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donde quema la llama soberana, pájaro que decora mi ventana colgado en la dulzura de su trino. caliente entre los labios. La mañana me ha dejado en la boca una manzana saturada de zumo femenino. tu concordia. Alicante. Tú eres centro, yo orilla receptiva en tu regazo. pero encendiste aquella hoguera y dentro sentí del corazón tú aldabonazo. quebrada en dimensiones de estatura, lluvia resplandeciente, abreviatura de borrasca, sedienta enredadera en circulo feliz. Amor, ribera donde beben los pájaros, locura de ceñirse la luz a la cintura con rito de velero y de palmera. del sentimiento, joyas, melodía dormida en el silencio de una casa. que enciende no sé quien para que vibre y derrame su lengua cuando pasa. circunscrita en el ojo de la vida, pero la hoguera merece una vida como ofrenda. donde anuncia Alicante la salida del sol. El corazón es la medida del hombre. su motivo y su leyenda. manto redondo en mesa de fracasos, espigas bajo rueda de molino. subían estas llamas y mis pasos aplastaron la escarcha del camino. |
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como acaricia el polvo de una puerta donde no llama nadie. ¡Oh la playa abierta que se queda en mis labios sin orilla! de tu tren. Sombra errante, entonces muerta, con tu hoguera sublime, se concierta y hace saltar luciérnaga amarilla. un duplicado impulso de existencia resucitada, gestación sonora. arrodillar la noche en tu presencia y esperar el regreso de la aurora. suspendida en la llama de tu pelo. Quiero besar lo eterno cuando el cielo cierra ventanas y en tus ojos queda flotando. Cara y cruz de tu moneda quiero ser, oblación de terciopelo, tus llamas que provocan un revuelo dé pájaros en gozo de alameda. Mi cuerpo, rescatado del olvido, se mece alrededor de tu armonía. A través de este fuego compartido siento, Alicante, reventar el día. |