llibret 1983
El circo nuestro de cada día.

NO SIGAM MENFOTISTES.
Emilio Guijarro Alberola.
A la memoria de mi gran amigo Ramón Rico Buighes (Ramonet), alicantino y foguerer de pro.

 
Hablar de las Hogueras de San Juan, es cosa difícil, porque qué es lo que no se ha dicho, en prosa o en verso, en serio o humorísticamente, de ellas. Y por mejores relatores, que el que esto está escribiendo.
 
Glosar que son las mejores fiestas del mundo, es obvio, pues siendo las de “la millar terra del mon”, con ello basta. Escribir del “embrujo de la noche del solsticio de verano”, aparte de ser un poquito cursi, está muy manido y no digamos, lo del crepitar de la hoguera con sus “ninots” en la purificación del fuego de la “crema”. Que la mujer es centro de la fiesta, de todos es sabido, puesto que en todo orden de la vida, la mujer es centro y pobres de nosotros si no lo fuera. Decir y decir... tantas cosas. Aunque no sean nuevas, pues la verdad, no las sé decir.
 
El amigo Asensi, me ha puesto en un “membrete”, como decía aquel, y no tengo escapatoria y algo tengo que hacer.
 
Pues bien, allá va. Contaré una anécdota de las muchas que podría contar a través de mi vida profesional y con tan directa relación con las Hogueras de mi querido Alicante.
 
Contaré una de aquel alicantino y foguerer cien por cien, que era el gran Ramonet.
 
Ramonet, buen amigo mío, como de todos los alicantinos, a excepción de una corta docena que los tenía en su “lista negra”, por fantasmones en el quehacer alicantino y festero, cuando llegaba el mes de Mayo, empezaba con una tenacidad teutona y constancia japonesa, prácticamente a diario, a venir y preguntar  si  los  carteles habían llegado de la imprenta
-también lo hacía con los de Semana Santa y cualquier otra publicidad municipal- y cuando, por fin, “eureka”, llegaban, se ponía bajo el brazo un lote y a repartirlos por todos los comercios, bancos, bares, entidades y en cualesquier sitio, con un criterio de verdadero técnico publicitario, los colocaba. Cuando venía por otra remesa, me daba minuciosa cuenta -sin yo pedírsela- de  donde  los  había  colocado.  Así  un  día y otro, hasta
que estaba convencido de que no quedaba lugar estratégico sin ocupar por un cartel de nuestras fiestas sanjuaneras. Pero no terminaba aquí su labor. Cuando todo estaba repartido, periódicamente, pasaba inspección y reemplazaba por uno nuevo, el que se hubiese estropeado, o interrogaba pidiendo explicaciones, muy concretas, de la omisión del cartel en su lugar.
 
Y de esta labor inspectora, surgió la siguiente anécdota: Dejó en una cafetería de la Explanada su cartel consabido y por la circunstancia que fuere, al revisar, vio que no se había puesto -lo que ocurrió sin mala fe, pero transcendental para él- y al preguntar, los “barmans”, en plan de broma, le dijeron que porque el dueño no quería y que se lo preguntara a él. Ramonet, -para desdicha del interesado, que se encontraba en el establecimiento con unos amigos- se fue directo a él y de buenas formas, le requirió la causa de la ausencia del cartel. El buen señor, tuvo la desafortunada idea de seguir la broma de sus empleados, diciendo que como él no era de Alicante, le tenía sin cuidado las Hogueras. La respuesta de Ramonet fue contundente y de una lógica aplastante: “Usted, es “un fill de puta”, o sea, que para poder comer, se viene a Alicante y sin embargo, no tiene el agradecimiento de poner un cartel de las Hogueras”.
 
Consecuencia, el bar fue plagado de carteles y Ramonet, generosamente invitado, para sellar la paz. No volvió a ocurrir más. Aunque el cartel que llevase Ramonet anunciase veneno, el cartel lucía en sitio de honor.
 
Reflexionemos, ¿Somos todos los alicantinos tan amantes de lo nuestro como Ramonet?. ¿O, es que no somos “molt menfotistes”?.
 
Pues, a dejar de serio y homenajeemos a Ramonet, que desde ALLá, nos está mirando y demostrémosle que somos también alicantinos y foguerers como él lo fue.
 
¡Gracias, Ramonet, por tu ejemplo!.