llibret 1979
Cincuentenario de la Hoguera.

ESTILISTA FINO Y CUIDADO.
Miguel Martínez Mena.

 
Desde nuestro Distrito Fo-gueril “Calderón de la Barca Plaza de España”, avanza-dilla abierta hacia San Vicente, abierta hacia Villa-franqueza, vamos a detener el tiempo. Vamos a situar-nos de alguna manera en junio de 1929, en aquellas fiestas de San Juan Bautis-ta, cuando por primera vez se enciende la hoguera ante la alegría expectante de nuestros padres y la impaciencia de unos y otros viajeros del tranvía que se detiene hasta bien apagado el fuego, pues no resulta difícil recordar cómo la Plaza de España era punto neurálgico tranviario.
 
Pero al mismo tiempo de traer el ayer de la Plaza de España (nombre que data de 1916) y de la calle de Calderón de la Barca, que así se la denomina desde 1881 en homenaje al sacerdote príncipe de los autores dramáticos españoles. Bien está, decimos, que al conmemorar el centenario del nacimiento de Gabriel Miró (28 de julio de 1879) preguntemos: ¿Cómo era la ciudad en la época que viene al mundo de los vivos Miró?
 
El año 1916 Miró reside en Barcelona y escribe una de sus maravillosas muestras en prosa “Figuras de la Pasión del Señor”, año que la plaza queda ampliada porque  se  derriba el vetusto caserón sito en la Plaza de
Santa Teresa, llamado “La Casa de la Figuera” y hasta se quiso sustituir el rótulo de Santa Teresa por el de Plaza del Pobil. Antes de todo ello queda inaugurada la Plaza de Toros, el 16 de julio de 1849.
 
La avenida de Calderón de la Barca tampoco es tan antigua, pues todavía poco antes del mencionado año 1881 (o sea, después del nacimiento de Miró) era un erial dominado por la finca rústica “Les Olivetes” y las yeserías de San Vicente.
 
En 1929 -precisamente durante los días de hogueras- pasa Miró el último verano de su vida en Alicante, va con su nieta Olympia, pues Miró a los 22 años de edad contrae matrimonio con Clemencia Maignon en la ermita de Benalúa (a los 23 años es abuelo) todavía desconocido en el mundo de las letras. El año 1908, con el premio nacional a “Nómada”, su nombre de arcángel queda inscrito y para siempre en las antologías.
 
Calderón de la Barca es citado en los textos mironia-nos, pues lee a Calderón, a San Juan de la Cruz, a Zorrilla... a quienes menciona en sus narraciones.
 
Hemos de poner punto final. Ello no quita para que subrayemos cómo Miró es reconsiderado como estilista fino, con gran dosis de plástica emocional, religiosidad sencilla que late en sus páginas, sentido de la dignidad. Vicente Ramos añade: Hay en Miró una realidad íntima de bondad generosa, pureza amplia, tal vez el autor contemporáneo que más público ha logrado por sí mismo.