La mujer quedó desolada con aquella noticia. Su marido y su hijo habían tenido un accidente en el
cual el hijo que iba al volante murió en el acto y su marido, grave, falleció a las pocas horas,
quedó sola con su pena y su dolor.
Las vecinas y amigas trataban de consolarla dándole ánimos, tenía 66 años, no era joven pero
tampoco se le podía llamar vieja, su carácter siempre había sido alegre, era decidida, trabajadora,
tenía en su hogar lo más indispensable, mucha felicidad junto a su marido muy bueno y un hijo
muy amante de sus padres, aquello fue un golpe muy duro; pero el tiempo tiene ese “don” de
mitigar un poco los sufrimientos.
Un día las amigas la llevaron al Hogar del Pensionista y así fue conociendo a varias mujeres que
con labores, cursillos de cerámica y otras cosas, pasaban ratos distraídas, también se enteró que
en el Hogar se confeccionaba una revista titulada “La Voz del Pensionista”, con poesías, prosa,
consejos y otras cositas más. Esto fue por lo que más se interesó.
A Carmen, que así se llama, siempre le ha gustado escribir algunos versos. Recuerdo que un día
me leyó una poesía que le hizo a su marido y que éste le dijo: Esto es lo mejor que has hecho, si
me muero antes que tu me lo pones en la caja. Esto dicho así parece una broma, una anécdota si
se quiere, pero Carmen cumplió al pie de la letra su petición y ese poema amoroso dedicado a su
marido con tanto cariño se fue con él.
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En honor a la verdad he de decir que no es que sean poesías perfectamente rimadas con las
reglas justas que emplean los grandes poetas, ella lo sabe, por eso jamás se le ha ocurrido
en publicar ninguna. A mí me gustan porque tienen amor, mucho amor, algo que penetra
muy hondo en el corazón humano.
Se hizo socia del Hogar y yo misma le animé para que colaborara en la Revista, siendo así
que esta Revista está hecha por y para el Pensionista. Llevó algunos trabajitos poéticos que
han sido publicados, esto ha sido para ella como un bálsamo milagroso y ha vuelto a
renacer, a sonreír de nuevo, a vivir con un poco de ilusión.
En el Hogar del Pensionista ha encontrado esta mujer amigas, ha encontrado distracción,
esa distracción que todos buscamos, porque a todos nos hace falta para poder llevar
adelante problemas que se nos presentan en la vida y penas, como en este caso por haber
perdido dos seres muy queridos.
Yo pienso que a veces el remediar un poco los sufrimientos ajenos depende también de los
demás. Una corriente de simpatía en las amistades, una ayuda moral, un poco de cariño y
una buena comprensión, con estos ingredientes creo que se puede dar un poco de paz y
tranquilidad, seamos benévolos y complacientes unos con otros y más aún cuando llegamos
a esa edad avanzada que llaman “La tercera edad”.
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