llibret 1990
V centenario.

CASTILLOS DE FUEGOS ARTIFICIALES: LUZ, SONIDO Y COLOR.
Miguel Angel González Hernández.

Esta aproximación anecdótica a las fiestas alicantinas, pretende mostrar uno de los aspectos de mayor brillantez de las Hogueras de San Juan, los castillos de fuegos artificiales.
 
Lo que se ha pretendido mostrar, es que los fuegos artificiales son un elemento secundario de la fiesta, que acompaña a la misma para darle un toque de esplendor, en la oscuridad festera.
 
En otro tiempo se valoraban más éstos, al no existir la luz eléctrica, la noche alicantina era encendida de repente con el estallido del castillo de fuegos artificiales. Estos fuegos artificiales están en las fiestas alicantinas, en un segundo plano, pero siempre han estado presentes en la historia de sus Fiestas.
 
Los fuegos artificiales son un aditamento de la Fiesta, desde hace tantos siglos que no podemos precisar cuando comenzaron a utilizarse por primera vez. Sabemos con certeza que la llegada de la pólvora a España -elemento indispensable- se debió a los árabes, en el siglo VIII, los cristianos tendrían que esperar hasta el siglo XII, para conocer la composición de la pólvora a través de los escritos de Alberto Magno, que tradujo numerosas obras de los árabes. Siempre se ha difundido la idea de que los chinos fueron sus inventores, esto esta cada vez menos claro, ya que las últimas investigaciones apuntan a que el continuo contacto entre chinos y árabes, posibilitó la asimilación de los chinos de la composición para la fabricación de la pólvora, al contrario que los árabes cuya utilización era simplemente belicosa.
 
Ejemplo de ello en las guerras, tenemos constancia de su utilización por parte de los árabes, en 1261 en el sitio de la ciudad de Niebla, reinando Alfonso X el Sabio. Poco después en los asedios de las ciudades de Orihuela y la propia Alicante, en 1331 tenemos la evidencia del empleo de una primitiva artillería que sorprendió a los oriolanos y a los alicantinos.
 
La primera referencia dentro del ámbito mediterráneo sobre la utilización de la pólvora en las fiestas, la conocemos a través de Valencia en donde curiosamente encontramos una prohibición en 1412, instando a los valencianos a no dejar por las calles los llamados cohetes corredores o "borrachos", tan peligrosos para la población, sin duda estos primeros cohetes serían muy similares a las actuales carretillas.
 
De la misma ciudad tenemos el empleo en diversas fiestas, del disparo de cohetes en masa hacia el cielo, lo que serían los primeros castillos de fuegos artificiales organizados.
 
El empleo de la pólvora en las fiestas, da lugar a la fabricación de los cohetes por parte de los maestros coheteros, en esa época denominados "ingenier de foch"(1). Un ejemplo claro de castillos de fuegos artificiales alicantinos fueron los que se llevaron a Denia, con motivo de la visita de Felipe III en 1599, que tenía costumbre de pescar atunes en la almadraba. Alicante trasladó sus fiestas a Denia, ofreciendo al monarca “certes invencions de foch"(2), se lanzaron numerosos cohetes desde lo alto del castillo de Denia, y varios castillos desde plataformas instaladas en el mar, como era costumbre hacer en los días de fiesta en la ciudad de Alicante.
 
Los cohetes empleados variaban entre estas tres modalidades: “los cohetes chisperos” utilizados para arrojar chispas luminosas, los “cohetes tronadores” encargados de hacer ruido, de producir efectos de sonido, y por último “los iluminantes” –los más frecuentes- encargados de iluminar con su colorido la noche.
 
Como puede apreciarse, aunque hoy en día la tecnología ha hecho su entrada en la forma del disparo de los cohetes, lo cierto es que la esencia y composición de los cohetes es la misma de hace siglos.
 
El empleo de tanta pólvora para los castillos de fuegos, como en las anteriores fiestas, hizo que Alicante se planteara la construcción de un depósito permanente de pólvora en la ciudad, no sólo para la fabricación de cohetes sino también para la defensa de la ciudad.
 
Durante el siglo XVII conocemos la existencia de la llamada "Torre de la Pólvora"(3) situada al lado de la ermita del Socorro, en el Arrabal Roig, y de la Casa de la Pólvora en las laderas del Benacantil, muy próxima a la iglesia de Santa María. De estos almacenes se sacaba la que se utilizaba en las fiestas, que suponemos que debía de ser mucha si tenemos en cuenta, que en 1691 en el fatídico bombardeo francés de la ciudad, ésta no pudo defenderse en condiciones debido a la falta de pólvora(4); a esto hay que sumarle la prohibición de 1707 a todos los valencianos de la utilización de pólvora, debido al excesivo consumo sobre todo en la confección de castillos de fuegos artificiales, ya que era frecuente su disparo incluso en fiestas religiosas como la del Corpus. En Alicante debían de haber siempre cerca de 4.000 Kg. de pólvora.
 
Durante el siglo XVIII, los castillos de fuegos artificiales los vemos aparecer unidos a cualquier fiesta que se hiciera en Alicante, se solían disparar al final, como anunciando su terminación, como en Hogueras. En este sentido podemos observar la fiesta realizada por la subida al trono del rey Luis I en 1724, en donde se inicia la misma con una misa en la Iglesia de San Nicolás, procesiones de las autoridades alicantinas y comunidades religiosas, salida de los gremios de la ciudad y sus carrozas, luminarias en todas las calles -consistentes en colocar atadas con cuerdas a lo largo de las calles, velas, candiles de aceite para dar luz a la ciudad en las noches festivas-, corridas de toros, celebración de moros y cristianos con desembarco en el puerto, y como punto final los castillos de fuegos artificiales, que tenían dos escenarios: por un lado, se lanzaban desde un llano, y por otro, desde plataformas instaladas en barcos dentro del mar, aprovechando la luminosidad de los reflejos del mar. Era también bastante frecuente el lanzamiento desde los edificios más altos de la ciudad, como las cúpulas de la Iglesia de San Nicolás, o desde las terrazas del Ayuntamiento -costumbre que ahora ha derivado en el disparo desde el castillo de Santa Bárbara-.
 
En las fiestas comentadas de 1724, se utilizaron 10 quintales de pólvora repartidos de la siguiente manera: 7 quintales (equivalentes a 322 Kg) para los gremios, y 3 quintales (138 Kg) para los maestros coheteros, encargados de confeccionar los castillos de fuegos artificiales. Los maestros coheteros recogían la pólvora de los depósitos de la ciudad, tras la presentación de notificación hecha por los jurados (concejales) de Alicante. Así, comenzaba una fiesta que previamente había sido anunciada a golpe de tambor y clarín, en las principales plazas de la ciudad: plaza del Mar (hoy del Ayuntamiento), Plaza de Elche (hoy Portal de Elche) y Plaza de San Cristóbal (hoy en el mismo sitio) (5).
 

NOTAS:
(1) Carreros Calatayud, F. "Fiestas Valencianas..." 1949
(2) Archivo Municipal Alicante (AMA) Arm. 1, lib. 75, fol. 215
(3) Ramos Hidalgo, A. "Evolución Urbana..." 1985
(4) Ofts i Bosch, P. "Alicante..." 1971
(5) AMA Arm. 10, lib. 23, fols. 228-295