llibret 1982
Cuestión de suerte.

LA DIOSA DEL FUEGO.
Juan Sempere Serrano.

 
En el principio, al formar Dios el Mundo, puso un trocito de cielo azul sobre el verde mar de esmeraldas: en la tierra un Paraíso; risas de sol; eterna Primavera, y naciste tú, Alicante.
 
El suspiro de la noche deposita un beso en tu seno. y un aura fresca mece la palmera. cimbreando con dulce cadencia la verde palma.
 
El Mediterráneo, es un ancho espejo donde coqueta se mira la luna vestida de alicantina. Las olas rompen en la playa rizando su cintura de blanca espuma. Las sirenas despiertan surgiendo de las profundidades. Al emerger, las gotas de agua resbalan convirtiéndose en finas perlas. Sus cuerpos desnudos se embalsaman con arenas de oro.
 
Allí donde no llega ni un eco perdido y reina el silencio de la soledad, las caracolas con dulces sones, anuncian que, el día de San Juan llega a su fin. Millones de estrellas como un gran enjambre de luciérnagas guiñan sus pupilas ardientes formando un torrente de piedras preciosas.
 
La Diosa del Fuego, solitaria viajera de la noche, hermosa entre las hermosas, flotando al viento entre luminarias de mil colores, monta en su carroza engarzada en diamantes; su corazón palpita violentamente inundado de felicidad. La hora bruja de San Juan espera su visita. Suenan las doce campanadas. La palmera sale disparada de las entrañas de la fortaleza de Santa Bárbara, turba al viento en su giro y dilatando las sombras nace una aurora. Al caer, se abre en primoroso abanico, derramándose en vivísimas lágrimas.
 
Los geniecillos de la fiesta danzan sobre las nubes de humo del torbellino de las carcasas y saltan juguetones la luminosa ronda de chispas en la cúspide de las llamas, llevando en alto antorchas invisibles. iHa llegado la hora final de las Hogueras!.
 
Envuelta en un halo resplandeciente, la Diosa del Fuego desciende de su carroza peregrina y corona con su aureola al Monumento Fogueril, transformándolo en una pira sagrada.
 
Hay momentos que el vaso de la imaginación se desborda y sueña sumergiéndose en la maravillosa realidad que ofrecen las Hogueras Alicantinas.
 
Una voz escapada de un cuerpo grotesco, grita:
 
- iCantar! ¡Cantar el himno de nuestra terreta! iArrullar mi despedida entonando las más bellas estrofas del alma del pueblo! iCantar y mi adiós será dulce entre el fuego purificador...!.
 
El estruendo de los castillos artificiales interrumpen los sollozos del triste ninot. El muñeco se va abrasando. De pronto, siente unos brazos delgados y unas manos finas que se aferran a su cuello; vacila, va perdiendo pie y   cae   con   un  rumor  sordo  arrastrando  en  un  fuerte
abrazo a su enamorada... Las llamas rojas y azules, como el aliento de un volcán, se enroscan chisporroteando, haciendo crugir la madera, consumiendo en un círculo llameante a la hoguera. Poco a poco, se van convirtiendo en pavesas sus corazones de cartón. Antes de expirar, se escuchan de lo más hondo del ninot, un ahogado adiós, un suspiro y el sonido de un beso...
 
Mientras tanto. en las calles reina la alegría... Diríase que, el mar, la tierra, el cielo, la brisa, en profundo reconocimiento a nuestras fiestas, cantan en una explosión de armonía, las notas más hermosas de nuestros himnos...
 
La mole gigantesca del Benacantil, en la orgía dantesca de la crema, se destaca en rojo intenso sobre el landa negro de la noche. El perfil del moro, capricho de la naturaleza, queda reflejado en el mar bañado de plata. Su cabeza descansa sobre las duras rocas del ancestral castillo. Muchas generaciones de pueblos famosos que surcaron el Mare Nostrum, se asomaron a tus muros llenos de historia, a ver navegar las naves fenicias que llevaban a Oriente el oro de España y nos traían ricas mercancías y caros perfumes. Los griegos, nación de mitos y sabios, dejaron atrás los hermosos templos y estatuas y poetizaron tu inmortalidad, ofrendándote sus mejores versos. Cartago, con el victorioso ejército que quiso conquistar el mundo, pisó tus piedras milenarias. Desde tus almenas contempló Amílcar Barca, la inmensidad del maravilloso mar que besa tus plantas. Roma, la vencedora que ató al carro de sus triunfos a reyes poderosos, se apodero de tus muros al mando del Procónsul Cayo Flaminio. Abd-el-Azis, hijo de Muza creyó soñar despierto, extasiándose con el contraste del blanco invierno de la montaña. y los almendros florecientes de la llanura nevados de primavera.
 
Los vivos colores de la fiesta se van difuminando. Los últimos cohetes peinan tirabuzones en el cielo con piruetas nerviosas. San Juan se fue, pero pronto volverá a renacer de nuevo sobre sus cenizas.
 
La Diosa, una vez cumplida su misión, se dispone a regresar a su morada del infinito. De pronto, un resplandor inmenso convierte a Alicante en un altar y el mar se colora como luz de amanecer. Es el adiós de la hermosa dama. Sus pupilas húmedas brillan como el reflejo de una estrella. Saluda, sus manos tienen el color del oro, y su cuerpo la armonía de una noche de verano... Un brillante luminoso se desprende de su carroza, besa la tierra y brota una llama en forma de corazón. Rápida, como una estrella luminosa cruza el universo. La luna resplandece intensamente cubriendo con su manto plateado a la misteriosa divinidad que se pierde entre una blanca nube de luceros en las regiones de los mundos ignorados.