Autor: José Pastor Liza.
Era de madrugada, cuando yo regresaba a casa después de haber pasado la velada en la
“Barraca”. Un ligero vaho de pólvora, dormía en el asfalto... y dentro de mí, algo más de un
“güisqui”. La Plaza donde se erigía la monumental Foguera del Distrito, estaba desierta. Y
entonces me dije: Ahora voy a ver la Hoguera tranquilamente. Y allí estábamos frente a frente,
la Hoguera y yo. Bueno... y... “el güisqui”. La Hoguera era como una gran rueda de
“caballitos” que giraba... giraba... cuando... ¡Psst...! iPsst...! Miré alrededor, y no vi a nadie.
iPsst...! ¡Psst...! ¡Aquí...! ¡Aquí...! Entonces me di cuenta de que era un ninot quien me
llamaba. Esta noche -pensé- todo es posible, porque yo... ¡Mare meua com estic...! Y allí
estaba el ninot que me llamaba con tanta insistencia. Era una mujer de “vida alegre”, que junto
a un farol, esperaba que pasara algún “cliente”. Sus rasgos eran inconfundibles, y yo le dije:
Oye rica, yo “paso”... ¡No, no...! -se apresuró a decirme- es que yo no quiero morir... Lo que yo
le pido por favor, es que me indulten, ¿sabe...? yo también quiero ir donde van los elegidos.
¡Yo no quiero morir...!.
El eco de la voz de aquella mujer, retumbaba en mis oídos como golpes, llenos de ansiedad.
“Yo no quiero morir porque también yo tengo vida”. Pero... ¿Tú crees que tienes suficientes
méritos para ser indultada...?. Y el ninot me habló así: “Yo no tengo culpa de ser como soy,
una mujer pecadora. Ningún hijo tiene culpa de ser rico o pobre, guapo o feo. El Artista
Constructor de la Hoguera me ha hecho así. Y debes de saber que los ninots tienen vida,
porque son parte de la vida del Artista que para dárnosla a nosotros ha perdido la suya poco a
poco... año tras año. Y han envejecido, dando lo mejor de su ingenio, para que Les Fogueres
de Sant Joan, tengan cada año un renovado lucimiento, y nosotros los ninots, como en un
sagrado holocausto, morimos cada año con la vida del Artista. Y yo no quiero morir, para ir
junto a los “inmortales” que para la Historia, gozarán de la visita de los hijos de los hijos, de los
Alicantinos que vieron inaugurar “EL MUSEU DE LES FOGUERES”.
Y yo quiero estar allí, junto a personas y cosas entrañables, y junto a las palabras que
encierran los libros que hablan de la Historia de “La Festa més hermosa”. Y yo no quiero morir,
porque quiero gozar eternamente de la brisa de nuestro mar, que acaricia la roca amada de los Alicantinos. El
Benacantil. Y si muero, nadie sabrá que en esta noche te estuvo hablando un ninot,
porque les parecerá extraño, y sin embargo tú frente a mí, estás oyendo lo que un ninot
puede decir, porque tiene vida. Nosotros tenemos vida, aunque no tengamos alma. Esa
es la diferencia entre tú y yo. Los seres humanos para alcanzar la Eternidad, han de
morir. En cambio yo, alcanzaré la eternidad, si no muero.
Yo había perdido la noción del tiempo mirando la Hoguera de mi Distrito, en una noche
en que de verdad algo había sucedido. Y cuando el Jurado fue a ver la Hoguera al día
siguiente, algo me impulsó a decirles: ¿Por qué no indultan ese ninot...?. Si... esa mujer
de vida alegre. Y... ¿qué tiene ese ninot para ser indultado...? -me respondieron-. Pues...
no sé... es que... como si me lo hubiera pedido anoche. Claro, se rieron de mí.
Sería el “güisqui”... o un caso paranormal. Pero de lo que sí estoy seguro, es
cuando voy al Museo de les Fogueres, allá arriba en lo más alto, en el cielo d'els ninots,
me parece ver a aquella mujer de “vida alegre” junto a los “inmortales”. Y es que de
verdad, EL MUSEU DE LES FOGUERES es el lugar donde alcanzan la inmortalidad, los
Artistas y Escritores, que allí dejan como un señuelo para generaciones venideras, el Arte
y las Letras de los que con su ingenio y dedicación han engrandecido Les Fogueres de
Sant Joan.
Nuestra Fiesta, es el espíritu Alicantino, Dicen, que los espíritus acuden a la luz. Las
hogueras, son luz.