Te voy a contar, Alfonso, un retazo lejano de esa historia viva que tú, como los que te
precedieron, continúas escribiendo con tu buen hacer por la fiesta de les fogueres, en ésa
tu calle Calderón de la Barca. Aquella mañana de julio, tu calle, cual otros tantos días,
tenía ese familiar tono vecinal, turbado un tanto por el vocerío de los verduleros que
alternaban su pregón, con la toma del 'cantueso' o 'paloma' que sabían paladear
pausadamente enfrente, en ese bar-mesón 'El Chufa' que existió junto al estanco. Casas
más abajo, al inicio de la calle, las amas de casa se proveían de aquellas populares judías
de El Barco o del buen bacalao inglés, en la tienda de D. Leandro Galán, que titulaba
pomposamente "Ultramarinos La Española". Las féminas se contaban cabe el mostrador
desde el sarampión del niño, hasta el "como está hoy la vida" mientras el grandón del
dueño les atendía con exquisita amabilidad. Calle arriba por la misma acera, a sus horas,
mañana y tarde los obreros de la luz ponían su nota azul de mono en la calle, frente al
portalón del edificio de la Compañía de Riegos de Levante. Recuerdo a aquél capataz
Bento da Cruz, un portugués de silbante y durmiente habla, con sombrero pajizo, que
dejaba ver su amable sonrisa teñida de argénteo diente. Y en la fachada tan sólo tres
letras metálicas, grandes, tintadas de blanco, azul y algo de rojo: C.R.L., letras que
jugando con el signo político de entonces, dejaban suponer a muchos, decir Círculo
Radical Lerrouxista.
Algo más arriba, frente a esta acera, vivía asomada a su balcón la tía Paquita de la
Vigrana, de las más antiguas del lugar. Dos puertas más arriba lo hada la señá Frasquita
algo emparentada con la anterior que distinguía su casa con un cartelón sobre cristal
negro, en el que se leía "Profesora en Partos". Más de una vez al repasar la casa y
llevado de mi candidez, pregunté a mi abuelo: ¿Que enseña esta maestra...?. La
pregunta nunca obtuvo concreta contestación para mis cortos años.
Y enfrente, Alfonso, en la misma esquina al caer la tarde, siempre estaba apostado
-¿has oído hablar de él?- Amaro, Con su blusa merina, su sillón de mimbre, y ese su
chicoleat a las mocitas que calle arriba, calle abajo, andaban presurosas al trabajo:
-"Xiquetes... pero qué bocniques esteu". Y así era feliz ese bonísimo hombre, todo un
símbolo de simpatía de la calle Calderón. Más arriba, la Escuela Modelo que regentaban
aquellos hombres a los que llamaban "laicos", Franklin y Lincoln Albricias. Y enfrente la
bien surtida mercería "La Valenciana" en donde modistas y sastresas, entre otros,
adquirían sus botones, cierrepolleras, presillas y algodón para sobrehilar y también las
colegialas que aprendían a bordar compraban aquellos famosísimos ovillitos de la “Dalia”
de brillantes azules, oros, y carmesí. Esquina arriba de la Escuela Modelo, asomaba a la
calle la herrumbre de un portón de hierro, el del huerto de las hermanas Rosario y
Remedios Botella al que se entraba por la calle de San Vicente. Y en la Plaza de España
se ubicaba el Circulo Republicano Campoamor, en donde las noches sabatinas se
encendían de carcajadas con la gracia de Paco Baró, Juan Martínez, Antulio Sanjuán y
otros, que nos deleitaron con sus comedias valencianas, en el pequeño teatrillo que él
se improvisó.
Alfonso, ésta era tu Calle de Calderón, exactamente en el año 1932 y en sus primeros
días del mes de Julio. Y en aquella mañana que te relato, un foguerer díjole a otro: “- Ja
saps, demá a les vuit, en La Valenciana”.
Y ese demá fué el 6 de aquel mes, Por la tarde, cuando ya Joaquín Ferrer su propietario
y Ramonet, el dependiente que luego casaría con Lluiseta la filla d'Amaro habían
despachado a la última cliente, la tienda vino a ser el lugar idóneo, para la junta
convocada por la comisión para los vecinos todos, según rezaba en el manifiesto
repartido casa por casa. El presidente Sr. Pérez Hurtado dio cuenta de sus gestiones que
ahí finalizaban y encareció apoyo a la nueva comisión conforme se leía en el citado
folleto... "puesto que esta fiesta ha llevado el nombre de nuestra querida terreta hasta el
último rincón de España, siendo asimismo un motivo para propagar las bondades de
nuestro sol y de nuestro suelo..."
Las cuentas diáfanas de aquella honesta comisión se hicieron públicas. No sé Alfonso si las
conoces, mas para que sacies tu curiosidad, te detallaré algunos de
los pagos e ingresos que en ellas figuraron. Con un
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poco más de un billete de los de hoy de 5000 pesetas,
bastó para zanjar airosamente el ejercicio, pues fueron exactamente 5192,85 Ptas., las
que ampararon el ciclo festero, incluidas en ellas un saldo a favor, de la anterior comisión,
que aportará 517,55 Ptas. La Banda de música del Palamó, que tocaba mañana, tarde y
noche en los conciertos callejeros, tan solo cobró 1200 Ptas., y un poquito más, 1700
pesetas, costó la foguera que construyó Juan Esteve, con el lema de "República Triunfant"
a tenor de la recientemente estrenada República.
La Belleza y Damas, siempre atendidas con esa delicadeza que os caracteriza, recibieron a
más de bonitos regalos, muchas atenciones e incluso refrescos, pero la verdad es que no
fueron muy exigentes las chicas, ya que 74 pesetas sencillamente ascendió su partida de
gastos, y otras 70 pesetas se anotaron para el coche que las llevó al Casino. En tracas y
castillos de fuego, la comisión no regateó petardo alguno y quemó 625 pesetas que se le
abonaron puntualmente al pirotécnico José Vera. Pero los manes de la República en
marcha, exigían ser dadivoso con los necesitados y los sin trabajo se llevaron su pellizco
de cada hoguera. La comisión de Calderón de la Barca contribuyó con 25 pesetas. Cinco
duritos y así se hacía patr¡a. Es curioso que otro gasto lleve el concepto de "donativo a la
Familia de José María Py" fundador que fuera de nuestra fiesta sanjuanera, y que falleció
el 15 de Marzo del mismo año de estos hechos, tuvo que recurrirse a la caridad de la
familia festera, para allegar fondos en su favor. Fueron asignadas 35.45 pesetas que
percibió su esposa Doña Mercedes González y Gutierrez.
De otra parte, diremos que no debía andar muy católico el estandarte de aquella
comisión puesto que según rezan los papeles, la operación de cirugía estética a que fue
sometido, con aditamentos de cintas, crespón y demás, ascendió la cuenta 33.20
pesetas, cantidad algo más alta que la que percibió el vigilante de la hoguera que cobró
siete pesetas diarias con un total de 21 pesetas hasta la noche de la crema.
No sé Alfonso, cómo te responde cada vecino en la actualidad pero estimo que cincuenta
y tres años atrás, daba más y mejor. Según mis datos fueron por parte de ellos 3.220
Ptas. las que aportaron, lo que equivalía a groso modo, a un 65% del presupuesto. Ah! No
olvidaré decirte que el llibret, por su publicidad inserta aportó nada más ni nada menos
que 170 pesetas. Y si ahora, querido Presidente Alfonso, la Santa Lotería obra milagros en
el presupuesto de esta época, direte que en aquel año 1932 no era en verdad la panacea,
pues con 371,75 pesetas poca fiesta se hubieran podido dar.
Como resumen, cerraré estas cuentas consignando que si los ingresos sumaron 5192,85
pesetas como queda dicho, los gastos cubrieron la cifra de 4668 pesetas, por lo que esa
noche la comisión reunida, dejó como saldo a su favor para la nueva la no despreciable
cantidad, entonces, de 324,85 pesetas.
Y esa misma noche formose la nueva comisión, con casi la misma sangre de la anterior.
Como presidente quedó nombrado Vicente Arnau; Vicepresidente, Jaime Ayala; Secretario,
Manuel Marín; Tesorero, Joaquín Ferrer; Contador, José Sellés; y como vocales José
Bertomeu, Diego Ferrer, Daniel Sánchez, Manuel Llopis, Carlos Campos, José Pérez,
Lincoln Albricias, José Orts, Vicente Riera, Francisca Sala e Isidoro Sánchez.
Dieciocho hombres que pondrían su entusiasmo y nota humana en el curso de su
cometido, para que este distrito de tan brillante palmarés, continuara oreando su
nombre en constante triunfo.
Cuando finalizó la junta, pasaba el último tranvía de la noche a esa endiablada velocidad
conque solían dirigirse hacia cocheras relampagueando el trole en lo alto, pintado de
azul palidísimo, el amarillo y rectangular cajón de las cuatro ruedas. Enfrente mismo, a
través de los ventanales de la Escuela Modelo, se dejaba filtrar una victoriosa marcha de
pífanos y tambores que los educandos, ensayaban disciplinadamente, y bien pareciome
que esa marcha, la dedicaban afectivamente a esos hombres recién impuestos de sus
cargos de foguerers, pues a mi juicio Alfonso, son dignos de esos honores que a los
héroes corresponde.
Así fue querido Presidente, aquella mañana-noche del 6 de Julio de esta histórica foguera....
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