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que me hará meter la pata, ya que de fuego se trata, y yo, con fuego me quemo. aquí dejando la huella, cosa que a mí me hace mella por no ser cosa sencilla, antes de verme en capilla, he de apelar a Capella. al que yo daré un repaso, y del tal, haciendo caso, con interés por completo, con el máximo respeto, y buscándome la maña, ya que a menda nadie engaña, encontraré la manera de describir la foguera Calderón-Plaza de España. Una antorcha allí en su altura, con fuego, que es de pintura hasta el día de la cremá. |
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Dicha noche se verá el fuego ya verdadero, no dejando ni un madero, ni lo que haya, desde luego, y para apagar el fuego a de ser poco, un bombero. de las faltas y pecados. Dos demonios colocados vuelan a su alrededor; y dos hembras, con horror, seguramente con mancha, ven que el diablo las engancha. Patalean ellas y gritan, pero con eso no evitan que las pongan a la plancha. de la tierra, casualmente, frotando tan solamente con fuerza un par de maderos, estuvieron muy certeros inventando el fuego ardiente. cuando con otro reñía, el palo al fuego ponía, y le daba de caliente. veremos al otro lado, con Romeo, enamorado, que va en busca de Julieta. El balcón de ella, es la meta donde apagará el ardor de un fuego germinador que en su pecho es un gran paso; y el extintor, es un beso, magna prueba de su amor. |
Esta escena es peliaguda. Un indio tiene amarrada a una blanca, que asustada, ante su presencia, suda. El que en su defensa acuda alguien, la mujer espera; y si esto así no fuera, al tirarla a una barranca, él, se quedará sin blanca, y ella sin la cabellera. como se podrá apreciar. Es el fuego en el hogar, que es un fuego bienhechor. satisfacción y sosiego que propaga el niño ciego alegrando el corazón, y que en ninguna ocasión hay que apagar este fuego. ante el enemigo mismo, lección de patriotismo, dio Agustina de Aragón. Su encendido corazón una prueba dio notoria de que se llenó de gloria la tan valerosa dama, dando muestras de su fama las páginas de la Historia. |
Un fuego que está el primero;
que ante los demás culmina. es el que está en la cocina, y que aviva el cocinero. También está el del hornero que hace el pan que nos conforta; y cuando alguien mal se porta o le produce un bochorno, enseguida se va al horno y al punto le da una torta. Pensarla, da calentura. Una celda hay de tortura en un castillo feudal. De una estampa medieval se ve el foso del castillo, al verdugo, y un hornillo que el sayón, un tío feo, emplea para que el reo tuesten como un panecillo. de la hoguera de Capella, que si no ha gustado ella, al no dar la aprobación, me ocultaré en un rincón, para así, no tragar quina. El que lo hace mal, termina igual que yo, desde luego. Aunque a mí, esto del fuego, ˇya me olía a chamusquina! |