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Allá a últimos del año 1927, cuando el iniciador de nuestras Hogueras, D. José Mª Pi y Ramírez,
expuso en Alicante su idea de que aquí en la “terreta” y dada nuestra afición por el fuego y nuestra
alegría por todo lo festero, se podría fijar en una fecha determinada una fiesta similar a las Fallas
que se celebran en Valencia, los alicantinos y sobre todo la juventud de entonces, acogió con gran
entusiasmo y valentía la tarea de llevar a cabo tal sugerencia. No obstante acordó se la dotase de
un algo diferente que reflejase en sí el verdadero sentir y carácter de nuestro pueblo.
¿Fecha? Si de fuego se trataba ¿qué mejor que el 24 de Junio, día de San Juan? En esta misma
noche y desde tiempos primitivos, se rendía culto a este elemento. Era noche de embrujo y alegría y
se cantaba y bailaba alrededor de las hogueras que delante de todas las casonas de la huerta
alicantina se encendían. Así pues pusieron afanosamente manos a la obra. Comenzaron sin regatear
sacrificio ninguno a esparcir la buena nueva. Además de invertir gran parte de sus ahorros en la
empresa, diariamente y en las horas que su trabajo habitual les dejaba libres, subían y subían pisos
y más pisos por elevados que estos estuviesen. No hay que decir que por aquellos años se podía
contar con los dedos de la mano los edificios que en Alicante disponían de ascensor, por lo tanto no
había otro remedio para alcanzar las alturas que ir escalando peldaño tras peldaño. Así iban
llamando de puerta en puerta, mendigando los 25, 50 céntimos o rara vez la peseta como
cooperación del vecindario a la Hoguera de su distrito. Si hoy en día cuando ya nuestra fiesta es un
gozoso hecho, hay desgraciadamente muchos remolones que a pesar de disfrutar de todo cuanto de
bueno ella nos proporciona, niegan su aportación a la misma, ¿cuántas veces no bajarían estos
“Quijotes” con las manos vacías y además insultados si lo que aquello pretendían solo podría
tratarse de un sueño?. Pero no por eso los ánimos decayeron y contra viento y marea por fin y
como se lo habían propuesto, en 1928 se plantaron las primeras “Fogueres”. Pocas, pero bien.
Cada Hoguera se trajo su respectiva Banda de Música. Se contrataron en los pueblos inmediatos y
como no habían fondos suficientes para pagarles la totalidad de su desplazamiento, se les abona
solamente su trabajo y costo del viaje. En cuanto a la manutención y alojamiento, los músicos
fueron repartidos en los hogares de los mismos que formaban la comisión, donde se les atendía y
trataba como huéspedes distinguidos, ofreciéndoles comida y la mejor habitación de la casa.
De esta forma y paulatinamente nuestra fiesta de Hogueras fue levantándose arriba poco a poco,
pero parece ser que en aquellos primeros años algo le faltaba a juicio de un grupo de amigos. Estos
vivían tan intensamente estas fechas, era tanta y tan grande la alegría que sentían en su interior al
contemplar por fin su Foguera plantada, ver su Alicante bonita, engalanada, visitada por tanta
gente, que puede decirse que estos días les quedaban pequeños. Apenas paraban en sus
respectivas casas y solamente ansiaban estar juntos, disfrutar del bullicio de la calle, hablar de los
festejos organizados, hacer partícipes a todos los visitantes de su contento.
Y así las cosas, ni más ni menos pensaron en formar un sitio de reunión donde poder estar
noche y día mientras durasen las fiestas y desde donde poder mostrar a todo el que les viese
esa enorme dicha que sentían dentro de ellos. No lo pensaron mucho “¡Ché! ¡Aunque siga una
barraca!”. Y dicho y hecho. Alquilaron unas barandillas de los antiguos balnearios que entonces
se plantaban durante el verano en el Postiguet, unas sillas de las que usaban en el célebre cine
público que se montaba en el paseo Soto y unas cuantas tablas que les cedieron en un horno
cualquiera, se hicieron un pequeño corralón. ¡Eso sí!. La portada representaba lo que habían
acordado o sea la copia exacta de una barraca, la barraca valenciana. No en vano los
alicantinos ¿cómo no? y aunque con pocos motivos para ello, nos hemos sentido siempre hijos de Valencia.
Y ahora otra duda. ¿Dónde ubicarían este armatoste que se habían montado?. Después de mucho cavilar,
decidieron que el sitio más idóneo para ello sería la misma Avda. de Alfonso el Sabio. Delante de la
Cafetería Abril. Al estar cerca del Mercado, era la zona más frecuentada por el público y por otra parte,
además de ser un punto muy céntrico, siempre contarían con dicho bar como abastecedor en caso de apuro
y también con unos servicios para casos de emergencia (que todo había que prevenir). No había más que
hablar y como el grupo de amigos sumaban treinta y uno y el año era 1931, la bautizaron con el nombre
de «Barraca Els trenta ú».
Una vez decidido ya todo, el día 21 de junio de 1931 se plantó la primera “Barraca” en
Alicante. El contento, las ganas de juerga y unas cuantas botellas de aguardiente absenta para
fresquitas “palomas”, otras botellas de vermut, varios vasos y dos garrapiñeras, una de
horchata y otra de agua cebada, servidas diariamente para invitar a todos cuantos se
acercaban por allí, hicieron el resto. Ni ese año, ni en todos los años que esta “Barraca” se
plantó, se repartieron vales ni nada parecido. Todo aquel que pasara por ella sabía de
antemano que estaba invitado. Siempre estaba a punto para el que lo desease una dulce
“palometa”, “canariet”, “carajillo”, vermut, etc., o bien un buen vaso de horchata o agua
cebada si el calor apretaba, todo acompañado por sus correspondientes tapas o rollitos
morenos, según viniera mejor la cosa.
No hay que decir como aquella innovación fue el disloque. Por allí pasaron durante esos tres
días casi todo Alicante y provincia. Todos los componentes de la “Barraca” eran muy conocidos
y téngase en cuenta que no exagero, porque en aquel entonces la totalidad de los alicantinos
puede decirse formábamos una misma familia.
Así pues todos los visitantes fueron agasajados y además, por si alguien olvidaba el “visiteo”,
durante los días que la “Barraca” estuvo plantada, a las doce horas del mediodía los
“barraquers” dispararon tantos cohetes como ellos eran o sea treinta y uno. Estos petardos o
lo que fuesen, eran de tal potencia que Alicante tembló todo y era como un aviso para que
todos los vecinos recordasen donde sus amigos les estaban esperando.
Cundió el ejemplo y al año siguiente se forma la “Barraca Els Goriles”. Estos se adelantaron y
ocuparon el sitio de la anterior, por lo que ésta tuvo que cambiar su emplazamiento a la
esquina de la calle San Vicente, donde ya se plantó todos los años que siguió en la fiesta. De
esta forma, y así sucesivamente, han ido naciendo cada año más y más peñas decididas a
engrandecer nuestras fiestas. Hoy día han alcanzado tal nivel que ya no solo cuentan las que
se plantan en Alicante sino que son ya muchos pueblos por los que aprovechando sus fiestas
nos imitan en ello.
Sin las “Barracas”, las “Hogueras” no cabe duda en nuestros días constituirían asimismo un
grandioso exponente de arte y belleza, pero carecerían de ese toque de alegría y animación
que les confieren las primeras y nuestros jóvenes no las vivirían con la ilusión que hoy las viven.
Es por esto el que yo quisiera, con estas modestas líneas, ofrecer como un pequeño homenaje
a aquellos pioneros “barraquers”, que con las cenizas de sus treinta y un cohete, dejaron
rescoldo en el que se han ido encendiendo nuevos brotes de entusiasmo, para el logro de
nuestra finalidad que es el conseguir que nuestra “terreta” brille cada vez más por sus ya
tradicionales fiestas.
Quisiera recordar el nombre de todos ellos, pero era yo entonces muy niña y mi memoria me
falla. Entre los pocos que yo recuerdo fueron:
Rafael Llopis, “Paxaire”
Rafael Corona, “El Peixcater”
Rafael Costa, “El Coixo”
Rafael Villaplana, “Felete”
Andrés Fernández Serrano, “El alcalde”
Rafael Valla, “Llobarro”
Tonico, “El Fuster”
Bartolo, “El Fuster”
Demetrio, “El Sastre”
Guillermo, “El Guarda Moll”
Rafael Blasco, “de Hacienda”
Manuel Baeza, “Cabot”
Pepet, “El Ferroviari”
Paco, “El de la Tabacalera”
Esteban, “El Electricista”
Jaime Cortés Chaumet, "el de la Plaça”
Vicente Botella Carratalá, “El Mestre Rellotger”
Gadea, “El Metge”
Vicente Botella, “El Ferreter”
Tomás Ramón Asensi, “El Teixidor”
A todos estos y a los otros, que a pesar mío he omitido, mi mayor agradecimiento. Sobre todo
al último con el que tuve la más íntima relación, puesto que fue mi padre. A él, mi padre, le
debo todo lo que soy y tengo. Me dio su nombre que tantas puertas me ha abierto en todo
momento. Me enseñó a amar las cosas bonitas que tiene la vida, amistad, flores, niños,... y
sobre todo me legó un sinfín de amigos y este gran cariño y admiración que siento por mi
Alicante y por todo cuanto esté relacionado con nuestra bellísima fiesta. “Nostres Fogueres”.