llibret 1985
Los Pueblos, el Fuego, su Folklore.

UNA FOGUERA DE "MADE IN ALICANTE".
Luis Dobón Lillo.

 
Pese al calor que hacia pues en aquel 21 de Junio se estrenaba con valentía el verano, Don Gabriel se frotaba las manos con entusiasmo, aún suponiendo que ello le daría más calor a esa parte del cuerpo, pero el motivo era sencillo, grandioso y muy traducible a un gran gesto de alegría: la Foguera Calderón de la Barca-Plaza de España, en donde él era Presidente, había concluido la plantá y ya las retinas de Don Gabriel no se cansaban de mirar y admirar desde todos los ángulos posibles, aquel monumento de madera y cartón que el artista había realizado con una gran aportación de ideas, buen gusto y colorido, que ya solo faltaba la presencia de un Hada para dar vida a aquellos muñecos que tan perfectos se lograron. Don Gabriel no cabía en sí de gozo y más al recordar que el motivo de la Foguera se lo había sugerido él al propio artista, en su día, con diplomacia sin presionarle por su cargo de Presidente; bien acertó a decirle como un cuquillo muy cuco que en el Mercadillo de Campoamor, en donde hay tanta presencia de moros y que era un vecino a tenérsele en cuenta de una Plaza de España, era un coto de caza para lograr buenas ideas y que con éstas, convenientemente tamizadas y ordenadas, bien se podía lograr un tema moruno original y muy apto para nuestra Foguera; el artista al comprobar tal posibilidad, fue anotando motivos de aquí y de allá en esa vecina parcela del Mercadillo y el feliz resultado era evidente, la Foguera acusaba un cúmulo de gracias que ya los vecinos empezaban a expresarlo sin secretos y Don Gabriel con su propio criterio, en cuanto la miró desde las cuatro esquinas, no pudo por menos el romper el protocolo fogueril de estrechar la mano y al parecerle poco, se acercó al artista y le estampó un sonoro beso en una mejilla; el entusiasmo le hizo olvidar que ese gesto corresponde a un saludo árabe, pero ciertamente no era culpa suya que un repentino impulso a estilo moruno le diera por expresar así su satisfacción y su saludo al creador de la Foguera. Si, la Foguera era toda una imagen moruna rincón por rincón y en la parte superior 4 danzarinas sostenían entre ellas una alfombra mágica en la que estaba sentado un moro con síntomas de turista, una cámara toma-vistas colgaba de su cuello y con unos prismáticos, se servía de ellos para contemplar con ojos desorbitados, las imágenes al pie de la foguera que le representaban el homenaje de Alicante a los valores morunos de su tierra: detrás llevaba enganchada una pequeña alfombra -remolque en donde llevaba bártulos de viaje y entre ellos gorras de los países que iba visitanto-. Don Gabriel en cuanto captó el murmullo vecinal de aprobación, orgulloso como un pavo real, se fue a su casa a darle el parte a su esposa Concha, que era un alma femenina foguerera cien por mil desde su infancia, pues llegó a alcanzar en su día el título de Belleça de Foc Infantil de Alicante y al crecer la pasión fogueril seguía con ella; Concha al oir aquellas agradables noticias se puso contentísima, dejó todos los quehaceres de la casa, se arregló y a los pocos instantes estaba en la calle para gozar de una panorámica envidiable, una espléndida foguera, la que ese año ofrecía a Alicante el distrito Calderón de la Barca-Plaza de España con una circunstancia muy agradable, ella era justamente la Esposa del Presidente de esa Comisión.
 
Al día siguiente los miembros de la Comisión iban de secretillo y para entonces Don Gabriel sonreía en una mejilla, la otra la tenía en tensión; el motivo lo justificaba; el Jeque árabe Ben Ito Amet Johnson caprichoso por sus millones y en cierta parte por la sangre norteamericana que corría por sus venas, había llegado a Alicante en su yate y en cuanto vió la Foguera de Calderón de la Barca-Plaza de España se enamoró de ella como un colegial, la belleza de sus figuras y el tema de la foguera le puso de inmediato en movimiento el cerrón de sus caprichos; la quería comprar al precio que fuera y de salida ya ofreció por ella 12 millones; al notar cierta indecisión subió la oferta a 15 millones y con un brillar en sus ojillos de que daría aún más. Juan el Tesorero hervía de gozo, por fin había posibilidad de que en sus apuntaciones foguereras los números rojos se perdieran de vista, su vecino Daniel también mantenía un clima de alegría, pues al ser comerciante ya entendía una ventaja muy buena, que de lo que costaba 3 se podría sacar 20 millones y así, los miembros de la Comisión de la Foguera vivían aquel  22
de junio con un clima caldeado; los más eran partidarios de venderla, Don Gabriel no se inclinaba ni en un sentido ni en otro, esoeraba que el Espíritu Santo le diera un medio alumbramiento en su cabeza para saber lo que convenía hacer sin defraudar al vecindario ni poner en entredichos a su persona en la condición de Presidente; las reuniones, que se hacían a dos por tres no concluían, el Jeque Ben Ito Amet Johnson insistía y más cuando ya creía tener segura la compra al elevar su oferta a 20 millones.
 
Nicolás que actuaba de relaciones públicas, de sopetón pidió la palabra y triunfalmente comentó que ya tenía la solución y era la que precisaban ellos; desde luego dijo, habrá que invertir algunos miles de duros, pero si se cobran 20 millones esos duros pasan a ser menudencias; el silencio que ocasionaron sus palabras le permitió ampliar el diálogo y prosiguió con el mismo tono: Como un primo mío es de la Comisión Gestora de les Fogueres y miembro muy activo de la Comisión del indulto de ninots, será cuestión de pedirle que él y sus compañeros, cuyo gesto agradeceremos espléndida-mente, indulten uno por uno a todos nuestros muñecos y por tal razón ya no se puede quemar, el vecindario lo comprenderá y nosotros aceptaremos ese fallo como un honor y entonces la foguera, en lugar de ir al museo se perderá por el camino e irá a parar a las manos del Jeque Ben Ito Amet Johnson y al año que viene en este barrio haremos una foguera de historia, con 10 que saquemos a los vecinos y un poco que pongamos nosotros; alguien por curiosidad quiso saber la palabra “poco” a cuántos millones ascendía y la respuesta fue convincente, sobre unos dos o tres millones, porque lo restante, descontando las gratificaciones de quienes nos ayuden a conseguir el indulto de nuestra Foguera, el resto debe ser repartido entre los miembros de ésta Comisión que ha logrado unos beneficios por una venta de cartón pintado en una zona que el tema del comercio está en casi todos los bajos de las fincas... un prolongado aplauso recibió a aquel improvisado orador a quien Don Gabriel aportó unos tenues aplausos; él era el cabeza visible y si llegaran a enterarse los vecinos, rodarían cabezas empezando por la más gorda y eso le preocupaba mucho... pero mucho...
 
Don Gabriel no tenía en carácter hermético ni reservado ante su mujer, por eso en cuanto llegó a su casa y al comprobar que su mujer estaba cepillando una prenda, al verla ocupada entendió que era el momento de desvelar parte del secreto y como un anticipo de lo que le iba a contar a continuación, le señaló a grandes rasgos la “posible venta de la Foguera a un Jeque árabe” y no alcanzó a decir más; un cepillo tirado con fuerza vino a estrellarse en la zona del ojo izquierdo y pese al dolor que tenía, sus orejas también alcanzaron a oir de su Concha una descarga de palabras que airadamente señalaba en voz alta: "ya iré yo escarmentando a esa cuadrilla de pillos de la Comisión que quieren engañar a todo el vecindario, empezando contigo y terminando hasta el último". Gabriel, sin atreverse a quejarse, pero muy dolorido, atajó de inmediato con voz de barítono bajo: "Concha, mi Concha sólo quería gastarte una broma", su mujer ya apaciguó el tono de voz pero dejó entredichos que ella daría sus pasos para averiguar más detalles y puntualizó: "ni moros, ni los americanos ni nadie del mundo tienen bastante dinero para comprar una Foguera de Alicante pagada por un honrado vecindario".
 
El ojo izquierdo de Don Gabriel estaba amoratado y después de una cura casera que llevó a cabo su mujer, la solución tenía nombre de gafas de sol y no hubo otra alternativa mejor para disimular ese estallido de genio de Comncha y Don Gabriel, tratando ya de recobrar ánimos, se lanzó a la calle en busca de los miembros de la Comisión a los que en secreto y uno por uno les fue disuadiendo de la imposible venta de la Foguera Calderón de la Barca-Plaza de España al Jeque árabe y a todos lo dijo en parecidos términos: “un gesto así sería traicionar al vecindario que confía en nosotros y seguro que nos daría mal de ojo, sin olvidar que estará siempre muy mal mirado por parte nuestra y mayormente por los vecinos si algún día se enteran” y concluía mirándolos fijamente a través de los cristales de la gafas de sol en un tono ya más bajo: “estoy segurísimo que es así tal como le digo y tal como lo veo”.