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El lo ha visto todo. Guardián de herméticas leyendas, nos contempla
desde su solio en el Benacantil. Como un Dios pagano a quien se rinde
culto desde el propio sentir del alicantino, y su noble perfil, recortado
sobre un azul increíble, nos contempla con expresión intemporal pero
actual, desapasionada pero orgullosa, hierática pero llena de ternura y,
por fin, con pétrea seriedad y, a la vez, la mirada benevolente de quien
lo conoce todo sobre los humanos devenires.
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presencia en la “Festa” y ha de seguir siendo la representación de
ese espíritu peculiar que recoge la herencia ancestral del culto al
fuego acrisolador de yerros y pasiones.
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