|
Alicante esta noche purifica la imagen de aquelarres remotos y elegías profanas. Somos depositarios de una historia de sangre, ángeles inconcretos que enrojecen sus alas. mis ojos han besado consonantes sonoras, amigos que me amaron una mañana, rostros felices como el sueño de niños que se ignoran. con un juguete nuevo que nadie le compró, una aguja dorada que se clava en la sangre y sólo así supimos que existe el corazón. hacerme hoguera nueva por callejas y plazas, ser ave migratoria que vuelve cada otoño arrastrando en las olas el color de otros mapas. de viejos pescadores a la orilla del mar, aquellas damas nobles del color de los lirios que alzaban en los ojos la noche de San Juan. figura equilibrada, claro rostro extendido. Hoy cruzo estos rincones y el corazón me suena como golpe violento de piedras en racimo. ĦOh inmensas lejanías en lenguas silenciosas! ĦOh locura de labios abiertos! ĦOh muchachas honestas como vírgenes y bellas como rosas! mi corazón se sale por la boca del campo. Nada importa que el tiempo marchite nuestros rostros y en los árboles secos no se posen los pájaros. mi conciencia, descubre con la luz de tus ojos caminos verdaderos, el vértigo amarillo que limpie cada día la pena de mi rostro. de hogares jubilosos colgados en la historia! Sube eructo de orillas mojadas. En el aire se diluye pureza de cigüeñas remotas. |
Yo confirmo esta noche de San Juan, compañeros, que somos como un fuego retenido entre sombras, que hay que exprimir el alma lo mismo que un sendero y saltar cada noche sobre cada derrota. manojos extensibles de lenguas victoriosas, corazones que estallan y salpican por dentro, rebelde inteligencia confusa entre la sombra. la presencia curvada de un amor genitivo. ĦQué innatas posesiones! ĦQué equilibrio de altura! ĦQué hermosa puerta abierta buscando su motivo! columnas esenciales con majestad de púlpito. Los levantinos muertos, la noche de San Juan, se sientan como dioses a la orilla del mundo. en piedras milenarias que retienen ruinas. Hoy saltan como anfibios las llamas al espacio y Dios dibuja en ellas su gran fotografía. levanta regocijo, metáforas redondas. Mi mente se derrama como un desorden bello, como una inundación de sonidos y formas. recorren estas calles que alargan sentimientos, piedra vieja colgada sobre el pecho del agua por la cual se desliza la serpiente del tiempo. labios que nadie sabe si confiesan o cantan, corazones fraternos donde gira la tierra lo mismo que una torre sedienta de campanas. labios amordazados en fuego de esperanza. Hoy cruje entre los dedos el cráneo de la historia mientras los pies definen la dimensión de un mapa. |