llibret 1993
La Vida es Sueño.

DEL AYER.
 

 
Apuntes para una “Historia de la Fiesta” que quizás algún día llegue porque sólo hoy hay, que yo sepa, la de Paco Aldeguer, y las dos monografías de Miguel Castelló, y lo que pudiera ser “monografía o reseña” de 1933, de Ferrándiz Torremocha, y ... nada más ... que valga la pena considerar como tal. Porque una historia debe relatar hechos vividos. He aquí uno de ellos.
 
En el “reinado de D. Paco Alberola”, período 1942-1954, fué el auge de Séneca-Autobuses al que contribuyeron los bailes que vísperas de festivo por la noche, y festivos tarde y noche, celebrábamos en el bar de la Estación de Autobuses, que regentaban, en aquella época, los descendientes del Hotel Samper.
 
Inmersos en la “lucha por la pasta” andábamos, cuando recibimos un comunicado oficial del Ayuntamiento, en el que nos pedía organizáramos un “Festival-Baile” en honor de la escuadra americana que luego de los pasados conflictos bélicos andaba, por primera vez en nuestra ciudad, lo que acogimos como divino Maná, en la larga marcha hasta el logro de la Mejor Hoguera, desde el renacimiento de la fiesta, luego del parón 37-39.
 
Todo fueron facilidades, se nos ofreció el vestíbulo donde se ubican las taquillas, nadie puso pegas, nadie regateó esfuerzos, se aseguró el éxito, de todo y de todos. “Organizadores”, “Hogueras”, “Alicante”, “Marinos”, etc., y como no, de nuestro Tesorero-Contador, Tonico Misó... porque, aquí, también vale el refrán “donde no hay harina, todo es mohina”.
 
Tal regusto dejó en nosotros el lance, que, nos iba y nos venía pero faltaba la oportunidad, el motivo, para poder solicitar sin mendigar, aquel favor, que nos llovió del cielo.
 
Anunció la prensa la llegada, pasado algún tiempo, de una nueva escuadra o grupo de barcos, en visita a nuestra ciudad y, sin saber más, nos lanzamos a la lucha, pusimos en marcha los dispositivos todos e iniciamos las gestiones con el Ayuntamiento, no lo hicimos con buen pie, o el momento no era oportuno o había algo entre bastidores que no era del dominio público, lo cierto fue que se venía la fecha encima y el “visto bueno” no llegaba, por lo que buscando, buscando, dimos con quien podía favorecernos y quería, llegando a nosotros la autorización, casi simultáneamente, el requerimiento para que nos presentáramos, aquella misma tarde en el Ayuntamiento; fui sólo, aunque en lo físico llevé a un compañero, pasamos al despacho oficial del Alcalde y allí se personó también el en aquel entonces secretario D. Julio Peña, que negó el tal permiso; porfiamos, yo que sí, él que no, la polémica se fue agriando, yo lo tomé como un Pleno de Hogueras, y los de mi época saben como me ponía yo; él como “amo” del Ayuntamiento de Alicante y D. Paco Alberola tuvo que hacer de hombre bueno, como siempre fue, apaciguando, apaciguando, pero no valió el permiso conseguido.
 
Era legal, nada falso, lo que pasó fue, que cuando le pasaron a D. Paco la firma, le intercalaron el oficio por el que se nos concedía e! permiso y el lo firmó como uno más.