llibret 1991
La Porta de l'Estiu.
LA CIUDAD DE LOS NOMBRES PERDIDOS.
Enrique Cerdán Tato.
Precisamente por la cautela de los actuales investigadores más atentos a la
información rigurosa y al progreso de la ceramología tan conveniente y útil
poro lo catalogación de las antiguas culturas, el poblado del Tossal de
Manises se nos queda sin nombre o, cuando menos, con la incógnita de su
nombre sin resolver de manera concluyente.
Y eso que, en los últimos siglos, se le han otorgado diversos topónimos, es
decir, denominaciones propias del lugar, en base a fuentes literarias y
geográficas clásicas sin que tampoco se zanjara la cuestión. Se barajaron
sucesivamente: Illici que se localizó en La Alcudia de Elche; Alone carece
de avales y no se sostiene; como tampoco se sostiene Leukon Teijos ni
Castrum Album ni Loguntica; mientras que el más ostentoso y apreciado
Acra leuca (en griego, peña blanca) se nos esfuma al comprobarse que no
hubo fundación cartaginesa alguna, en nuestro municipio, y que los restos
púnicos proceden de los traficantes, cuyos naves frecuentaban estas costas.
Nos queda, pues, Lucentum como topónimo debidamente constatado
merced al hallazgo de una lápida, de fecha comprendida entre los años 176
al 80 d. de C., en la que se puede leer Municipium Lucentinum. Pero el
lugar del hallazgo, en el antiguo barranco de San Blas, propicia la tesis de
que la ciudad romana estaba emplazada en los Antigones de Benalúa y no
en el Tosal de Manises. Salta la controversia y se exponen diversos
criterios, algunos conciliadores como el que argumenta la continuidad de
ambos núcleos urbanos. Tal criterio se explica en el hecho de que, en el
siglo II de nuestra Era, el Tossal sufrió una invasión de piratas y los
habitantes huyeron unos cuantos kilómetros y edificaron sus casas en el
citado polígono de los Antigones. Sin embargo, esta explicación ofrece
muchas contradicciones cronológicas. También hay quien mantiene la
opinión de que en Benalúa sólo existió una factoría, de la que proceden los
restos cerámicos, en tanto la urbe, permanece en el Tossal, donde también
se han encontrado inscripciones que hacen referencia a Lucentum.
La aparición, apenas unos meses atrás, de un enterramiento tardorromano,
en la calle de Labradores esquina a la de San Isidro, nos proporciona
nuevas expectativas, si consideramos además que en el casco antiguo y en
las laderas del Benacantil, yo se habían hallado, con anterioridad, monedas
ibéricas, lámparas, sigillatas imperiales y vasijas de barniz negro. Restos,
en fin, que, si no son abundantes, autorizan la presunción de un
establecimiento aún impreciso.
De todos los nombres que hasta aquí se han cuestionado, tan sólo
prevalece Lucentum, con todos los pronunciamientos favorables. Ahora
bien, ¿Cuál fue su verdadero localización? . Muchos estudiosos se inclinan
por los Antigones; otros insisten en su reivindicación del topónimo para el
Tossal de Manises; y unos terceros, fundamentándose en los más recientes
hallazgos, no descartan la alternativa del casco antiguo.
En cualquier caso, las excavaciones arqueológicas, las pesquisas de los
historiadores y los progresos epigráficos y numismáticos, terminarán por
ofrecernos una respuesta aceptable. Se ha adelantado mucho en los
últimos años, y aunque el tema no está cerrado faltan unas cuantas piezas
paro solventar tan prolijo y laborioso rompecabezas.
Entre tanto, admitimos la hipótesis de que “dos ciudades principales se
repartieron el área de Aiicante, sin que conozcamos nada acerca de los
límites territoriales de cada una de ellas: una estaba situada en el Tossal
de Manises y otra en los Antigones (...). Sabemos que ambas ciudades
eran municipios, esto es, entidades urbanas de cierta categoría, con
gobierno propio según el modelo de Roma, pues así consta en varias
inscripciones encontradas en los alrededores del Tossal y en Benalúa; en la
primera se habla de douviri, esto es, de magistrados municipales, y en la
segunda de municipium”.