llibret 1982
Cuestión de suerte.

PUNTOS DE VISTA.
Roberto Martínez Mira.

 
-iQue no, hombre, que no! Vd. se engaña, amigo mío. No pretenda usted ver lo que no existe. Desgraciadamente, nos pasamos la vida intentando colorear la triste realidad de forma que allá donde más desagradable es la evidencia, más nos esforzamos en ocultarla tras descripciones, en el mejor de los casos conformistas. Usted me pretende convencer de que tras esos montones de cartón y madera agresivamente coloreados se encuentra algo con un carácter propio. Y no es así. Lo único que en ellos se puede apreciar es la técnica más o menos perfeccionada de quien vive de su producción. En cuanto a la algarabía y carácter festero de las manifestaciones públicas creo que le convendría a usted analizar, por separado, los diferentes elementos que intervienen en la fiesta para, sin duda, llegar a las mismas conclusiones a las que yo llego. Vamos a ver; ¿qué sirve de fondo a las celebraciones de estos días? ¿La música? Pues debe usted saber que aparte del hecho sociológico de que el efecto que produce es el de alejar momentáneamente las malas sensaciones producidas por el desarrollo de la triste existencia, es una profesión; y que de esta profesión viven aquellos que la realizan. Y también quienes la ejecutan. Mas no sólo música hay en la fiesta. Busquemos más elementos conformantes le la misma. El baile, por ejemplo. Son tantos los estudios realizados sobre el tema, con sus múltiples justificaciones sociológicas, que renuncio a exponérselas siendo como soy consciente de que usted, sin duda alguna, los conocerá. Si le parece podemos pasar a hablar de los desfiles. Querido amigo, tendrá que rendirse a la evidencia de que no constituyen en sí otra cosa más que una forma de halagar la vanidad de las mujeres, tan ávidas de ser admiradas, por una parte, y de los hombres que se defienden de la imagen que su gran complejo de inferioridad les hace suponer ridícula a los ojos de los demás, por otra. Todo lo expuesto dejando aparte el instinto animal que se deja ver tras tanto escándalo y entusiasmo. Como le decía al principio de mi exposición, tengo la profunda convicción de que usted se engaña. Ustedes, los que se revisten de ese derecho a ser depositarias de la herencia dejada por los primeros organizadores de la fiesta no hacen otra cosa más que alentar el sentimiento tribal y localista de quienes tienen un medio de ocultar la realidad que, por otra parte, sigue existiendo a pesar de los desesperados esfuerzos de la gente como usted. Si, en conciencia, y echando mano de todo aquello que signifique lógica y razón me puede usted demostrar que el equivocado soy yo, le aseguro que no dejaré de reconocer mi error de planteamiento y, por supuesto, me impondré la labor de enfocar mi vida de forma ajena a como lo hago en la actualidad.
 
- Muy bien. Lo que usted me acaba de exponer. en efecto se remite a una observación muy ligada a la lógica y a la razón. No voy a caer en la tentación de acusarle a usted de aplicar su lógica y su razón. Simplemente me dispongo a participarle que, aun en el caso de que el fondo del asunto sea semejante a como usted lo expone, tiene usted que saber que existen en la vida del ser humano determinados matices difícilmente relacionables con las reglas de la lógica. Le agradezco de antemano su invitación al análisis de los elementos que conforman la fiesta ya que la simple exposición de los mismos trae a mi persona, y a las de los que son como yo, una sensación extraordinariamente gratificante. Y el hecho de que se lo agradezca tiene también mucho que ver con la convicción particular de que usted, y perdóneme por el juicio de sus palabras, ha tomado dichos elementos manipulándolos dialécticamente de forma que facilitaran un idea que avalara su teoría. Y eso está muy mal, mi querido amigo. Porque esos elementos de los que usted se ha valido no son suyos. Son nuestros. De quienes, año tras año, nos esforzamos en pulir las múltiples facetas de la fiesta de forma que la misma se vaya enriqueciendo iClaro que quiero hacer el análisis de esos elementos!.
 
Por entender que usted se deja por citar algunos de ellos, yo tratare de no caer en el mismo defecto. Me habla usted de la música. Caballero... ¿Cómo es posible que usted desconozca que la fuente de la que parte tan maravilloso elemento no es otra que la inspiración?. Y partiendo de sus materialistas premisas, ¿puede usted hablar de la música como algo susceptible de ser contado o medido?. ¿Ignora que el máximo deseo del compositor es ver que esa inspiración se traduce, a través de la técnica y el dominio, en un efecto de identidad entre él y el oyente?. Discrepo profundamente en su teoría de que la música es un invento humano que oculta la realidad con sus amargas experiencias, que existen, quién lo duda. Y no estoy de acuerdo en la medida en la que soy consciente de que la música ya existía antes de la aparición del hombre sobre el planeta. ¿Se asombra usted de lo que le estoy diciendo?. Muy bien, suba usted a nuestro Castillo de Santa Bárbara un día en que nuestro sin par clima nos regale con la acariciante brisa levantina y escuche el sonido de ella al pasar entre los pinos. Y tras hacerlo, dígame usted si eso no es música. En cuanto a la figura del músico como ejecutante, no crea que es una persona como todos con una profesión como todas. Se requiere para su oficio algo de lo que usted, por lo que veo, no entiende demasiado, Amor.
 
Me citaba usted, a continuación, el baile y dentro de su exposición renunciaba a hablarme de los estudios de entidad sociológica a la que ha sido sometido. Muy bien. Quiero, a priori, pedir a usted perdón por la pedantería, inmodestia y audacia que voy a desarrollar a continuación. Me voy a atrever a aventurar una teoría acerca del tema. Tiene usted que, por lo menos, considerar conmigo que el baile no es igual en todas los lugares. ¿Razón?. Entienda usted que el baile es un resultado de las circunstancias históricas, sociales, económicas, etc., de ellos. O lo que es lo mismo, el baile sale de la tierra de cada uno y quien lo practica y siente, se identifica con ella. ¡No ponga usted a bailar sevillanas a un gallego ni muñeiras a un andaluz!. Por resumir este punto, tenemos aquí otro de esos elementos cuya existencia se justifica con las sensaciones y la sensación de quien aquí, en Alicante, se mueve al sin par sonido de la dulzaina y el tamboril es algo que también es inalcanzable para quienes como usted, se empeñan en colocarle marchamos teóricos a todo.
 
Pasaba usted, si no me equivoco en el orden, a hablarme de los desfiles, y por cierto, caía usted en el error de analizar únicamente a los que forman la comitiva de los mismos. ¿Cómo es posible que se escape a su gran capacidad de observación el hecho de que en Alicante los componentes de los desfiles son, de la misma forma, quienes participan de forma directa que quienes asisten como espectadores?. Y también por otra parte, me atrevo a contradecirle en lo que usted entiende son las motivaciones de quienes desfilan basándome en la siguiente aseveración. Las mujeres de Alicante no están ávidas de ser admiradas. Han de serlo forzosamente. Y esto conecta directamente con el conjunto de sensaciones que quiero hacerle ver a usted que existen. ¿Tendrá usted el valor de asegurarme que no ha sentido algo, alguna vez en su vida, mirando a los ojos de una alicantina?. Son ojos que hablar de mar, de cielo, de gloria...
 
En cuanto a ellos, los hombres. creo que el relacionarlos con situaciones de desviación psíquica de acuerdo con su actuación es un tremendo error de planteamiento. Sepa usted, mi estimado amigo, que los hombres que desfilan en Alicante no hacen otra cosa más que mostrar con limpio orgullo su condición de alicantinos y de seres realizados como humanos a través de un labor que engrandece a su tierra a la vez que a ellos mismos.
 
Me ha parecido observar un cierto temor a herir mi susceptibilidad cuando comentaba usted que, a través de las algarabías propias de la fiesta, se liberaban instintos animales. No tenga usted miedo, hombre, que es verdad. Pero de animal capaz de amar y de sufrir, de comprender y respetar; y de ser conscientes de que el esfuerzo que realizan no es otra cosa mas que la respuesta agradecida a una Providencia que les ha hecho nacer en esta maravillosa tierra. Y es en este punto cuando quiero comenzar a hacerle notar que la fiesta no solo se compone de esos elementos. Hay más, muchos mas. Se olvidaba usted, por ejemplo, de la figura del foguerer. ¿Qué sabe usted de los esfuerzos, sacrificios y entrega que a lo largo de cada ejercicio desarrolla?. ¿Qué sabe usted del alarde de orgullo que muestra cuando, en un desfile, lleva de su brazo a una bella?. ¿Que sabe usted de la satisfacción interna de sentirse contribuyente directo a la consecución de un fin tan noble?.
 
Amigo creo que usted no tiene elementos de juicio suficientes para juzgar objetivamente. ¿Le parece que hablemos del constructor de hogueras?. Mire usted... en los días del 21 al 24 de junio de cada año, usted se dedica a visitar los monumentos fogueriles... Pero en tres días. ¿Sabe usted gracias a qué puede realizar esas visitas?. Pues gracias a que una persona, señalada por la Providencia como artista, COMO ARTISTA, tras noches de insomnio, preocupaciones y sacrificios sabe llevar adelante una obra que cada año alcanza cotas de perfecclón superiores.
 
¿Hablamos del fueqo?. ¿Nunca ha pasado por su mente la idea de que al elevarse las llamas enviamos un mensaje al infinito, determinado por la proyección universal de un pueblo, y al mismo tiempo hacemos promesa de purificación de tantos errores que cometemos como humanos?.
 
¿Quiere usted que le hable de nuestro mar?. ¿De las palmeras?. No, sinceramente creo que usted no quiere que yo le hable de ello porque usted lo sabe, lo percibe, lo nota. Y en este sentido creo que debo hacerle notar que es un deber de cada alicantino ser agradecido a esta tierra nuestra que diariamente nos regala los sentidos con tan maravillosas sensaciones.
 
Esta conversación a la que usted está asistiendo, amable lector, se produjo hace dos años en una calurosa tarde de Junio, en el salón de mi casa. El pasado año tuve la agradable sorpresa de ver cómo, en el “Desfile de Bandas", mi amigo desfilaba a la cabeza de una Comisión de nuestras inigualables “FOGUERES DE SANT JOAN”.