llibret 1981
Nos la dan con queso.

LA CARA DEL MORO.
Roberto Martínez Mira.

 
El lo ha visto todo. Guardián de herméticas leyendas, nos contempla desde su solio en el Benacantil. Como un Dios pagano a quien se rinde culto desde el propio sentir del alicantino, y su noble perfil, recortado sobre un azul increíble, nos contempla con expresión intemporal pero actual, desapasionada pero orgullosa, hierática pero llena de ternura y, por fin, con pétrea seriedad y, a la vez, la mirada benevolente de quien lo conoce todo sobre los humanos devenires.
 
El sabe del saludo reverente de la palmera y de la cálida caricia que, en eterno romance, le prodigan los vientos.
 
Depositario de esotéricos secretos aún soterrados, otea el infinito a la espera de la llegada del adversario que propicie nuevas glorias y esplendor para él, magno baluarte de firmeza.
 
No puede permitir que su noble rostro se vea orlado por signos de venerable ancianidad, pues sabe que este año,    como   todos,    su   imagen   será   de   necesaria
presencia en la “Festa” y ha de seguir siendo la representación de ese espíritu peculiar que recoge la herencia ancestral del culto al fuego acrisolador de yerros y pasiones.
 
Sabe de los desvelos, inquietudes y abnegaciones de artistas y comisionados durante el transcurso del año; y de alegres despertares al son de festivas bandas de música; y también del destellar diamantino de taurinos ternos en las tardes “Sanjuaneras”; y de la emoción de la bella; y de los bulliciosos bailes que, en estas fiestas, se prodigan por calles y plazas.
 
Por fin, cuando argentífera corona nos muestre sobre su testa de esfinge en la noche de San Juan, tengamos presente que de sus luminosos haces partirá un estentóreo, a la vez que emocionado y profundo grito de iiSOY ALICANTINO!! que dará paso a la flamígera expresión de lo que, en su granítico corazón, guarda nuestro “FOGUERER MACHOR”.