III CERTAMEN LITERARIO.
Lema: "Recuerdos".
No sé en realidad si fue mi fantasía de niña o si verdaderamente esta
hecho sucedió. Quizás algunos de mis paisanos de aquel entonces
pudiera sacarme de dudas, pero lo cierto es que cuanto voy a relatar,
siempre y en las noches del 24 de junio, cuando contemplo la
"cremá" de nuestras hogueras, el recuerdo de aquella otra noche de
San Juan, ya tan lejana, vuelve involuntariamente a mí y revivo esta
gran experiencia.
No puedo precisar en qué fecha ocurrió. Yo contaba apenas siete o
tal vez ocho años de edad. Eran, pues, los principios en que "les
fogueres" empezaban a tomar forma de gran fiesta en nuestro
Alicante. Entonces yo vivía en la calle Capitán Segarra y por lo tanto
mi "foguera" era la del distrito Mercado de Abastos. Por aquellos
tiempos todavía no se elegían bellezas solamente y para darle un
poco de realce a la cosa, cada comisión adornaba un coche de
caballos con mantones de Manila y otros perifollos. Los comisionados
nos encaramaban en él a sus pequeñas hijas, y así precediendo a la
música, se efectuaba el desfile de las diferentes Bandas que tenía
lugar en el recinto de la plaza de toros. Recuerdo que yo aquel año
formé parte en el grupo que ocupó el coche y ya esto alteró mi
estado de nervios, pero lo que verdaderamente quedó grabado ya
para siempre en mí, es lo que a continuación voy a tratar de exponer.
Dada mi corta edad yo era entonces incapaz de comprender el tema
a que se hacía referencia aquel año en nuestra "foguera", lo que si
recuerdo muy bien es qua la figura principal de la misma la constituía
una gigantesca mujer vestida de alicantina (seguramente
representaría a nuestra "terreta") y con la cara más preciosa que se
pueda imaginar. A sus pies los demás "ninots" parecían tan
insignificantes que mis ojos de niña, durante los tres días que la
"foguera" estuvo plantada, sólo se clavaban en aquel sublime rostro
que me parecía tener vida propia. Muchas fueron las vueltas que le dí
una y otra vez y desde donde quiera que la mirase, los ojos de la
alicantina parecían sonreirme.
Llegó por fin la noche de San Juan y como casi la totalidad del
vecindario, junto con mis padres, nos dispusimos a contemplar la
"cremá". Primero el apagón total de Alicante, para poder ver salir la
palmera de fuegos del castillo de Santa Bárbara y enseguida y a los
acordes del pasodoble "Les Fogueres", interpretado según recuerdo por
la Banda de Música de Biar (que era la que venía a nuestro distrito)
comenzaron los preparativos para quemar la "foguera".
Entonces no se prendía fuego a las hogueras por los cuatro costados
como ahora y a base de fuegos de artificio. Según me parece recordar,
se rellenaba la "foguera" de virutas, cartones, papeles, leños, etc. Se
rociaba de gasolina y se le prendía fuego partiendo de su parte más
baja. Así pues ardían muy lentamente y las llamas, partiendo desde
abajo subían hasta alcanzar toda su altura.
Empezó pues la "cremá". Todos contemplábamos cómo los "ninots" de
la parte inferior iban desapareciendo poco a poco consumidos por el
fuego. La figura de la alicantina, sin embargo se mantenía erguida
como resistiéndose a sucumbir. Yo no apartaba mis ojos de ella. Sentía
una pena inmensa al pensar que de un momento a otro caería a la
gran fogata y ya no la vería más. De pronto todo mi pequeño ser se
extremeció. Alguien a mi lado exclamaba:
- ¡Mira, la alicantina no vol morir y plora!
Entonces, fijando más y más mi atención en aquella, vi que en efecto
así era. Sus ojos ya no me sonreían, sino que de ellos brotaban
lágrimas que resbalaban por su bonito rostro. También yo sin saber por
qué empecé a llorar.
Se me explicó después que nada había de extraño, que el artista que la
construyó, en vez de hacer la cara de aquella mujer que representaba
a nuestro Alicante de cartón como a los demás muñecos, tuvo el
capricho de hacerla de cera y que por lo tanto al derretirse ésta con el
calor, era de lo más natural lo que estaba sucediendo. ¿Sería ésta la
verdad o me lo decían para consolarme?.
Sólo mucho más tarde he comprendido que no podía haber otra
explicación. Pero lo cierto es que ahora, después de tanto tiempo
pasado, cuando en el transcurso do la vida he ido viendo desaparecer
de mi lado a mis seres más queridos, también en todas las noches de
"cremá", mis recuerdos hacen que mis ojos se empañen y no puedo
dejar de revivir el momento de aquella otra noche e identificarme con
el llanto de aquella figura de mujer que estoy segura no lloraba de
temor ante la muerte que se le avecinaba, sino más bien de
impotencia, al ver perecer bajo el fuego aquellos otros "ninots" que
aunque por poco tiempo y por deseo de su creador, habían constituido
su única familia.