llibret 1988
Alicante: 60 Anys de Foc.

X CERTAMEN LITERARIO.
Premio MEJOR OBRA EN PROSA.
Lema: Brindis metafísico por las Hogueras de Alicante.
Autor: Manuel Terrín Benavides.

1
 
En las hogueras de Alicante, lo soñado, un arrebato del corazón, labios rojos para darle belleza a las palabras, miradas que descuelgan melodías hasta el hombre que fuera frente al fuego radiante un paso interrumpido.
 
En las hogueras de Alicante, revienta soledades de sangre la amapola que habita unas mejillas: gaviotas del alba que hacia la mar se inclinan, ascendente antuvión cuando morir todavía no es verbo.
 
En las hogueras de Alicante se hace la tentación como de guinda, derrama pisotones de luz en el espíritu -murmullo de existencia multiplicada- y es de penetrar lo ajeno, descoyuntar penumbra, la vida más de flor.
 
En las hogueras de Alicante, las mariposas arden, late barro profundo, despiertan bruscamente alfaguaras dormidas.
 
2
 
Hogueras de Alicante: aposento de miradas gozosas, de labios que se yerguen como volcanes vivos, lluvia resucitada en el cabello seco de tardíos crepúsculos, en el polvo cansado de túnicas viajeras que arrastran los latidos de palmeras piadosas.
 
Frías moles augustas, alto orgullo de imperios lejanos, gloria y muerte, los dioses no meditan, arrancan de la noche sumisiones gestantes, luces que sobrepasan lo inmediato.
 
Así, las hogueras de Alicante, dotadas de su aliento, se anteponen a la sombra consagrando crepúsculos. Sus rayos acarician el pelo femenino de ocultos horizontes, corazones que emergen como un lázaro frío de su propia expresión resucitado.
 
3
 
Aquella hoguera parecía una mujer copiosa, casi bíblica. Aposento de palmeras y playas silenciosas -barbacana potente-, su cabellera lenta despertaba pasiones verticales, un navegado silencio de caderas suspendidas.
 
No importa que su tronco fuera adelgazando hasta quedar en nada. Era la sincronía de las calles y las plazas hinchadas, alta como una torre, conductora de rebaños de barcas.
 
Era la hoguera de la Plaza de España.
 
Aunque el viento del sur le mordiera la nuca, ella, madre redonda pandeando perfiles, jamás arrodillaba la voz.
 
¡Cuánta ternura rezumaba -pasión de eternidades- aquella hoguera grande, veranda alicantina!.
 
Pescadores rojizos, tumbados bajo su fuego, parecían un parto de loba vegetal, confusiones esbeltas.
 
¡Qué augusta, qué gentil!. Sólo los niños, miedosos, incapaces de besarle los rizos de la frente, inventaban historias increíbles cada noche de San Juan.
 
Aquel cabello oscuro, durísimo, lejano, provocaba en su mente borrascosas imágenes.