llibret 1984
Flechazos.

VI CERTAMEN LITERARIO.
Premio en PROSA.
Título: "ALICANTE BAJO EL AMOR DEL FUEGO".
Autor: Manuel Terrín Benavides.

Mira las calles de Alicante: son venas sin pudor, prados cubiertos de corazones, una suma larga de tacto equivalente. ¡Oh la energía motora, la que cobra bajo el fuego su amplitud y a través de un intercambio se diviniza!. ¡Oh parques como puerta de sabores, aquí, cundiendo de aroma mientras la transparencia se hace beso!.
 
El que ama es más él. Nadie lamente esos bultos que avanzan iluminados en la fosforescencia de la noche. Llevan dentro del alma un luminoso emjambre de avispones sagrados, chapoteo de profusión.
 
Por el fuego se entienden.
 
Brindemos a los labios, a su anhelo contra los pozos, a las cabelleras dispersas como ofrenda de almohada que ablandan la razón.
 
El tiempo azota rostros tratrales, alza los sarcófagos hasta la piel, pero las hogueras de San Juan suben entre sombras y duplican impulsos.
 
Suben las llamas en libertas, como lenguas sin dios, sin muerte expresada, conducidas por la historia. Yerra la teoría en esas lenguas que transportan los mensajes desde la orilla al centro del mundo. Ellas renuevan la inagotable lumbre que se agarra a los sentidos como pulpos de cobre.
 
Los pueblos saben que son porque el fuego existe.
 
¡Oh pálpito, oh desorden venturos de imágenes e ideas!. Ya no hay muerte maligna que diluya lo concreto.
 
¿Destino oscuro?. No. Bellas bandadas de mariposas, profusión de manos abiertas al horóscopo, columnas acumulando historia sobre el tiempo.
 
Las Hogueras de San Juan son un compromiso de victoria, un pasmo brusco que rebasa espacios, profunda claridad cuando la noche fluye como un borrón de equivalencia.
 
¡Aleluya de amor!. Bendita sea la danza, la concordia de la carne que derrama en el fuego una consigna y evita que lo puro se deshaga.
 
Huid de aquellos cuyos corazones son un reloj cansado que se atrasa, más no de los que levantan la hoguera como un símbolo de vida, nunca del fuego que profundiza imágenes creadoras.
 
Mujer alicantina que este día llevas sobre tu pecho el símbolo del fuego, del mar y la palmera, cuando ya no llevaras en la frente coágulos de sombra donde anida el deseo y la balada de tus labios oprimiera la tierra que nos codicia, aunque fueses saliendo de los días felices, yo te cantaría con el ímpetu de las camelias adheridas a la abundancia de los sueños.
 
Muestra ahora tu sombra bordad de vencejos, la que lenta resbala por la serpiente del amanecer, esa sombra que nadie ha podido enterrar. Muestra tu hoguera poblada de nostalgia y de dioses con mirada de hortensia, tu hoguera salpicada de luciérnagas fosforescentes, el lago de tus ojos donde los sueños caen como goterones sentimentales de una lluvia nocturna.
 
Mujer alicantina:
 
Cuando ya no estrenara gorjeo la mañana de tus pájaros íntimos, cuando ya el balanceo de la hoguera no copiara tu cuerpo, privilegio vestal o piedra blanda masticada por un dios indeciso, yo le cantaría a la risa que prolonga tus dientes más allá del esmalte, a tus pómulos que rompen cada tarde el equilibrio de las palmeras, a tus rodillas donde palpita el nylon y la vida se anuncia.
 
Se comprende el arrobo, el Dios que tuvo necesidad del fuego. ¿Donde iniciar la vida si no es aquí, bajo la llama generosa?. ¿Cómo pueden amar la noche aquellos que nunca han sido sombra?.
 
Todo a su sentimiento lo reduce quien ama, el que alija dentro de su dichoso monasterio el alba que desmorona constelaciones, la polifonía de las Hogueras de San Juan donde se ensanchan alrededores de existencia.