Lema: Fantasía.
Autor: Pablo González Santos.
Era el día 22 de Junio antevíspera de la luminosa noche de San Juan. Me había tenido que
desplazar a Benidorm por un asunto profesional, y regresaba en coche con mi amigo Fernando.
Como quiera que él proseguía viaje a Elche, me dejó en la Explanada. Subí por la Rambla
respirando con fruición el fresco aire de la noche. El reloj marcaba las dos y cuarto. Estábamos en
la madrugada del día 23. La Rambla estaba profusamente iluminada, pero totalmente desierta.
Empecé a sentirme incómodo en medio de aquella soledad. Sin motivo justificado, acudió a mi
mente el recuerdo de la bomba de neutrones. Ese artefacto que mata “limpiamente” a los
habitantes de una gran ciudad, dejando intactos los edificios. Daba la sensación, de que una de
esas bombas había hecho impacto en Alicante, y yo me había salvado por estar ausente. Procuré
pensar en otra cosa.
Cuando llegué a la altura del Mercado, mi preocupación aumentó, pues no había visto a una sola
persona desde que me despedí de mi amigo. Aceleré el paso. Quería llegar a mi casa lo antes
posible. A mitad de la calle Calderón, vi a un grupo de personas a lo lejos que marchaban en mi
misma dirección. Estaban a unos doscientos metros por delante de mí, y hasta mis oídos llegaba el
eco de sus voces. Apresuré la marcha, pues tenía necesidad de compañía. Aquella soledad me
oprimía de forma brutal. Alcance al grupo cuando éste llegaba a la esquina de la plaza de España,
y mi sorpresa fue indescriptible. Quedé paralizado. Un fuerte escalofrío recorrió mi espina dorsal.
No eran seres humanos. Se trataba de un grupo de “ninots” que habían abandonado sus
monumentos de cartón, cobrando vida y movimiemo. Al desembocar en la plaza, fueron recibidos
efusivamente por los “ninots” de la Hoguera Calderón de la Barca-Plaza de España. Estaban todos
en pie sobre la acera en torno a la Hoguera. Me situé en la esquina del Panteón de Quijano, y
desde allí presencié aquella escena, mezcla de pesadilla y aquelarre. El “ninot” que parecía llevar la
voz cantante, se dirigió a sus compañeros en tono demagógico. Les hablaba exaltadamente.
Con vehemencia. Por los comentarios que hacía, comprendí que tenía un gran conocimiento de
Alicante, adquirido, según él, por los comentarios escuchados a sus antepasados. Todo cuanto
había aprendido de este pueblo y sus costumbres, se lo debía a los datos que le habían trasmitido
todos los muñecos salidos del Reino de la Fantasía, desde que se instauraron las alicantinas Hogueras.
Terminó su disertación aludiendo a la necesidad que había de mejorar la ciudad. Entonces
comenzó un espectáculo dantesco. Comprobé aterrado, cómo aquellos “seres” se repartían los
puestos claves del Municipio, y de los Centros decisorios de la población. Primeramente eligieron al
Alcalde. Siguió la designación de Concejales. Luego diversos “ninots” recibieron sus nombramientos
de Directores en Organismos tradicionales. Un muñeco bastante corpulento, fue investido como
Presidente del Hércules C. de F., y al agradecer la confianza que habían depositado en él, prometió
ascender el equipo a Primera División. Yo anhelaba que pasase por allí algún ser humano, para que
fuese testigo junto a mí de aquella escena alucinante. No pasó nadie. Me dio la sensación, de que
yo había sido condenado a ser el único ciudadano que presenciase el reparto de poderes que
estaban haciendo los “ninots”. No sé cuanto tiempo duró la escena. Lo último que recuerdo es que
sentí un intenso vértigo. En torno mío, todo comenzó a dar vueltas. Noté que me derrumbaba.
Cuando abrí los ojos me encontraba en mi cama. Mi mujer se acercó y me dijo:
- ¿Te vas a levantar..?
- ¡Claro!, respondí.
Me incorporé con mucho trabajo. Tenía un intenso dolor de cabeza. Después de asearme
lentamente, mi mujer me trajo una taza de café, que tomé junto con un analgésico.
- ¿Tardarás en volver...?
- Seguramente. Ten en cuenta que tengo que ver al “ninot” Alcalde. Al “ninot” Director de la Caja
de Ahorros, y por último al “ninot” Jefe de Tráfico.
Mi mujer me miró asombrada. Sus ojos mostraban extrañeza y ansiedad. Retorcía nerviosamente
un paño que tenía entre sus manos.
- ¿Estás bien?, me preguntó.
- ¡Perfectamente! Era una broma.
Al salir a la calle, el ambiente era de total animación. El sonido de la Banda de Mús¡ca, me hizo
volver a la realidad. El estampido de los cohetes era frecuente. Saludé a varios amigos, y seguí mi camino.
En la plaza de España me detuve ante la Hoguera. Rememoré la broma que en sueños me había
gastado la mente, y una sonrisa burlona se escapó de mis labios. Miré a los “ninots” con simpatía.
No quiero ocultar que por unos momentos, pensé que estos monigotes podrían gobernamos a
plena satisfacción. Es posible que alguno de ellos tenga una gran categoría política. También hay
muchos políticos, que por sus acciones parecen “ninots”. Puede haber en este caso una
extrapolación de valores. Mirando fijamente a estos muñecos, vi como uno de ellos hacía una
mueca, al tiempo que me guiñaba un ojo. Y les aseguro que no se trataba de un sueño, pues en
esos momentos me encontraba muy despierto.
Quizás más despierto que nunca...