llibret 1990
V centenario.
PLAZA DE ESPAÑA.
Ludovico Correa Lillo.
Extremo septentrional del distrito de Calderón, encrucijada de caminos en la fiesta,
que en el hoy cobija el monumento a los hombres que desde 1928, la hacen
realidad, año tras año.
Lugar donde nacen o mueren, cabalgatas y desfiles, por donde cruzan, rotos por el
ajetreo de esos días mujeres y hombres, comisionados y bellezas, pero con la
ilusión intacta de seguir y seguir, por ella y por Alicante, contra todo viento ó marea.
Lugar que todos los años debía ser meta de peregrinaciones, punto de reunión de
todos los que la fiesta hacen, en recuerdo y respeto, a los que antes la hicieron, y
desde luego no creo que desde "el más allá", nunca con agrado, vean la baja, por
no decir nula, estima que los rectores de hoy les tienen y se tienen.
y ¿por qué no?, a lo mejor, le verían crecida, al foguerer del monumento, al
estandarte que le "caparon" simbolismo de sus atributos festeros, que el poco
tiempo transcurrido no ha permitido poner, reposición que seguramente coincidirá
con el hecho de lavarle la cara a este símbolo de la fiesta, librándolo de la
ignominia a que lo someten, aquellos que "su cultura" no les permite hablar ni
escribir en castellano, ni en alicantino y solo en su jerga extraña, "importada", se
osan expresar.
Extremo septentrional de este distrito que se sumó a la fiesta en Junio de 1929, es
por lo tanto uno de los más veteranos y que en este dilatado período muy pocas
veces ha dejado de estar "presente" cuando en "San Juan" se ha pasado lista.
Concretamente los años 45, 49, 51, 57, 58, 59 y 60 y como es lógico, los años de la guerra.
Distrito pequeño en superficie, escaso en vecindario, denso y potente en comercio,
comercio al que dió vida aquel baratillo, típico "rastro” de la posguerra, donde todo
se podía encontrar desde lo insólito y superfluo hasta lo indispensable, que ha
luchado, lucha y luchará, para seguir siendo gente, en la fiesta más hermosa, la
fiesta del fuego.
Extremo septentrional que en su entorno ubica lugares muy gratos al Alicantino,
La Plaza de Toros, el Panteón de Quijano y el Paseo de Campoamor.
La plaza de Toros, lugar, hoy de parada y visita de los "Tur-Operatos" que
suman sus clientes al río humano que desde ella fluye los Jueves y Sábados, al
mercadillo de Campoamor donde se sumergen en las turbias aguas de la ganga,
de la ocasión, del colorido, y que cuando regresan al "Bus” que les espera,
contemplar desde fuera, donde "la fiesta nacional" cumple su ritual de belleza y
colorido, donde el "fogueador", lucha y muere y él, sugestionado ve, aunque allí,
en ese momento no haya nada para ver.
Y el Panteón de Quijano, recoleto jardín decimonónico que muestra en su
monumento funerario el agradecimiento de nuestros progenitores, en ese
próximo ayer, al sacrificio y abnegación de este hombre, ... así como el
abandono en que hoy lo tenemos.
Extremo septentrional del que tanto más se podría decir y que mucho más
podría ser.