llibret 1988
Alicante: 60 Anys de Foc.

EL MUÑECO DE LA HOGUERA.
Luisa Bernabeu.

 
Me contaron unas amigas lo que ocurrió hace unos años, y es lo siguiente:
 
Había un matrimonio con dos hijos, y vivían muy felices.
 
Pasó el tiempo y nació una niña; la felicidad era completa.
 
Todos estaban contentos con la chiquilla, los hijos, ya mayorcitos, la adoraban, era la pequeña de la casa y jugaban con ella y la complacían en todo. La nena era muy bondadosa y les correspondía con la misma simpatía y cariño.
 
Así fue pasando el tiempo.
 
Al poco de haber cumplido los cinco añitos, y de resultas del sarampión, la nena no se encontraba bien, comía poco y su carita, antes sonrosada, estaba pálida, no tenía ganas de jugar con sus hermanos que no sabían qué comprarle: muñecas, juguetes, para alegrarla.
 
Todos estaban muy preocupados por ella.
 
A pesar que los médicos les daban esperanza, la nena cada día estaba peor. Por orden del doctor la sacaban de paseo con el fin de distraerla.
 
Así llegó el mes de junio, nuestra fiesta de Hogueras.
 
Los padres y los hijos en el coche la llevaron a recorrer las calles. Iba un poco contenta y contemplaba entusiasmada los muñecos, como ella decía de cada Hoguera.
 
En una de ellas había un muñeco que le llamó la atención, era la figura de un chiquillo más o menos de su altura; lo miró fijamente y dijo: Yo no quiero que quemen ese muñeco.
 
Siguieron el paseo, la nena repetía: Yo no quiero que quemen ese muñeco. Al día siguiente la nena no se levantó. Amaneció con fiebre y repetía una y otra vez: Yo no quiero que lo quemen, yo quiero ese muñeco.
 
Los dos hermanos se miraron y tuvieron la misma idea.
 
Era el día 24 por la noche, se tenían que quemar. No lo pensaron más. Salieron sin decir nada y se encaminaron hacia la Hoguera donde estaba el muñeco, y saltando la cuerda que la rodeaba, lo cogieron. Un guardia los detuvo preguntando por qué hacían eso, que ya eran mayorcitos y tenían que respetar las cosas. Ellos, casi llorando, le explicaron al guardia los motivos. Este se fue con ellos a su casa para hablar con sus padres. Antes de entrar los chicos le dieron el muñeco diciendo: Entre usted, con él. Al verlo la niña se incorporó diciendo: Señor, yo no quiero que lo quemen. ¿verdad que no lo van a quemar?
 
El hombre estaba emocionado pues tenía dos hijitas.
 
- No, pequeña, dijo al fin, este muñeco es para tí.
 
- Gracias, señor, muchas gracias.
 
Los padres no sabían que decir, pero el guardia les dijo: No se preocupen, yo lo arreglaré todo, este muñeco ha sido indultado por su hija.
 
Han pasado algunos años. La chiquilla se recuperó y aún conserva el muñeco de la hoguera, como ella dice, al que le tiene un gran cariño, pues no puede olvidar la compañía que le hizo cuando estuvo malita, y, además, quiere conservado por dos razones más: por el cariño de sus hermanos y por la bondad y comprensión del guardia que, a partir de aquella fecha, fue amigo de la casa.
 
Los padres sonreían satisfechos dando gracias a Dios por tener tres hijos tan buenos.
 
Esto es lo que me contaron, resulta aleccionador, un tema lleno de encanto, de poesía y amor.
 
Esto, amiguitas y amiguitos, va dedicado con mucho cariño a vosotros, y os animo a que sigáis colaborando con entusiasmo por nuestra fiesta alicantina, “Las Hogueras de San Juan”.
 
Un beso para todos.