Hace algunos años, y durante muchos, yo viví en una casa de tres pisos
en una calle bastante céntrica de un pueblo. Repasando mis
pensamientos recuerdo, un matrimonio que tuve por vecinos y fuimos
como familia. Haciendo un poco de historia empezaré por el principio.
Yo vivía en un tercer piso derecha, el de enfrente estaba deshabitado. Un
día vi entrar en este piso a una joven y un señor que aunque joven se
notaba que era un poco mayor que ella. Yo pensó que era un matrimonio,
me equivoqué de poco puesto que lo iban a ser muy pronto.
Esta chica venía algunas tardes a limpiar, yo me ofrecí por si algo
necesitaba, el caso es que sin darnos cuenta simpatizamos las dos y
siempre que venía me llamaba para que le acompañara, yo le ayudaba y
pasábamos un rato juntas, yo estaba muy contenta; iba a tener unos
buenos vecinos, ella era una joven encantadora, buenísima.
Una tarde que como otras le estaba ayudando en el arreglo del piso me
contó su vida y empezó así: Cuando yo era muy pequeña mis padres
tuvieron que salir un día a la ciudad por asunto del trabajo de mi padre,
como la temperatura era muy fría me dejaron con una vecina
pues ellos regresaban por la noche; pero mis padres no regresaron,
los trajeron, fue un accidente ferroviario donde perdieron la vida
muchos pasajeros, me quedé sola, mis padres habían sido hijos únicos
y los abuelos ya no vivían, seguí en casa de la vecina, es decir, de los
vecinos, pues era un matrimonio un poco mayor con una hija que no
vivía con ellos, de joven se marchó con un hombre que al poco la
abandonó y ya no quiso volver al pueblo. Era buena pero la vida no le
había sonreído, fue débil en su momento. A sus padres no les faltaba
nada, ella ganaba y les mandaba para que de nada carecieran pero
vivían tristes pensando en su hija. Junto a ellos fui creciendo,
haciéndome mujer, me querían mucho y yo a ellos pues fueron para
mí como unos padres.
Los años pasaron y en poco tiempo el Señor se los llevó, su hija
estuvo con ellos en sus últimos momentos y se portó muy bien.
Después de arreglar todas las cosas se volvió donde estaba
llevándome con ella, no quería abandonarme, me prometió buscarme
una buena colocación. Mientras tanto por las noches iba con ella a un
café donde mi amiga era muy conocida pues llevaba muchos años en
el mismo sitio.
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A este café acudía gente de la alta sociedad, echando sus canitas al
aire como se suele decir, todo estaba muy confortable y discreto. Me
compró unos vestidos y empecé a servir unas mesas y atender a los
parroquianos, cuando alguno intentaba propasarse mi amiga, siempre
al acecho, venía en mi ayuda. Así pasé algunos meses sin encontrar
otro empleo. El dueño del café se dio cuenta de mi conducta y la
protección de mi amiga y me dijo que si no estaba dispuesta a
complacer a la clientela era mejor que me marchara. Como un milagro
de Dios ese mismo día entró un cliente nuevo, le atendí lo mejor que
pude, me invitó a tomar algo en su mesa, mi amiga como siempre
vigilaba, pero veía que yo estaba tranquila. Estuvimos hablando
mucho rato, quiso saber el porqué de estar allí, se lo dije, no sé por
qué me inspiraba confianza, sus ojos tenían bondad y me miraba con
cariño, entonces prometió ayudarme, me buscó una casa para cuidar
unos niños, era un matrimonio amigo de él con dos hijos pequeños, yo
estaba contenta aunque preocupada por mi amiga, pero ella me decía
que viviera tranquila que para ella ya era tarde para cambiar su vida,
que su destino era ese.
Roberto que así se llama venía a verme de vez en cuando y salíamos
de paseo, también algún día me llevaba al cine; así pasaron unos
meses y poco a poco nos fuimos enamorando
hasta que me propuso casarme con él, me contó que años atrás
estuvo a punto de casarse pero la novia enfermó del corazón y antes
de poder ser operada murió. Desde entonces no había pensado en
casarse pero al encontrarme a mí cambió de parecer. Dice que me
quiere mucho, yo le quiero muchísimo y creo que vamos a ser muy felices.
No me canso de dar gracias a Dios por haberme puesto un hombre
tan bueno en mi camino que me ayudó y hoy puedo mirarle a los
ojos con la conciencia tranquila que soy tan pura como la flor del
azahar, esto lo sabe él y cada día nos queremos más. Dentro de un
mes nos casamos y nos venimos a vivir aquí, a nuestro pisito.
Esto es lo que me contó, yo emocionada le dí mi enhorabuena y le
dije que la honradez siempre tiene un premio siendo el Don más
preciado que puede tener una mujer.
Pasamos muchos años más que vecinos como familia. Hace poco nos
separamos pues a él lo trasladaron a otro sitio, yo lo sentí mucho,
ahora nos escribimos y también de vez en cuando nos visitan con sus dos hijos.
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