Este año voy a contaros una historieta y os la dedico a vosotros, belleza, damas y comisión
infantil, porque me figuro que también vosotros daréis una ojeada a este estupendo
“Llibret” de la Hoguera “Calderón de la Barca”, en la que tan acertadamente colaboráis. Esto
que voy a deciros es la vida de una perrita que un día, siendo yo pequeña, trajo a casa un
hermano mío. Con esto quiero deciros que no es cuento, es verídico. Pero, para que lo
entendáis mejor, os lo voy a contar como lo contaría ella si viviera.
“Si, amiguitos, soy una perrita, me llaman TOSCA, no soy muy alta, ni muy bajita; soy
blanca, con unas manchas negras: una en el lomo y otra en la oreja.
Al igual que todos, yo habré tenido unos padres, pero no los conocí, me he criado como una
perrita callejera, comiendo lo que encontraba por la calle.
Ya siendo mayorcita, esto lo recuerdo muy bien, un día unos chiquillos ataron a mi corto
rabito una cuerda con unos botes vacíos, de modo que al caminar sonaba una orquesta de
cencerros; los chiquillos se lo pasaban bien, reían sin parar mientras yo sufría. La calle
estaba bastante desierta, sólo algún que otro vehículo, yo iba arrastrando mi larga “cola”
por la calle, de un lado para otro; entonces vi acercarse hacia mi a un señor joven que me
liberó de todo y me cogió en brazos después de amonestar un poco a los chiquillos, que se
alejaron riendo. Este señor me llevó a su casa. Vivía en una planta baja de un barrio, con
sus padres y una hermana pequeña. Allí pasé unos días. Era una familia buena pero pobre,
y no necesitaban perro.
Entre los familiares, había uno que vivía en una casa de campo con tierras que él mismo
trabajaba. Un día se presentó a la madrugada y me llevó en el fondo de su carro. Iba a
oscuras, no veía el cielo ni la tierra que pisaba el borriquillo que nos llevaba; el camino fue
largo, llegamos en pleno sol, atravesamos una verja, todo eran bancales, árboles frutales y
verduras, y una casita pequeña donde vivía la familia.
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Quizá hubiera estado bien allí, pero añoraba a mis primeros dueños, así que, sin pensarlo
más, por la noche me escapé. Salí a la carretera y anduve toda la noche. A las cinco de la
madrugada llegué a casa muy cansada; estaban acostados, pero al oír mi llamada (raspar
la puerta con mis patas delanteras) se levantaron todos y me acogieron con mucha alegría;
oí que decían: “la TOSCA ya no sale de aquí”. Me instalaron en un rincón del patio y me
arreglaron una vivienda, me encontraba muy a gusto.
Todos los días salía a dar un paseo. En uno de éstos, conocí a un amigo, del cual me
nacieron dos perritos. Uno se lo dieron a unos amigos y el otro se quedó en casa, pero un
día, tomando el sol en la puerta, se lo llevaron. Me quedé sin ningún hijito.
Un día al ver la puerta de la calle entornada, sin avisar y sin que nadie se diera cuenta, salí
y me alejé un poco de casita... y, de pronto, me vi atada a una cuerda y arriba de un
coche, junto con otros perros. Nos llevaron a una casa y nos metieron en una sala muy
grande. Yo notaba que cada día habían menos. Mientras esto ocurría yo estaba triste y
arrepentida de haber salido sin que me vieran y sólo pensaba en el disgusto que tendrían
en casa al ver que tardaba tanto. Pensaba también que éste era mi final, y así fue.
Y aquí termina mi vida”.
Y aquí termina también esta historieta.
Amiguitas y amiguitos żos ha gustado?. Pues ahora, un consejo:
Tenéis que ser buenos y obedientes y no alejarse mucho de casa, porque también los niños
corren peligro. Sé que sois inteligentes y así lo haréis.
Y nada más. A seguir colaborando con entusiasmo por las fiestas alicantinas de las
Hogueras de San Juan.
Un beso para todos.
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