llibret 1981
Nos la dan con queso.

III CERTAMEN LITERARIO.
PRIMER Premio: "YO VI LLORAR A UN NINOT".
Lema: "Recuerdos".

No sé en realidad si fue mi fantasía de niña o si verdaderamente esta hecho sucedió. Quizás algunos de mis paisanos de aquel entonces pudiera sacarme de dudas, pero lo cierto es que cuanto voy a relatar, siempre y en las noches del 24 de junio, cuando contemplo la "cremá" de nuestras hogueras, el recuerdo de aquella otra noche de San Juan, ya tan lejana, vuelve involuntariamente a mí y revivo esta gran experiencia.
 
No puedo precisar en qué fecha ocurrió. Yo contaba apenas siete o tal vez ocho años de edad. Eran, pues, los principios en que "les fogueres" empezaban a tomar forma de gran fiesta en nuestro Alicante. Entonces yo vivía en la calle Capitán Segarra y por lo tanto mi "foguera" era la del distrito Mercado de Abastos. Por aquellos tiempos todavía no se elegían bellezas solamente y para darle un poco de realce a la cosa, cada comisión adornaba un coche de caballos con mantones de Manila y otros perifollos. Los comisionados nos encaramaban en él a sus pequeñas hijas, y así precediendo a la música, se efectuaba el desfile de las diferentes Bandas que tenía lugar en el recinto de la plaza de toros. Recuerdo que yo aquel año formé parte en el grupo que ocupó el coche y ya esto alteró mi estado de nervios, pero lo que verdaderamente quedó grabado ya para siempre en mí, es lo que a continuación voy a tratar de exponer.
 
Dada mi corta edad yo era entonces incapaz de comprender el tema a que se hacía referencia aquel año en nuestra "foguera", lo que si recuerdo muy bien es qua la figura principal de la misma la constituía una gigantesca mujer vestida de alicantina (seguramente representaría a nuestra "terreta") y con la cara más preciosa que se pueda imaginar. A sus pies los demás "ninots" parecían tan insignificantes que mis ojos de niña, durante los tres días que la "foguera" estuvo plantada, sólo se clavaban en aquel sublime rostro que me parecía tener vida propia. Muchas fueron las vueltas que le dí una y otra vez y desde donde quiera que la mirase, los ojos de la alicantina parecían sonreirme.
 
Llegó por fin la noche de San Juan y como casi la totalidad del vecindario, junto con mis padres, nos dispusimos a contemplar la "cremá". Primero el apagón total de Alicante, para poder ver salir la palmera de fuegos del castillo de Santa Bárbara y enseguida y a los acordes del pasodoble "Les Fogueres", interpretado según recuerdo por la Banda de Música de Biar (que era la que venía a nuestro distrito) comenzaron los preparativos para quemar la "foguera".
 
Entonces no se prendía fuego a las hogueras por los cuatro costados como ahora y a base de fuegos de artificio. Según me parece recordar, se rellenaba la "foguera" de virutas, cartones, papeles, leños, etc. Se rociaba de gasolina y se le prendía fuego partiendo de su parte más baja. Así pues ardían muy lentamente y las llamas, partiendo desde abajo subían hasta alcanzar toda su altura.
 
Empezó pues la "cremá". Todos contemplábamos cómo los "ninots" de la parte inferior iban desapareciendo poco a poco consumidos por el fuego. La figura de la alicantina, sin embargo se mantenía erguida como resistiéndose a sucumbir. Yo no apartaba mis ojos de ella. Sentía una pena inmensa al pensar que de un momento a otro caería a la gran fogata y ya no la vería más. De pronto todo mi pequeño ser se extremeció. Alguien a mi lado exclamaba:
 
- ¡Mira, la alicantina no vol morir y plora!
 
Entonces, fijando más y más mi atención en aquella, vi que en efecto así era. Sus ojos ya no me sonreían, sino que de ellos brotaban lágrimas que resbalaban por su bonito rostro. También yo sin saber por qué empecé a llorar.
 
Se me explicó después que nada había de extraño, que el artista que la construyó, en vez de hacer la cara de aquella mujer que representaba a nuestro Alicante de cartón como a los demás muñecos, tuvo el capricho de hacerla de cera y que por lo tanto al derretirse ésta con el calor, era de lo más natural lo que estaba sucediendo. ¿Sería ésta la verdad o me lo decían para consolarme?.
 
Sólo mucho más tarde he comprendido que no podía haber otra explicación. Pero lo cierto es que ahora, después de tanto tiempo pasado, cuando en el transcurso do la vida he ido viendo desaparecer de mi lado a mis seres más queridos, también en todas las noches de "cremá", mis recuerdos hacen que mis ojos se empañen y no puedo dejar de revivir el momento de aquella otra noche e identificarme con el llanto de aquella figura de mujer que estoy segura no lloraba de temor ante la muerte que se le avecinaba, sino más bien de impotencia, al ver perecer bajo el fuego aquellos otros "ninots" que aunque por poco tiempo y por deseo de su creador, habían constituido su única familia.