llibret 1987
Nuevos Tiempos.
LA HOGUERA: PUNTO DE ENCUENTRO.
Enrique Cerdán Tato.
Como en las grandes estaciones o en los aeropuertos internacionales o en esos almacenes
laberínticos y abigarrados, la hoguera es una señal, un punto de cita y encuentro, un estímulo
para el coloquio, el comentario y la comunicación, en suma. La hoguera conquista el barrio, lo
revitaliza, lo pone de gente hasta la bandera. Y cumple así una función social de notable interés.
Siempre ha mantenido la opinión de que la calle no se resuelve en tránsito apresurado, sino
que alcanza entidad de medio informativo y de lugar para el recreo o, cuando menos, para la
charla. La gasificación de los vehículos y un oscuro temor acrecentado por la exageración del
rumor, frecuentemente, han liquidado casi el uso de la ciudad: la plaza, la vía pública, el
bulevard. El atractivo estupefaciente de la TV cadyuva también a fortificamos en el domicilio y
a abandonar la cálida y antigua costumbre de la tertulia, en medio de las aceras, de la práctica
activa de la vecindad. Por estas y otras varias razones, nos hemos retirado a nuestros muy
particulares refugios, en silencio y como asustados. Sin duda, han variado los hábitos y somos
ya más infranqueables, más austeros de palabra. La incomunicación impera y resignadamente
recibimos mensajes ajenos, fríos y distantes.
Por todo ello, se me figura la hoguera como un poderoso clarín que nos llama y nos invita,
periódicamente, a congregamos en torno a una celebración colectiva: la del fuego y la de la
voz recuperada. Por unos días, el espacio urbano se hace multitud, juego y convivencia. Algo,
en fin, que debería ser cotidiano y permanente.