llibret 1990
V centenario.

UNA DIANA DE MERITO.
Cuento imaginario para la Foguera Calderón de la Barca-Plaza de España.
Luis Dobón Lillo.

Fernandito bajaba las escaleras de su casa, iba a sacar a la calle un manojo de periódicos viejos para que se los llevara el camión de la basura y con la prisa de no perderse un programa de televisión, vino a desparramar en la entrada parte de la carga, cuando precisamente entraba en su domicilio el Sr. Ganigós Ramos que le señaló amablemente ¡Fernandito que te cae lo que llevas! a la vez que se fijaba lo que había en el suelo, y pasó a requerir su atención los titulares de un Información antiguo; allí figuraba la gran tarde que había tenido Emi el jugador del Hércules, que en brillante partido marcó 3 goles a un Zaragoza muy bien clasificado, y era lógico que esta proeza figurara en la primera página. Inconscientemente el Sr. Garrigós recogió ese periódico para examinarlo, era de la época en que Emi, como un genial delantero, daba satisfacciones a la afición, y esos papeles le hizo recordar la historia del citado jugador en tierra de Alicante.
 
En aquella reunión de la Comisión de la Foguera Calderón de la Barca-Plaza de España, el Presidente vino a señalar que el azar había puesto en sus manos un periódico antiguo y ello le hizo recordar a alguien que por su azarosa vida actual, necesitaba mucho apoyo y curiosamente era vecina y no lo era del barrio y su vida bien merece que la reflejemos con los motivos de nuestra Foguera, porque creo que lo que ocurrió lo permite con amplitud. Tenía obligatoriamente que ampliar noticias a sus compañeros ante esas eventuales palabras y explicó lo que en Alicante dormía en el olvido, la figura de Emilio, el gran Emi que dio brillantez al equipo herculano, pero situó en término de tragedia su vida de hogar años después con una esposa que mereció un mejor marido y el destino no quiso concederle tal gracia y ahora se debatía en una pobreza extremada y me refiero, dijo, a esa Conchita que en un puesto en el Mercado Central obsequiaba simpatía y vendía buenos artículos que bien pregonaba su gran letrero con "Embutidos Conchita".
 
Un entusiasmo fraguó en todos los asistentes, si las Fogueras reflejan temas de crítica ¿porqué no hay temas de historia real cuando el personaje lo merece? justamente Conchita necesitaba que su caso se recordara, que se tradujera en ayudas y era muy lógico que los miembros de la Comisión supieran y conocieran algunos sucesos relacionados con el Mercado Central, por algo son vecinos.
 
Aún cuando Ernesto el artista tenía ya hechos varios dibujos de fogueras, aceptó anteponer el tema que se le hablaba, sabia que podría lograr un buen impacto de los alicantinos, la tragedia de un futbolista y una vendedora convenientemente entremezclados, más una buena dosis de ingenio fogueril le suponía al constructor que alcanzaría a dejar satisfechos a todos, incluso así mismo si el suceso y el arte sabía combinarlo bien.
 
Si alguien tenía ganas de que llegara el 21 de Junio era el Sr. Alfonso, pero no era mucho mayor que el que tenía Ernesto para iniciar la plantá y desvelar con figuras la historia de uno de tantos puestos de venta que tiene el mercado y ver como reaccionaba el público ante una página sentimental y de arte y si el destino le ofreció el argumento, Ernesto artísticamente tenía que contemplar la labor.
 
Aquel día a la Plaza de España le cabía el honor de ser el albergue de una buena Foguera y ésta a su vez, dificultaba un tráfico fluido sobre la Plaza ya que algunos coches circulaban con cierta lentitud para ver aquella belleza en criterio de todos, la Foguera tenía como figuras centrales, tres cabezas que descansaban sobre una corona de laurel. En una parte, un rostro bien logrado cubría su cabeza con un sombrero de paja que denotaba la condición de un agricultor; la otra cabeza era la de un cocinero con su característico sombrero blanco y con ello representaba a los carniceros y a los vendedores de embutidos y la tercera cabeza, era la de un pescador con una gorra lustrosa, que se entendía que este trabajador sufría mojaduras de agua de mar y agua de lluvia. Desde arriba y en forma de cascada, se veían cebollas, tomates, patatas, todas con caritas sonrientes mirando al labrador, la cascada del cocinero, a la par de la presencia de algunos pollos y lechones, con longanizas estaba formada la palabra VITAMINA C y un poco posterior las letras ARNE, que en conjunto equivalía a carne; en el lado del pescador, los peces, langostas, cangrejos, formaban la cascada de ese lado.
 
Al pie de la Foguera, se mostraban escenas del Mercado tratadas con gracia y en una de ellas Ernesto recordaba el caso Conchita y el mirar y entenderlo era todo lo mismo, un puesto del mercado con el letrero de Embutidos Conchita en donde se veía a una vendedora simpática detrás de su parada, a su lado, en otro puesto, el vendedor era un hombre y en una esquina apreciaba una telaraña, que se traducía en poca venta y en la parte superior, un letrero formado con cartas de baraja, que decía "Embutidos Conchita" y allí las salchichas que colgaban, estaban recubiertas de cartas de baraja, al lado unos jamones perdían su color de carne y mostraban la visión de naipes, incluso las losetas que formaban la parte delantera del puesto, eran cartas y más cartas... Si, con ese detalle logró Ernesto captar las simpatías de todos los vendedores y de un público porque con ello comprendían y recordaban el caso Conchita que era uno de los más tristes que habían en el Mercado Central de Alicante hacia sus años y ese drama, se sabia que seguía en curso.
 
El Sr. Garrigós Ramos y la Comisión le dieron las gracias a Ernesto porque su Foguera consiguió dar una imagen exacta, humana y real de lo que ocurre entre las paredes del Mercado y ese detalle fue muy valorado, poco después, por el Jurado para concederle, sin dudas, el Primer Premio, de las Fogueras de Alicante. Si, se la merecía en ese año lograr conjugar lo artístico con lo humano y siempre ha sido una buena combinación, a la vista estaba y más para los que recordaban, entre vendedores y clientes, el caso de Conchita como fue y en que consistía.
 
El risueño rostro de Conchita, su juventud y ese don de simpatía que tenía, quedó transformado en la existencia de varios pretendientes; ella los iba ignorando hasta que... un futbolista que fichó por el Hércules logró desbancar a los demás y consiguió casarse con ella. La decisión de boda fue rápida, ella era huérfana pero la prisa la aportaba Emilio, veía su declive futbolístico, no lograba cuajar con el equipo y temía que se llegara a prescindir de sus servicios como así ocurrió. El Hércules le dio la baja y aunque después hizo fichajes en el Orihuela, Elda, Denia, su estrella futbolera estaba tocando a su fin, Emilio que lo suponía, había pretendido asegurar su porvenir a través de una boda, con ventaja, Conchita sabía sacar adelante los gastos de la casa y mientras su marido, lo que ganaba se lo gastaba en viajes o en vicios.
 
Cuando en aquel hogar de Emilio y Conchita quedó totalmente aclarado que el ser futbolista era un tema de más perder dinero que de ganarlo, conchita pretendió que le ayudara en su puesto del Mercado, pero éste que acumulaba desgana de vendedor y añadía el de holganza, consiguió lo que se proponía, que su mujer decidiera el trabajar ella sola y con ello Emilio tenia tiempo para preambular por las calles como un eterno desocupado, es lo quedeseaba y lo había encarrilado para conseguirlo.
 
Un tiempo demasiado libre le dio ocasión de inclinarle hacia más vicios y añadió el juego de cartas, se unió a un grupo de jugadores que dejaban caer el dinero sobre el tapete como si esta misión fuera la única razón de su existencia, el jugar y más jugarse el dinero; Emilio no podía llevar ese tren de vida, pero...
 
La economía de la casa fue menguando, hasta el extremo que las desavenidas conyugales surgieron y más cuando Conchita prevenía que tendría que traspasar su puesto, como cada día tenia menos dinero, allí las existencias de artículos se iban reduciendo y con ello la clientela iba emigrando hacia otras paradas.
 
Un día Emilio desapareció y se supo que se fue a vivir a Valencia con otra mujer, el espejo de Conchita era triste, estaba arruinada por completo y como el Mercado era todo su mundo, ya paso a ser una recadera, una sirvienta de los comerciantes y se ocupaba de traerles los desayunos que le pedían, la compra del periódico, el acercarse a la farmacia para remediar dolencias de los vendedores y así lograba vivir con lo que sacaba. Sus antiguos compañeros de oficio se lo agradecían con dinero o con artículos y Conchita conseguía ganarse el sustento. A veces las lágrimas asomaban a sus ojos, se acordaba cuando ella estaba detrás del mostrador y ahora lo estaba en la parte delantera, en plan de sirvienta, y aunque su carácter amable lo seguía existiendo, el abatimiento vivió con ella hasta que contrajo una enfermedad que ya no le dejó salir de casa, los nervios agotados le quitaron el don del andar y ya vivía de los que se acordaban de ella.
 
El día de San Juan a Conchita le faltó piso para recibir a tanta gente que fue a verla, el Presidente, la Belleza y demás de la Foguera, algunos miembros de la Comisión y muchos vendedores de los puestos del Mercado, incluso hasta Ernesto se acercó a saludarla y no pudo evitar que Conchita le otorgara un enérgico beso, vio en él al salvador de parte de su Tragedia, porque ella ya iba tomando un camino del olvido y gracias a la Foguera de Calderón de la Barca-Plaza de España, le dio otro curso, el del preciso recuerdo de todos hacia ella.
 
Al concluir las Fogueras de San Juan de Alicante, en todos los puestos del Mercado Central se empezaron a vender participaciones de lotería que se la denominaba "lotería de Conchita" como llegó a popularizarse, porque los beneficios que se lograban iban destinados para aquella simpática vendedora que en un tiempo sonreía a sus clientes detrás del mostrador y ahora bien lo podía hacer desde su casa, la venta de lotería que una vez al mes se llevaba a cabo, conseguía para ella ingresos precisos para que pudiera vivir sin apreturas y pudiera retomar a su rostro la sonrisa y el mucho deseo de seguir viviendo, era el deseo de los que fueron sus compañeros del puesto de venta.
 
Si para aquella criatura la vida ya le mostraba una imagen más esperanzadora, el destino mentalizado al Sr. Garrigós y al artista, que el caso Conchita bien merecía reflejarlo en la Foguera, era ciertamente una hermosa Foguera que a la par que logró un primer premio, también en postura extra se consiguieron unos besos de una alma agradecida tanto el Presidente como el Artista cuando Conchita los tuvo ante sí, en prueba de su eterno agradecimiento, desde ese año hasta siempre.