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Tras leve celosía de palmeras yergue vigía su altivo alfil, la mole mayestática y señera del bello Castillo Benacantil. las rocas que amurallan su pretil, surgiendo del tiempo marcas certeras que esculturan del Moro faz viril. |
Envuelto con aromas delirantes
de flores que aspiran aire sutil y celajes de azul y sol radiante. con generosas caricias de amante y espumas de blancura de marfil. |