llibret 1986
Día y Noche de la Fiesta.

UN FOGUERER SIN FICHAJE. (cuento imaginario de humor).
Luis Dobón Lillo.

 
Tenía que haber iniciado su actividad a mediados de Mayo la Comisión de la Foguera Calderón de la Barca-Plaza de España; ya casi se había iniciado la cuenta atrás para alcanzar la plenitud de les Fogueres, de ese esperado 24 de Junio que tanto les decía y les alegraba; así pues, comenzaron a celebrarse cada dos por tres para ir deshojando esos capazos de problemas que tenía la Foguera y que parecía que surgieran como un pozo sin fondo. Todos tenían la vista fija en el termómetro económico del saldo disponible, había que alcanzar una temperatura conveniente, huir del frío que supone la visión de un saldo corto para afrontar pagos y aunque se habían captado donativos considerados de salvación, de últimas horas, éstos no iban cargados de muchos ceros en la parte derecha; en lo demás todo igual, el vecindario daba lo mismo de siempre, a veces un poquitín más pero sin quemarse los dedos y en cambio los gastos, emparejándolos con el nivel de vida, de un año para otro, no eran los mismos; hasta el humilde pincel subió de precio y es un objeto muy indispensable para pintar la Foguera y así, con un etcétera largo, era lo que les hacía hervir la olla, de las preocupaciones a todos los miembros de la Comisión.
 
Alfonso el Presidente estaba preocupado, Salvador también, Fernando meditaba mucho y Vicente no había como digerir los problemas múltiples que iban mostrando la cara y es que el plurito, el amor propio, también contaba; si en el año pasado lo hicieron bien y en el anterior quedaron maravillosamente, en este año la Comisión de la Foguera Calderón de la Barca-Plaza de España tenía que dar nuevamente su do de pecho, no cabían tonos menores; por ello había que echar toda la carne en el asador y era una misión de todos el que se lograra. Se precisaban muchos anuncios y... se hicieron los que se pudieron en el Llibret, sin olvidar que gravitaba el posible fallo de cobro de alguno de ellos. Alguien propuso recurrir a casos extremos, que equivalía a tratar de sorprender a determinadas personas con el nombramiento de Foguerer de Honor y que éstas a su vez sorprendieran a la Comisión con un buen donativo y ¿Por qué no?, dijo Antonio, ¿es que no hay calor foguerer en Alicante antes de que se plante y se queme nuestra Foguera?. Sí que los hay, le respondió Salvador, pero están racionados; y le aclaro con simpleza, si cogemos a uno, ya será una victoria y si cogemos a dos seguro que serán dos victorias, las matemáticas no fallan; el fallo está en que declinan el honor y con él su apoyo a la Foguera y así, unos y otros, estaban tanteando problemas con un sistema que no había sido aún patentado por nadie pero a ellos les iba bien; los problemas sencillos se los repartían como buenos hermanos de la cofradía fogueril y cuando había un problema gordo, un peso pesado, entonces entre 4 ó 5 de la Comisión se liaban con él y trataban de dejarlo fuera de combate; allí el “todos a una” era muy efectivo y lo ponían en práctica tan pronto como hacía falta.
 
Ciertamente existía una buena moral en Antonio, en su carácter de Secretario; ya había incluido, como apuntación circunstancial, en la partida de ingresos el Premio a la mejor Foguera y los demás tuvieron que considerar esa partida como incobrable y no precisamente por el lado moroso, el pensamiento económico iba más rápido que el pensamiento contante y sonante, o sea, en condición de ya cobrado. Sí, y algunos lo pensaron, hay gente atrevida o soñadora que cuando empuña el bolígrafo, sin ser un arma, hiere la moral de los compañeros; no hay mala fe, cierto, solo un exceso de buena fe que parece que no es lo mismo.
 
Una noche a principio de Junio, tuvo que pasar a la historia fogueril como la Noche Triste; Hernán Cortés la tuvo en Méjico y los corteses caballeros que forman la Comisión de la Foguera Calderón de la Barca-Plaza de España la tuvieron en Alicante. Las cuentas no salían, los problemas sí y ésto, unido a un tremendo error de cálculo, en el local de la Foguera aparecieron en las mesas menos botellas de cerveza que miembros acudieron y ya no era cosa de ir por más botellas para cubrir faltas, andaban faltos de tiempo, por ello se resolvió de la única forma posible, racionando la cerveza, a menos de botella por personaje: sacaron previsoramente el libro de reclamaciones por si alguien quería exponerlo gráficamente en plan de queja o de anécdota y como los males no vienen solos, parecieron que las almendras saladas estaban rancias; uno de ellos enfadado y desencajado vocalmente señaló a título de humor: ¡Nada, tan buenas las almendras como los altramuces en dulce!; la candidez se dejó ver en un compañero al señalar, que él no los había comido nunca y no podía establecer comparaciones... Las risas taponaron el inconveniente y como se les hacia tarde, acordaron levantar la reunión, levantar el vuelo y mañana será otro día.
 
La reunión siguiente se hizo con el más breve tiempo posible; los temas a clarificar tenían más calor, les Foguerers estaban más cerca y se tenía que poner las cosas en orden; precisamente había que realizar un contacto más directo con Timoteo, un cobrador de emergenrcia que lo habían fichado hacía tres meses para el cobro de los morosos de los anuncios del Llibret, más un toque directo a los vecinos que tenían el lema, mencionado ya demasiada veces en el curso del año, de la retórica palabrera “vuelva en la próxima semana”. Timoteo ya tenía hechas algunas entregas de efectivo, demostrando que la eficacia iba con él tal como prometió, de que yendo a pie a gestionar cobros, la cosa iría sobre ruedas, no se le escaparía ningún vecino, hasta inclusive en una demostración de genio señaló que si era preciso embargar muebles se haría. Al ver en Timoteo esos ardores de cobranza, ya le aconsejaron emplear el sistema “entre Pinto y Valdemoro” o sea ni pegar fuerte ni pecar por flojo, pues era conveniente evitar el éxodo de vecinos, largándose a otros barrios para evitar el quemarse en éste de la mano de un activo cobrador. El Presidente, educadamente le dijo que se precisaban los vecinos para buscar su apoyo económico, dejándolos respirar en economía y con el consejo de que “Roma no se hizo en un día, pero se quemó en una noche” ya le dieron a entender a Timoteo una precisa moderación, se podría atornillar algún vecino atrasaillo, pero sin pasarse de rosca, y éste viendo el clima, prometió reducir el tirón de riendas como se le pedía.
 
Un día la reunión de la Comisión se hizo apresudaramente, a arrebato como si dijéramos en plan guerrero; el tema que se trataba era que Timoteo había hecho unas participaciones de un billete de lotería que le trajo un primo suyo, que era camionero, según dijo ante todos, de una administración de Madrid y las había vendido entre los vecinos del barrio que visitaba para cobrar las cuotas, en algunos bares y transeúntes que les cayó simpático el número que les ofrecía. Timoteo, en un alarde paternal marcadísimo, como queriendo favorecer a todos, colocó sus participaciones de lotería allá donde pudo y en ese número había tocado la centena del segundo premio, y Timoteo no podía pagar a nadie; un extraño incendio de la instalación de un flexo había quemado una parte de un buroncito que tenía en su casa y allí, en el primer cajón guardaba el billete de lotería que el fuego transformó en ceniza. El vecindario no creyó el suceso, quería cobrar y por tal razón esa reunión era a manera de un Tribunal de cuentas al que tenía que acudir Timoteo a justificar actitud.
 
Cuando acudió a la cita, se le mencionó que estaba prohibido el hacer participaciones de lotería por su cuenta, que eso era un menester de la Foguera; “conforme, dijo Timoteo”, pero como Uds. no la hicieron en el mes de Mayo por olvido o falta de tiempo, yo para tener entrenada a la clientela las había hecho yo y lo hecho “hecho está” respondió de forma decidida; le invitaron a que fuera por allí su primo el camionero para que dijera de que administración de Loterías había comprado y formular la oportuna reclamación. Timoteo, tratando de esquivar el bulto, demostró largas nociones de geografía y a la vez engrandecer las cualidades de la parentela y dijo que su primo era muy trabajador, pero que mucho, por ello era difícil localizarlo porque al ser camionero siempre está de ruta; conocía que por estas fechas se encontraba en Alemania, es Stutgart para ser exacto, cargando quesos que tenía que llevar a Holanda; en Holanda tenía que cargar harina de pescado para Italia; de allí, si no hay huelgas, cargaría pasas de Corinto y las tendría que llevar a Francia; en Francia lo estaban esperando para cargarle de miel de abeja que debe transportar honradamente y sin probarla hasta... ¡Al infierno!, dijo uno de la Comisión en plan enojado y Timoteo seriamente puntualizó: “pues sí, a mí no me extrañaría que llevara algún viaje de carbón... como tiene manías y es tan trabajador...”. Nada, había que matarlo o dejarlo estar y le puntualizaron que ellos serían completamente ajenos a la cuestión de la lotería, que Timoteo toreara en solitario a los vecinos que querían cobrar.
 
Timoteo soltó su opinión, que en su criterio tenía toda la razón y a ella se acogía y pasó a exponerla: El había ido detrás de los vecinos durante meses y bien estaba que ahora fueran los vecinos detrás de él hasta que se cansaran, como se cansó él y al ver interés en sus palabras creció en oratoria y en genio y en tono enojado preguntó: “¿ Y ustedes qué hacen con el dinero que yo les entrego de los cobros?”. La respuesta era lógica, con ella se paga al artista de la Foguera y creciendo en carácter les dijo: “luego Udes. están quemando el dinero que yo les doy y los vecinos también lo admiten y ahora no quieren creer lo que me ha ocurrido a mí, no quieren creer que les Fogueres de Sant Joan de la zona Calderón de la Barca-Plaza de España han empezado un poco antes, justamente en mi casa; este mundo si se dice que es traidor es porque hay viviendo en él muchos traidores; si queman Udes. el dinero el día 24 de Junio, todos conformes, si se me quema a mí el décimo un sábado después del sorteo ya no están conformes; ésto es un atropello que me hacen todos, sin vehículo desde luego, pero un atropello al fin y al cabo, un humilde gastador de suelas de zapatos, cuando remontando pisos, los unos no te pagan, otros se excusan, los menos te sueltan el perro y yo a soportarlo todo por una humilde comisión que me la requetegano y ahora hay dudas en mi honradez, yo que en el servicio militar no les regatee nada, hice el servido todos los días hasta alcanzar la licencia, yo que le devolvía a una señora un duro que se le cayó al suelo, yo que nunca he entregado en las liquidaciones a la Comisión ningún billete falso y cuando alguien me lo ha dado yo,. por mi cuenta y riesgo, lo he cambiado para poder liquidar a Udes. hasta el último céntimo en moneda de curso legal, yo... “No pudo continuar”, uno de la Comisión rompió a llorar y ya dejaron de escuchar las tristezas vocales de Timoteo y trataron de calmar al compañero, lo que consiguieron después de invertir su tiempo para lograrlo, y entonces visto el panorama, el Señor Alfonso apresuradamente dijo: “sin más que tratar, sin nadie más que llorar y sin más penas que contar, se levanta la sesión”.
 
Timoteo, con buenas artes para tapar aquella mala arte, logró apaciguar a los vecinos con nuevas loterías en las cuales honradamente sólo añadía un 10 por 100 de recargo y consideraba a fondo perdido y compensatorio, ese 10 por 100 que le faltaba para ser el 20 por 100 que admitía Hacienda en fraccionamientos de Lotería, cuya autorización le había sido concedida y publicada en el Boletín Oficial... Bueno, la fecha no la recordaba, pero tenía el documento junto con los billetes de lotería, todo guardado en el otro extremo del buroncito de su casa, justamente en la parte que se salvó de la quema, porque si los demás, en un momento determinado, no se fiaron de él, en justa correspondencia él tampoco se fiaba del lado quemado del buroncito. Si, oratoria nunca le faltaba para lo que fuera y hasta dejaba entrever una sinceridad muy sincera, él no tenía confianza en los juegos de azar y no compraba lotería ni de la suya propia; tal vez si alguien se atreviera a ofrecerle lotería, sin recargo y que fuera un número que a él le gustara... Aquí también se le tenía que dejar porque Timoteo era..., un Timoteo al que hay que echarle de comer aparte.