso ser
reemplazado por otro presidente.
Sí, un cierto problema en el hogar de Don Nicolás existía por partida
doble: su postración y el deseo familiar deque el silencio contornara su
cama, y esto último era lo más difícil de lograr: su vivienda se
encontraba en pleno calle en donde se planta la hoguera y ese lugar no
puede pecar de tronquilo, de silencioso cuando las Hogueras de San
Juan son un hecho, por ello la esposa y la hija, buscando remedios
cambiaron al enfermo de habitación por una de carácter interior y
aunque Don Nicolás quiso reclamar, quiso recordar que se encontraban
en Junio y él había sido foguerer con una presencia de muchos años:
pero su voz. su autoridad se perdió en el vacío. Ana y su hija la
señalaron que era lo que precisaba, el traslado se debía a las
instrucciones del médico Don Juan que tanto mira por su salud... Nicolás
no quiso contradecir, sabía que Dios le estaba aguardando y esas
atenciones del médico y de su familia hacia él tendrían una corta duración.
Aquel 24 de Junio era un día más para el paciente que había perdido la
noción del tiempo, ignoraba si los acontecimientos de Hogueras habían
concluido o estaban aún por realizar. La señora Ana procuraba eludir
comentarios de temas de alegría y Nicolás tampoco hacía indagaciones:
89 años era mucho tiempo para no lamentarse de vivir más y así, con
tranquilidad, concluyó la mañana de aquella fecha en donde el tema
quedó desplazado, tampoco en aquellos momentos se llegaba a oir
música alguna en la alcoba: el hermetismo con que había procurado el
balcón-galería que daba a la parte interior cumplió bien, no dejó
transpasar ni los sonidos de la música ni de los cohetes y tracas que en
plena calle existían en muchos momentos.
Cuando el sol ya denotaba flojedad de calorías y la tarde empezaba a declinar,
de pronto en el balcón-galería se oyeron ruidos extraños: Don Nicolás llamó con
voz tenue a su esposa para que ésta viera que es lo que ocurría en aquel
pequeño recinto exterior de la casa y más al suponer que el ruido no lo causaba
el viento. Ana a través de los cristales vió una pelea que entre sí tenían dos
palomas quienes deliberaban allí sus diferencias y Ana, con deseo de armonía y
de paz, abrió el balcón y ahuyentó a las aves, concluyendo así la riña que las
mismas tenían y procedieron a levantar el vuelo con el deseo de salvarse de la
mano de la mujer y cuando Ana ya pretendía cerrarlo, lo voz de su marido se lo
impidió desde la cama y con tono suplicante le dijo: “Ana, mi Ana. deja que
penetre hasta aquí ese alicantinísimo pasodoble de “La Festa del Poble” de mi
predilecto compositor Maestro Alonso... es que me recuerda mis años de
foguerer... es mi última voluntad, sí, mi última voluntad”. El enfermo entendió
que la Comisión con Belleza y Damas trataba de conceder amplia alegría al barrio
y ya no le sería posible volver a ver esao agradable comitiva porque su final
estaba muy cerca y ya Ana, como una sumisa y fiel esposa, abrió de par en par
el balcón, se sentó en una silla y dejó que penetraran en su hogar las agradables
notas de este pasodoble inmensamente foguerer y alicantino que la banda en
aquel momento hacía resonar con firmeza y entusiasmo en plena calle, con el
buen deseo de armonizar la parcela del barrio que pisaba en ese momento la
Comisión con todos sus miembros.
Curiosamente y sin proponérselo, esta banda otorgaba de forma indirecta una
satisfacción a Don Nicolás que iba, momentos después, al encuentro de Dios,
lanzando sus últimos suspiros, mientras que su Ana, sentada en su silla y muy
cerca del lecho, lloraba de pena y alegría: los dos motivos lo eran para quien
alcanzaba a complacer, de muy buena gana, la última voluntad de un moribundo
y ella misma a la vez también era partícipe de idénticos deseos, porque los
compases de “La Festa de un Poble” contenía amplio recuerdo de su ayer: vino a
estrenarse en Alicante justamente el año en que se casaron y ella una joven bien
dispuesta, del brazo de un gallardo foguerer, retornaban a su casa acompañados
de la banda que, entre bromas y entre verdades, deseaba armonizar con este
pasodoble la singularidad de un foguerer recién casado y es que sólo hacía un
mes que Dios los unió en matrimonio, pero lo Comisión de lo Foguera, quiso
suponer musicalmente que salían de la Iglesia en aquellos instantes e iban
camino de su casa, el hogar de unos recién casados y el novio era foguerer al
que se apreciaba.