llibret 1990
V centenario.

UNA DEUDA PENDIENTE.
XII CERTAMEN LITERARIO: PREMIO ESPECIAL "V CENTENARIO".
Juan Carlos Vizcaíno Martínez.

Cuando el 26 de Julio de 1.990, Alicante cumpla sus primeros 500 años como Ciudad, se va a ver culminada la celebración de este quinto centenario tan especial para nuestro pueblo, hasta tal punto que su conmemoración ha quedado vinculada incluso el comentario habitual de la vida ciudadana de estos últimos tres años.
 
Indudablemente, cuando finalicen los flecos del programa de actividades puesto en marcha para tal ocasión, las opiniones y puntos de vista mostrarán su diversidad de criterio, destacando para unos el amplio bagaje de actos desarrollados, mientras que no pocos se quejarán de la escasa trascendencia de esta efemérides, más proclive quizá a una difusión llena de oropel y vacuo contenido.
 
Sin embargo. y es este un aspecto interesante que cabría resaltar a través de las diversas muestras que han compuesto esa "Memoria Gráfica" rescatada del olvido, hemos podido llegar a una serie de consideraciones verdaderamente sustanciosas sobre esa ciudad que habitamos y su pasado, más o menos reciente según el caso.
 
En esas imágenes felizmente recuperadas, hemos podido enorgullecemos, ante todo, de una ciudad de principio de siglo, provinciana y tranquila, mediterránea y luminosa, dotada de una estética plácida y llena de coherencia urbanística: unos paseos arbolados, las balaustradas de piedra, fachadas de cara al mar en la Explanada, la sencillez marinera del Raval Roig..., evocar un Alicante pequeño, pero entrañable. Algo que ciertamente ya no pueden ver nuestros ojos.
 
Lamentablemente, y en medio de tanta despersonalización urbanística, poco podemos presumir de preservar nuestro pasado. Apenas el Castillo de Santa Bárbara, los dos grandes templos de la ciudad, y la soberbia Casa Consistorial, subsisten como recuerdo palpable de un pueblo centenario y milenario. Con carácter de entorno urbanístico, bien poco vamos a vanagloriamos: la invasión de edificaciones de corte moderno, que llegó a destrozar por completo zonas como el ya citado Arrabal alicantino, intentando convertir nuestro suelo en un improbable Manhattan, han eliminado prácticamente ese Alicante que unos pocos cientos de imágenes nos ha hecho, sino añorar, porque muchos de nosotros no lo hemos vivido, sí pensar en que somos historia.
 
Pese a este desolador panorama, aún nos queda una última esperanza, un último resquicio que pervive de otra época, un reflejo de gentes humildes y poderosas: pequeñas casitas y palacetes solariegos de gruesa piedra. No cabe duda, son las calles que nos quedan de nuestro pasado: inclinadas y estrechas, en la falda del Benacantil. Es nuestro Barrio.
 
Es la última prueba, una ocasión única. Tenemos que salvar esas casas de estrechos balcones, y las calles que pisaron nuestros antepasados: un pueblo sin pasado, es un pueblo sin identidad.
 
Pese a esos pequeños intentos, a la restauración de algún rincón, si queremos que algo "de Alicante" siga entre su pueblo, hemos de lograr entre todos volver a dar vida al Barrio; a Santa Cruz, La Villavieja, El Carmen, Labradores; La Farmacia Soler; una historia diaria de vida y convivencia.
 
Y donde había vida, también existía un lugar para la Fiesta, la Fiesta que en Alicante es fuego: son les Fogueres. La "Nit de Sant Joan" de un barrio humilde, pero lleno de personalidad.
 
Ese Barrio en donde, pese a su aparente corto alcance, aportó páginas de oro a les Fogueres. se encuentra prácticamente por completo ajeno a la presencia de la gran Fiesta de Alicante, máxime en este año de 1.990, en que la única Comisión que estaba presente -Puente Villavieja-, ha interrumpido su presencia continuada desde 1.979, y existente ya desde 1.929.
 
Resulta emotivo y a la vez partícipe de añoranzas, evocar la importancia que en las hogueras ha tenido la figura del "Barrio". Como ya hemos citado, su primera muestra se sitúa en 1.929, año de fundación de la entonces Foguera de la Plaza del Puente, que con su primer monumento, obra de Gastón Castelló y Paco Hernández, introdujo el movimiento en los mismos, cosechando el Segundo Premio de aquel año. También en esta misma Plaza, en 1.944 se plantó la Foguera "Cuidado con nuestro Barrio", realizada conjuntamente por los mejores artistas con que entonces contaba Alicante: Emilio Varela, Gastón Castelló, Miguel Abad Miró, Manuel Albert, Gónzalez Santana, Daniel Bañuls, el jovencísimo José Gutierrez... testimoniando todos ellos su cariño al rincón más entrañable de la ciudad.
 
Con la llegada de los años treinta, se fundó la Foguera de Santa Cruz, para cuyo Distrito crearía Emilio Varela su célebre Foguera "Ensomit del bon alacanti" en 1.934. Poco después, otra Comisión sería fundada, la de la Plaza de Juan Poveda, posteriormente Foguera de Primo de Rivera-Camarada Maciá, y hoy irreconocible Plaza de Sant Cristófol. También, en 1.931, se plantaba la primera Foguera de la Plaza de las Monjas -hoy Monjas Santa Faz-, la única presencia viva de las hogueras que actualmente queda en esta zona.
 
En los años cuarenta, con estas Comisiones Convivió la de Carmen-San Agustín, por lo que en alguna ocasión, fueron hasta cinco las Hogueras presentes en el casco Antiguo: la Fiesta estaba viva en estas estrechas y alicantinas callejas de nuestro pasado colectivo.
 
Sin embargo, y de forma paralela al progresivo deterioro del Barrio, su reflejo en el colectivo fogueril fue haciendo mella. De este modo, ya en la década de los cincuenta, desaparecera la Foguera de Santa Cruz, fundiendo su nombre a la de Carmen-San Agustín; en 1.965 plantará por última vez Foguera la Plaza de Sant Cristófol, desapareciendo en aquellos años las Hogueras de Puente-Villavieja y Monjas-Santa Faz, y quedando la Foguera del Carmen como única, aunque eso así, relevante y significativa imagen de la Fiesta en esta zona.
 
No obstante, el regreso en 1.974 de la Comisión de Monjas-Santa Faz, y de Puente-Villavieja en 1.979, permitió albergar esperanzas en la revitalización fogueril del Barrio, que cobró un especial protagonismo en 1.982 con la vuelta a la actividad de Carmen-San Agustin-Santa Cruz -ausente desde 1.977-, la cual desde entonces no ha vuelto a iniciar el retorno a la Festa d'Alacant.
 
Por todo ello, cuando llegadas las fechas de Carnaval alicantino, o el carismático Miércoles de nuestra Semana Santa, pasando por las calles del Barrio este cobra una vida y protagonismo efímero, nace de dentro muchos alicantinos el grito interior de que esa presencia siga vigente en el devenir cotidiano de la ciudad, y una de cuyas muestras sería la vuelta al colectivo fogueril de las comisiones de Foguera que hicieron grande las calles de nuestros antepasados más cercanos.