llibret 1981
Nos la dan con queso.

PREMIO A LA HONRADEZ.
Luisa Bernabeu.

 
Hace algunos años, y durante muchos, yo viví en una casa de tres pisos en una calle bastante céntrica de un pueblo. Repasando mis pensamientos recuerdo, un matrimonio que tuve por vecinos y fuimos como familia. Haciendo un poco de historia empezaré por el principio.
 
Yo vivía en un tercer piso derecha, el de enfrente estaba deshabitado. Un día vi entrar en este piso a una joven y un señor que aunque joven se notaba que era un poco mayor que ella. Yo pensó que era un matrimonio, me equivoqué de poco puesto que lo iban a ser muy pronto.
 
Esta chica venía algunas tardes a limpiar, yo me ofrecí por si algo necesitaba, el caso es que sin darnos cuenta simpatizamos las dos y siempre que venía me llamaba para que le acompañara, yo le ayudaba y pasábamos un rato juntas, yo estaba muy contenta; iba a tener unos buenos vecinos, ella era una joven encantadora, buenísima.
 
Una tarde que como otras le estaba ayudando en el arreglo del piso me contó su vida y empezó así: Cuando yo era muy pequeña mis padres tuvieron que salir un día a la ciudad por asunto del trabajo de mi padre, como la temperatura era muy fría me dejaron con una vecina pues ellos regresaban por la noche; pero mis padres no regresaron, los trajeron, fue un accidente ferroviario donde perdieron la vida muchos pasajeros, me quedé sola, mis padres habían sido hijos únicos y los abuelos ya no vivían, seguí en casa de la vecina, es decir, de los vecinos, pues era un matrimonio un poco mayor con una hija que no vivía con ellos, de joven se marchó con un hombre que al poco la abandonó y ya no quiso volver al pueblo. Era buena pero la vida no le había sonreído, fue débil en su momento. A sus padres no les faltaba nada, ella ganaba y les mandaba para que de nada carecieran pero vivían tristes pensando en su hija. Junto a ellos fui creciendo, haciéndome mujer, me querían mucho y yo a ellos pues fueron para mí como unos padres.
 
Los años pasaron y en poco tiempo el Señor se los llevó, su hija estuvo con ellos en sus últimos momentos y se portó muy bien.
 
Después de arreglar todas las cosas se volvió donde estaba llevándome con ella, no quería abandonarme, me prometió buscarme una buena colocación. Mientras tanto por las noches iba con ella a un café donde mi amiga era muy conocida pues llevaba muchos años en el mismo sitio.
 
A este café acudía gente de la alta sociedad, echando sus canitas al aire como se suele decir, todo estaba muy confortable y discreto. Me compró unos vestidos y empecé a servir unas mesas y atender a los parroquianos, cuando alguno intentaba propasarse mi amiga, siempre al acecho, venía en mi ayuda. Así pasé algunos meses sin encontrar otro empleo. El dueño del café se dio cuenta de mi conducta y la protección de mi amiga y me dijo que si no estaba dispuesta a complacer a la clientela era mejor que me marchara. Como un milagro de Dios ese mismo día entró un cliente nuevo, le atendí lo mejor que pude, me invitó a tomar algo en su mesa, mi amiga como siempre vigilaba, pero veía que yo estaba tranquila. Estuvimos hablando mucho rato, quiso saber el porqué de estar allí, se lo dije, no sé por qué me inspiraba confianza, sus ojos tenían bondad y me miraba con cariño, entonces prometió ayudarme, me buscó una casa para cuidar unos niños, era un matrimonio amigo de él con dos hijos pequeños, yo estaba contenta aunque preocupada por mi amiga, pero ella me decía que viviera tranquila que para ella ya era tarde para cambiar su vida, que su destino era ese.
 
Roberto que así se llama venía a verme de vez en cuando y salíamos de paseo, también algún día me llevaba al cine; así pasaron unos meses y poco a poco nos fuimos enamorando hasta que me propuso casarme con él, me contó que años atrás estuvo a punto de casarse pero la novia enfermó del corazón y antes de poder ser operada murió. Desde entonces no había pensado en casarse pero al encontrarme a mí cambió de parecer. Dice que me quiere mucho, yo le quiero muchísimo y creo que vamos a ser muy felices.
 
No me canso de dar gracias a Dios por haberme puesto un hombre tan bueno en mi camino que me ayudó y hoy puedo mirarle a los ojos con la conciencia tranquila que soy tan pura como la flor del azahar, esto lo sabe él y cada día nos queremos más. Dentro de un mes nos casamos y nos venimos a vivir aquí, a nuestro pisito.
 
Esto es lo que me contó, yo emocionada le dí mi enhorabuena y le dije que la honradez siempre tiene un premio siendo el Don más preciado que puede tener una mujer.
 
Pasamos muchos años más que vecinos como familia. Hace poco nos separamos pues a él lo trasladaron a otro sitio, yo lo sentí mucho, ahora nos escribimos y también de vez en cuando nos visitan con sus dos hijos.