llibret 1990
V centenario.

SOPAS Y OTROS CONDUMIOS DE LA PROVINCIA DE ALICANTE.
Emilio Chipont.
(Cuaderno personal).

Un Alicante magnífico el de la I Guerra Mundial (14-18). Un Alicante sencillo, al que en cambio nada le faltaba. Comenzaba un turismo casi de juguete. A la sombra del viejo Benacantil ya se refugiaban aquí, todos los veranos dos docenas de franceses y media de ingleses. Y pare usted de contar.
 
Escribía en una guía de la capital, el publicista de turno “Alicante como estación invernal, no tiene rival en el mundo: su clima es sano y apacible siempre. Sobre un sol que brilla con magnitud, todo es fabuloso, todo es bello...”.
 
Vías urbanas con nombres que sonaban a remoto se alineaban a lo ancho de la villa. Así, recordemos Aranjuez, Aves, Calera, Cano Manrique, Eliseo, Gran Vía, Jericó, Molino, Polvorín, San Quintín, Trajano, Verónica...
 
Las mejores lanas para colchones -rezaba la prensa diaria- eran de Vicente Gomis que tenía además “clases superiores de Burgos” y “miraguano de América del Sur", en Pí y Margall, 11.
 
La tienda de vinos más popular era la de Juan Botella Juan, sucesor de Mariano Botella, que además ejercían el oficio de "fábrica de aguardientes y licores de la clase superior". Era un buen rival del citado, Enrique Marimón, en Pí y Margall, 29, con los mejores claretes, blancos, tintos, moscateles, mistelas y Fondillones.
 
Paulino Capelo vendía los más importantes ultramarinos y coloniales en su tienda de la Plaza de San Cristobal, 13, con sucursal en la Rambla, 24. Casa que se había fundado en 1894.
 
El Bar "Nuevo Noe" -con los jarabes de las más acreditativas marcas y los más exquisitos vinos y licores- estaba en Plaza de Isabel II (hoy Gabriel Miró) número 16, antes de la Barbería Llopis.
 
La fábrica de turrones de Antonio López Jerez -que elaboraba dulces de todas clases, antecedentes de El Ciervo- tenía su principal despacho en el Pasaje de Amérigo.
 
Antonio Correa era el mejor taller de grabados artísticos en toda clase de metales, en Torrijos, 74. Aún no había instalado su taller en la C/ Castaños. En la sastrería Marimón, por 75 pesetas confeccionaban su mejor traje. En Calatrava, 7 -hoy Manero Mollá-.
 
El Gran Hotel Miramar, en San Fernando, 24 -frente al Victoria- había pensiones completas desde 5 ptas. Con carruajes a todas las estaciones y servicio de Automóviles y garaje.
 
El Samper, frente al mar, era el mismo tiempo concesionario del restaurante del casino, Club de Regatas, Tiro de Pichón y Circulo Mercantil.
 
La Mallorquina era -al margen de la que se instaló y pervive en la calle Mayor- una gran panadería y bollería, de Salvador Forner especialistas en pastas finas, en la Plaza San Cristobal, 7.
 
Eduardo Minguilló, en Calatrava 11, era un extraordinario taller-tienda en Calatrava, 10. La mejor tienda al mismo tiempo de objetos y cristalería de Bohemia.
 
Y el más sofisticado restaurante de la capital estaba instalado en el balneario “Diana”, -120 metros de mar adentro- en la Playa del Postiguet. En cada almuerzo o cena actuación de su orquesta.
 
La Gran Sombrería de Acevedo, que aún está donde solía, Altamira 20. Tenía un extenso surtido de sombreros de todas clases, así como gorras que entonces se llevaban mucho.
 
El Salón España situado en Balmes, Castaños y avenida de Zorrilla, poseía todos los Sábados y Domingos una gran compañía de zarzuela que hacía las delicias del público.
 
Finalmente recordemos a una casa de comidas mítica. Es la de “Rosa la Viuda”, denominada también casa de viajeros, en San Fernando, 12 que decía dar “un servicio económico, esmerado y único". Con todas las habitaciones con vistas al mar.
 
Esa es una visión de Alicante de 1914-18, la I Guerra Europea.
 
ˇLo que llovió después! ...